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Pedro R. García: ¿Es Venezuela un Estado alterado? y las escalas de justicia en Nancy Frasser I…

 

“Esa idea asoma de vez en cuando de forma abierta. Así, por ejemplo, cuando Alan Greenspan testificó ante el Congreso en 1997 sobre las maravillas de la economía que estaba dirigiendo, dijo redondamente que una de las bases de su éxito económico era que estaba imponiendo lo que él mismo yamó “una mayor inseguridad en los trabajadores”. Si los trabajadores están más inseguros, eso es muy “sano” para la sociedad, porque si los trabajadores están inseguros, no exigirán aumentos salariales, no irán a la huelga, no reclamarán derechos sociales: servirán a sus amos tan donosa como pasivamente. Y eso es óptimo para la salud económica de las grandes empresas”. En su día, a todo el mundo le pareció muy atinado el comentario de Greenspan, a juzgar por la falta de reacciones y los aplausos registrados. Bueno, pues transfieran eso a las universidades: ¿cómo conseguir una mayor “inseguridad” de los trabajadores? Esencialmente, no garantizándoles el empleo, manteniéndolos pendientes de un hilo que puede partirse en cualquier momento, de manera que mejor que estén con la boca cerrada, acepten salarios bajos y hagan su trabajo; y si por interés se les permite servir bajo tan miserables condiciones durante un año más, que se den con una piedra en los dientes y no exijan más. Esa es la manera como se alcanzan sociedades eficientes y sanas desde el punto de vista de las empresas. Y en la medida en que las universidades avanzan por la vía de un modelo de negocio empresarial, la precariedad es exactamente lo que se impone. Y mucho más que veremos en el próximo.

Ubicando algunas pistas…

Estados Alterados es una buena metáfora del (desconcierto internacional y especialmente el inédito capitulo Venezuela actual), también marcado por “estados alterados”, solo que por conflictos que no tienen nada de ficción, a veces parecen de cierta fábula y son casi siempre de alarma. Fallidos, frágiles, ineficaces, son estados alterados por sus fronteras cambiantes, al parecer a voluntad. Es además un orden bajo una cierta confusión, incapaz de generar reglas de juego aceptables y firmes premios y castigos y en consecuencia en proceso de regresión genética hacia la anarquía completa. Es más que una curiosidad intelectual comprobar que la post Guerra Fría también resultó ser un retorno a la Europa de la entre guerra, de nacionalismos exacerbados y fronteras móviles. En definitiva, en los noventa comenzó a surgir una Europa con estados nuevos, tendencia que continúa. Es también un remedo perverso que esa “post guerra” haya comenzado justamente con una guerra en la ex Yugoslavia la cual resucitó los peores fantasmas de su propia historia: la limpieza étnica por medio del genocidio, de la expulsión y de las violaciones masivas. Los antiguos conflictos del mundo eslavo siguen en juego en la invasión de Ucrania. Obama se lamentó que Rusia y Estados Unidos no habían estado tan distantes desde el fin de la Guerra Fría, precisamente. Alcanzaría con una superficial lectura de la historia rusa para entender que ello no puede ser sorpresa, siendo que bajo los zares, el Partido Comunista o el autocrático Putin el mandato de imperio se mantiene siempre inalterable. El gobierno ruso amenaza en el invierno con el cierre del grifo de los gasoductos. Sus soldados se extravían en territorio ucranio aducen una falla cartográfica y sus oficiales son condecorados por su heroísmo en guerras de las que supuestamente no eran parte. Putin juega al ajedrez, pero cambia las reglas que gobiernan el desplazamiento de las piezas cada vez que le toca mover a él, y le recuerda al mundo que Rusia posee armas nucleares. Eso sin mencionar a Chernobil, precisamente en Ucrania. Las fronteras ya están redefinidas, Donetsk anexada, mientras la OTAN un interminable debate para la incorporación de Ucrania al tratado. Demasiado poco, demasiado tarde para una decisión que, pendiente desde 1991, leída en Moscú como una explícita declaración de guerra. El pretexto perfecto. El Medio Oriente también es una historia parecida. La tan profusamente alardeada por los medios occidentales la primavera árabe no concluyó en democracia. Obliga a reflexionar sobre la desagradable idea que la única forma de mantener un mínimo de orden político es con los déspotas de antes, como Mubarak, Gadafi y Saddam, o con los de ahora, como Al-Sisi. La alternativa es la disolución completa del estado, como en Libia, Irak y Siria. La consecuencia de ese disolvente es inevitablemente el intento de surgimiento de cuasi estados como el Califato Islámico, también una visión regresiva de la historia, hasta la Edad Media y más allá. Sátira de sátiras, Estados Unidos su fáctico jefe de Estado, no entiende que EEUU, terminará teniendo en Irán a su aliado más confiable para apoyar y fortalecer a Al-Assad, sólido cliente de Teherán y a la vez necesario para contrarrestar a ISIS. No sea cosa que le devuelvan las armas químicas en el camino. Es que el más brutal de los gobiernos termina siendo preferible a la ausencia del mismo. Con un gobierno se puede negociar la política exterior, con una horda es mucho más dificultoso. En América Latina no hay disputas por redefinir el mapa, pero sí hay violentos conflictos por el control de ese territorio. La criminalidad de la región es muy sofisticada en términos conceptuales. Entiende perfectamente eso de la globalización y la transnacionalización, por lo cual ignora las restricciones impuestas por categorías arcaicas como la soberanía estatal. Las pasa por alto y eso le otorga enormes ventajas comparativas para entrar en colusión con los gobiernos o bien capturar porciones de los mismos, sobre todo a nivel subnacional. La resultante es una dramática erosión de la legalidad y el orden. Como explicar, sino, que en América Central, México, Colombia y Venezuela haya más víctimas por la violencia de las organizaciones criminales de hoy que durante las guerras civiles de los ochenta, y aquí en  que en la etapa de cruento enfrentamiento de los 60. Acercándonos a la desaceleración del boom de las commodities, queda la pregunta del aterrizaje, es decir, la magnitud del ajuste sobre todo en países que consumieron esos recursos y no los invirtieron en infraestructuras e instituciones para gobernar y administrar la abundancia. Muchos en las nuevas clases medias de esta década son candidatos a volver a la pobreza, los nuestros ya cruzaron la linea. Eso también será secuela del estado alterado, o sea, frágil e incompetente, supuesto como burocracia a pesar de contar con un mapa estable. Las maras esperaban el cambio de ciclo económico con ansiedad: les reducirá el costo salarial, Los Pranes en Venezuela, la crisis les ha proporcionado mayor capacidad de control. Como fue expresado por el propio José Mujica, difícilmente un halcón de las relaciones internacionales, “se criticó mucho la Guerra Fría y, obviamente, no fueron años dulces; pero fueron mucho más ordenados que el desastre que tenemos hoy en día”. Para concluir: “Por lo menos antes había teléfonos y los tipos se hablaban, había reglas del juego. Lo de hoy es una locura”. Es el mundo de los estados alterados, Europa exige desesperadamente que el líder de una economía importante una que no atraviese una situación horrible se levante y diga que la austeridad está acabando con las perspectivas económicas europeas. Angela Merkel podía y debería haber sido el líder, pero no lo es, su liderazgo se agoto, parece que esa necesidad condujera hoy a los europeos a una sociedad de seres ansiosos. Hay un sociólogo, Robert Bellah, que decía: hoy, la división de las clases sociales no es entre clase baja y clase alta; en medio está la clase ansiosa, angustiada; creo que la clase angustiada cada vez crece más. No sólo por cómo yegar a fin de mes, sino por estar instalados en una vida de precariedad total que es algo muy propio de las generaciones más jóvenes, que no saben si el empleo les va a durar y tienen que posponer sus planes de futuro, los hijos, la compra de una casa. Es algo sobre lo que hay que reflexionar. (Volveremos en una segunda entrega).

 

“Huérfanos todos, desconcertados todos frente a la agonía de la República”. 

 

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