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Simon Trujillo: VIII Los récords de Miranda

 

Yo sufro con paciencia esta execrable injusticia porque ella debería revertir en honor y beneficio de mi patria. Francisco de Miranda. La Carraca, 1815.

Es el 14 de julio del año 1816, día en que se conmemoran 27 años de la toma de la Bastilla. Es de madrugada. Miranda yace inerte sobre un sucio colchón de la enfermería del arsenal, astillero y centro militar en la bahía de Cádiz conocido como La Carraca.

Horas antes de fallecer su mente estaba en su querida Venezuela. Lejano quedaba aquel 30 de julio de 1812 en que la amargura y la frustración lo invadieron cuando fue detenido por un grupo de jóvenes oficiales patriotas, liderizados por Bolívar y, en la madrugada del 31, Casas lo entregó a su más acérrimo enemigo: la monarquía española. Mariano Picón Salas bautizó este hecho como “La madrugada triste.”

Su pensamiento recorría caminos del recuerdo de sus hazañas, que ningún americano podría superar. Recordaba su extenso recorrido por Europa, África, Asia menor, y América donde había logrado grados militares tales como: General de los Ejércitos de Francia y Mariscal de Campo de esa nación. Teniente Coronel del Ejército Español, ascenso que alcanzó por sus habilidades militares y diplomáticas al lograr la capitulación de la ciudadela de Pensacola en Florida.

Coronel de Rusia, grado que le otorgó Catalina II para protegerlo de la amenaza española. Generalísimo, grado alcanzado en Venezuela por nombramiento del Congreso de la República, que también le otorgó poderes de jefe militar y civil, constituyéndose así por las circunstancias de la guerra en el primer gobernante unipersonal de Venezuela. También recordó de su apresamiento y entrega a los hispanos, convirtiéndose así en el primero de nuestros mandatarios víctima de un golpe de Estado.

Recordaba su biblioteca, la más grande del mundo a comienzos del siglo XIX, hecho comprobable al comparase, entre 1801 y 1804, los catálogos de su biblioteca con los de la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América, la biblioteca pública más completa de entonces y de todos los tiempos. Recordó su archivo personal, salvado por su fiel edecán general Carlos Soublette, quien cumpliendo órdenes suyas lo envió a La Guaira para ser embarcado en el bergantín Watson, rumbo a Inglaterra. Este archivo fue descubierto más de cien años después y trasladado de Londres a Caracas. Luego fueron llevados a la Academia de la Historia los 63 tomos que contienen documentos históricos fundamentales para las naciones del continente americano.

Recuerda su participación en la independencia de la más joven de las naciones americanas: Miranda utilizó su influencia en Cuba y consiguió fondos para lograr la independencia de los Estados Unidos y su asistencia militar fue decisiva en el sitio de Pensacola.

Recuerda su presencia en el desarrollo de la Revolución Francesa, como testimonio de este acto su nombre quedó grabado en el Arco del Triunfo, monumento que ordenó construir Napoleón en la plaza de L‘Étoile de París para conmemorar la gloria de sus ejércitos.

Rememoraba su gesta libertadora del yugo español de la América, y haber sido el primer latinoamericano que abrió fuego contra la

armada española que, además, tuvo el orgullo de izar su primer pabellón tricolor en aguas del Mar Caribe.

Llegó a su memoria aquel 3 de agosto de 1806, cuando a la cabeza de sus tropas tomó La Vela de Coro, luego de escenificarse la primera batalla terrestre de Venezuela contra España en territorio

americano que produjo solo tres heridos entre los invasores. De inmediato se arreó la bandera española y se izó por primera vez en territorio venezolano el pabellón tricolor.

Recordó que aquellos acontecimientos le permitieron conocer e interactuar con personalidades como George Washington, Napoleón Bonaparte, Catalina II, Federico de Prusia, Wellington, O’Higgins, Peel, La Fayette, Stanislao, Cochane, Adams, Lavater y sus coterráneos Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, entre muchos otros más.

Francisco de Miranda, el precursor, el sembrador de naciones, el idealizador de Colombia como la Gran República del Mississippi a la Tierra del Fuego; solo él pudo estar dotado en su época de su formación intelectual, su talento musical y el dominio de variados idiomas. Sus ideas de avanzada le llevaron a plantar, aún en la conciencia de monarcas, la justicia social para el pueblo, la humanización del derecho y del régimen carcelario y la promoción y defensa de los derechos de la mujer.

Bolívar calificó a Miranda como “El más ilustre colombiano.” La palabra Colombia la empleó Miranda cuando bautizó sus proyectos constitucionales para la América unida que soñó. Le puso ese nombre, el mismo dado por Bolívar a la extensa república creada frente al Orinoco, porque siempre consideró a Cristóbal Colón el hombre más prominente de la historia, el descubridor del Nuevo Mundo; consideró a Cristo y a Colón como las dos figuras más grandes de la humanidad.

Por su parte, Napoleón se refirió a él como “ese hombre (que) le arde en el pecho el fuego sagrado del amor a la libertad.”

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