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Pedro R. García: Es posible el resurgir de los partidos II

 

“Con propuestas que pongan de nuevo en el tablero temas como el de la igualdad y la justicia social para desafiar este crucial tiempo histórico”.

Ubicando algunas pistas…

“Demolido políticamente en el ámbito internacional el yamado campo socialista y clausurada la política de bloques, el asco liberal al Estado y a la función pública adquirió en su engañosa retórica yamativo volumen. Incluso en el mundo de los eternos olvidados, en el citado despectivamente Tercer Mundo, muchas de aquellas que el culto lenguaje de Arnold Toynbee yamaba elites herodianas, demandaron con más obstinación que sensatez, con más desparpajo que ideas, con más codicia de poder que vocación de servicio, la sustitución de la sociedad política por la sociedad civil. Semejante despropósito nunca se ha formulado ni en el mundo industrializado, ni en el campo de la elaboración teórica anglosajona. Su sustitución era su liquidación. Las funciones de la sociedad política, debían ser asumidas por esa vanguardia iluminada, que ya no era el partido comunista como hipóstasis de la clase obrera, sino una tecnocracia sin sentido histórico, sin genuina vocación política, y con una auto-evaluación de sus capacidades exageradamente abultada”

¿Tenia asidero la premisa de innovar el invocado socialismo del siglo XXI?: no despertamos en nuestro proceso de conquista de la libertad con rostros originales y seguramente como puede explicarse a través del devenir histórico, quizá tampoco tuvimos control de nuestras pasiones. Ergo en consecuencia ambicionamos nuestros primeros pasos antecedidos por el pecado de la servidumbre intelectual, no hemos tenido un Cicerón que mediara entre los tiempos, las “elites intelectuales”, el pueblo y las influencias exógenas. Por lo que ha sido imposible degustar toda la riqueza que hubiera supuesto tener conciencia de los nuestro, con el aderezo foráneo. No será posible, sin embargo, confrontarse con lo real si no se entiende que la teoría está obligada a registrar los cambios que en el seno de lo concreto ocurre. Si asumimos el dato empírico de que la sociedad humana cambió notablemente en sus modos de producir, vivir y relacionarse desde que Marx lo planteara, de algún modo ello nos indica el único camino viable para seguir siendo marxistas es: registrar en la teoría dichos cambios y, por ende, replantear la teoría misma. Los reacomodos sucesivos del marxismo darán cuenta y razón de lo que en la realidad sucede así como del sentido de tal acontecer. Todo ello obliga a constantes señalamientos respecto a la validez de sus partes integrantes, en relación a los modos y maneras como se transforma y replantea como un todo, en torno a su necesario carácter “Abierto” y ajeno, por esencia, a toda codificación dogmática. De allí la inanidad de hablar de “Ortodoxia” y “Heterodoxia” dentro del pensamiento marxista. Tales términos como suele suceder comenzaron a ser aplicados en sentido simbólico. Y por una especie de retroceso hacia uno de los polos de la metáfora, su significación se amplía hasta yegar a la más crasa inexactitud. De pureza y herejía puede hablarse en función de un pensamiento de tipo religioso, empeñado y sostenido desde la revelación sobrehumana o por otra vía carácter incontrastable, basado en verdades eternas. No cabe imaginar tal cosa en función de una teoría que en su renovación y cambio incesante tiene su razón de ser y encuentra su solvencia al confrontarse en una realidad por definición disímil y difícil, que sobrepasa al hombre y lo envuelve. En efecto: ¿Que entendemos por ortodoxia marxista? ¿Lo es la falsificación estaliniana del mismo? ¿Lo es la respuesta muchas veces ineficaz de Trotsky a esa falsificación? Lenin por ejemplo ¿Fue ortodoxo o heterodoxo? Vinculó el marxismo al principio de autodeterminación de los pueblos con el consiguiente escándalo de Rosa Luxemburgo y emprendió La Revolución en un país atrasado, contrariando todos los pronósticos de su maestro. ¿Lo hizo por seguir escrupulosamente sus enseñanzas o porque la realidad lo obligó a ello como única vía para originar eficacia en la acción y validez en la conducta política? Todo marxista verdadero ha de ser ortodoxo y heterodoxo al mismo tiempo, procurando tanto mantener el ímpetu revolucionario de la teoría y vincularla al permanente cambio y innovación de los usos, fuerzas y tendencias del mundo real. Ha sido una constante histórica, la incapacidad de nuestra izquierda para yegar a una elaboración teórica propia que le permitiera construir un “Camino venezolano” hacia el socialismo no creemos que sea particularmente inútil o pobre, pero intenta “repetir” la vía que la condujo anteriormente, a las derrotas y tropiezos consiguientes. Ello remite al problema de lo difícil de las relaciones del hombre con lo real, a las insuficiencias de la especie, a su necesidad permanente de reasumir el mundo y obligarlo a obedecer formulaciones racionales que él no encierra en sí mismo. Así ocurrió en toda Europa a raíz de La Revolución Bolchevique, con el empeño de hacer Soviets y “Volver a fabricar” el asalto de Trotsky al poder. Se repitió en muchos países asiáticos a raíz del triunfo (demorado y costoso como el que más) de La Revolución China. Así pasó entre nosotros a raíz del triunfo cubano. Quizás el caso más ejemplarizante a este respecto sea el chino: si los consejos de Stalin condujeron a una derrota de proporciones espantosas el año 27, el lector acucioso podrá constatar documentalmente que los consejos alternos de Trotsky tampoco constituían el camino hacia el triunfo. Ambos uno de un modo conservador y el otro con más audacia intentaban reducir el hecho nuevo al molde por ellos conocido y se empeñaban en que el proceso se pareciese lo más posible al que ellos vivieron. Ninguno de los dos pudo atrapar la especificidad del caso que tenían por delante, convirtiéndola en una línea política y traduciéndola en una perspectiva de victoria. No la habrá en China hasta que la dirigencia empujada por las derrotas y haciendo algo sin precedentes en el marxismo genere una guerra campesina que cerca a las ciudades y disuelve en el tiempo lo que hasta ese entonces era un sólo y mismo acto, desdoblándolo: la toma de las armas y el asalto al poder. En el curso de La Revolución China, la “Acumulación” se hace al margen de los conflictos urbanos, al menos en lo esencial. Tal camino tenía profundas raíces culturales e históricas en la sociedad que se pretendía transformar y se adaptaba a un sinfín de peculiaridades inscritas en la vida del pueblo chino; pero para yegar a lo que todavía es un transito hubo necesidad de muchos tropiezos y derrotas. “Es una verdad incontrastable que, ni los países en los que ha gobernado la socialdemocracia han construido una sociedad socialista, ni los países gobernados por los comunistas, han construido un sistema socialista basado en la libertad”. Así que nos inquirimos: ¿Es posible una America socialista?: creemos que América Latina debe propender a forjar una sociedad democrática o deberá resignarse a su rol de colonia con una pátina de subdesarrollo mental. En todo caso, un cambio revolucionario según el modelo cubano es radicalmente absurdo en Latinoamérica, tanto por razones universales como internas. Para construir un socialismo democrático en el subcontinente que yamamos América Latina. Pero insistiendo más en los remordimientos que en las glorias del pasado, no se resuelven las dos cuestiones que nos parecen pertinentes para hacer previsiones realistas: ¿por qué fue posible la división y la impotencia del socialismo en América Latina?, ¿por qué hoy se insiste en plantearse la marcha hacia el socialismo democrático?: la primera cuestión ha sido objeto de múltiples análisis. Solamente queremos recordar dos tipos de argumentos básicos. En primer lugar la ambivalencia, el carácter contradictorio, de las clases oprimidas en la sociedad capitalista. Por una parte la rebelión revolucionaria, aspira a una sociedad igualitaria sobre la base de la expropiación de los medios de producción. Por otra parte busca mejorar su situación en el marco de la sociedad existente, a través de las presiones y de la negociación. El movimiento de los trabajadores tiende a la vez al reformismo. Este carácter paradójico se encuentra también en el movimiento socialista que intenta un encuadramiento en el Estado liberal burgués: quiere, participar en él, aceptando sus leyes e instituciones, y su vez  transformarlo radicalmente, para ponerlo al servicio de la revolución social. La división entre “socialdemocracia reformista” y “comunismo revolucionario” tiene pues elementos objetivos. Pero esta división no se hubiera dado con el antagonismo que ha tenido, si no se hubiese acontecido el fracaso y derrumbe de La Internacional Socialista en 1914 (arrastrada por la vorágine belicista y nacionalista); la revolución rusa de 1917 y el éxito rápido de la insurrección revolucionaria primero y de la colectivización económica luego; la crisis capitalista y el fenómeno fascista en el período de entreguerras, con la consiguiente radicalización de una parte importante de la clase obrera y también de la intelectualidad; y la guerra fría y la división del mundo en dos bloques opuestos, que cristalizó la división entre el socialismo liberal, defensor del sistema capitalista, y el comunismo que aceptaba como modelo de socialismo el sistema autoritario soviético. Ambas opciones significaban una ruptura con la tradición del socialismo democrático anterior a 1914 y expresaban, ambos, la debilidad relativa del movimiento obrero, dividido políticamente, pero también sociológicamente, entre sectores importantes de la aristocracia obrera y una gran masa de trabajadores marginados del consumo, la cultura y la participación política. ¿Por qué volvió a intentar un nuevo recorrido el Socialismo Democrático?: en primer lugar, porque la política de dos bloques rígidos a nivel internacional fue entrando en crisis, porque la coexistencia pacífica fue sustituyendo a la guerra fría, y porque la crisis del socialismo del Este (XX Congreso, Hungría, Checoslovaquia, ruptura chino soviética) y de la sociedad americana luego (guerra del Vietnam, crisis económica, Cuba, Nixon), fue dejando a la izquierda mundial y latinoamericana sin guías ni modelos, sin padres ni protectores, con sus propios recursos nacionales. En segundo lugar porque el desarrollo neocapitalista, las transformaciones sociales conseguidas después de 1945, la sociedad de consumo posterior, han integrado desde un punto de vista socioeconómico a los trabajadores en el marco de un Estado representativo y a través de un complejo sistema de partidos y organizaciones sociales. Pero las crecientes demandas sociales no han encontrado una respuesta satisfactoria de parte del neocapitalismo latinoamericano, cada vez más dependiente y más vulnerable (como la crisis reciente ha demostrado), y en el que los intereses del capitalismo privado y del Estado se enfrentan cada vez más con el interés colectivo. La combinación de graves tensiones sociales, entre las demandas mayoritarias y los agentes dominantes privados, con un sistema político democrático, en el que jueguen un rol esencial, los partidos políticos, planteando la necesidad histórica de la alternativa de un modelo democrático plural. En tal sentido, manejar esta realidad requiere de  sociedades y especialmente de partidos que superen  el síndrome del tortícolis histórica, que padecen. Que instalen el foco de la discusión, en lo programático, en lo epistemológico, lo humano, lo ético, en un modelo educativo casado con el influjo de las tecnologías, que les permita afirmarse con fuerza entre el pueblo que sigue teniendo preterida su esperanza de redención social. El sentido y naturaleza de nuestra adscripción definitiva a conquistas del ser humano, justicia, igualdad, libertad, como lo recoge Tucídides del discurso de Pericles, en una de las descripciones más vivas y emocionantes de la democracia, pero sobre todo resaltando que en esta lucha tiene que participar todo el pueblo que es el verdadero demóscrato (gobierno del pueblo). En esta etapa se hace necesario discutir sobre las condiciones democráticas del ejercicio del liderazgo, no es el líder, sino su ejercicio. En un momento de transición, cuando un pueblo no tiene cultura democrática, está obligado a adquirirla, y no lo hará en un año, ni en cinco ni en diez. Hay que recordar que ningún sistema procedimental es ejemplar, ya que cada uno responde a situaciones únicas. Por lo cual la democracia no es aplicable por experiencias, es un principio universal que se cumple de manera distinta en cada lugar. No hay países modelos en cuestiones de democracia. Y quienes detentan precariamente y obstinadamente el poder en el país, deben que repasar la historia antigua y reciente; volvamos y denle una hojeada a la experiencia peruana, acaecida con el general Velazco Alvarado, hay que sospechar de esas falsas firmezas, mientras atesoran riquezas como pretendiendo revivir a los viejos faraones egipcios, y todo sin que hayan construido por lo menos un monumento que los inmortalice en los siglos por venir. Un movimiento político, social, serio, debe diseccionar estas realidades. O ganamos el futuro o medraremos por siempre en una suerte de subsumisión, he allí el dilema…

 “Pasa el tiempo y el segundero avanza decapitando esperanzas”.

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