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Román Ibarra: Daniel Ortega asesino

 

La tierra hermana de Nicaragua, la misma que vio nacer al excelso poeta universal Rubén Darío,
hoy sigue siendo presa de los desvaríos totalitarios y comunistas de un delincuente asesino, y
borracho, como Daniel Ortega.

Este sujeto que encabeza el gobierno, es el mismo que en la década de los años 70, y 80 del
siglo pasado formó parte de las guerrillas sandinistas para derrocar a otro dictador sanguinario
y cruel como Anastasio Somoza, los cuales, recibieron ayuda solidaria de distintos países para
colaborar contra la dictadura de entonces.

Hay que ver las vueltas que da la vida, y así el otrora ¨revolucionario, e idealista¨, se convirtió en
el enfermo tirano autocrático de hoy. Cuántos sueños despertó entonces la lucha del
movimiento Sandinista, y cuán alta es la traición de estos perros que hoy destruyen a Nicaragua
contra el pensamiento libertario de Augusto César Sandino.

A diario se suceden los hechos luctuosos en el seno de la sociedad democrática nicaragüense
que reclama libertad; ya son más de 300 los fallecidos, y más de 1.200 los heridos, producto de
la utilización de cuerpos paramilitares al servicio de la tiranía de los Ortega-Murillo, la dupla
conyugal corrompida a manos llenas, y además con vocación de perpetuarse en el poder a
cualquier precio, incluso, al precio de la muerte del pueblo.

Ya son más de tres meses de protestas de los nicaragüenses en diferentes ciudades del país, sin
que hasta el presente haya habido rectificación del gobierno asesino de los Ortega-Murillo, y
por el contrario, solo se respira violencia y muerte a cargo de los paramilitares que entrena y
alimenta el régimen.

¿Hasta cuándo los pueblos de Latinoamérica tendrán que sufrir la persecución y el odio de
quienes, tras el ropaje de un discurso presuntamente redentor, terminan por humillar, y matar
de mengua a los pueblos a quienes juran ¨amar¨?

¿Es que acaso no es tiempo suficiente para que todos los países del hemisferio y del mundo
tomen cartas en este enojoso asunto de la violación sistemática de los derechos humanos del
pueblo de Nicaragua?

¿No son suficientes las imágenes que dan cuenta de la persecución, humillación, sometimiento y
muerte de la ciudadanía indefensa en esa tierra hermana de Nicaragua?

¿Cuándo llegará el día en que las instituciones democráticas de nuestros sistemas políticos
hemisféricos tengan la fortaleza suficiente para frenar sin cortapisas a estos lobos disfrazados de
ovejas, como es el caso de Ortega en Nicaragua; Los Castro en Cuba, Chávez y Maduro en
Venezuela; Correa en Ecuador; los Kirchner en Argentina; Morales en Bolivia; Lula Da Silva y
Dilma Roussef en Brasil?

Hay que darle más fuerza y legitimidad a organismos como la OEA, y la ONU, para poder
enfrentar sin ambigüedad a las dictaduras corrompidas que acaban con las potencialidades de
desarrollo de nuestros pueblos; dotarlos no sólo de fuerza moral, e institucional, sino que hay
que abrirles paso para la coacción efectiva, y el uso –inclusive- de fuerzas militares
multinacionales para frenar y extirpar de raíz a las tiranías que violan sistemáticamente los
derechos humanos; que se corrompen y destruyen las instituciones para perpetuarse en el
poder.

El hemisferio debe erradicar de una vez por todas vicios tales como, la reelección, el
personalismo político, garantizar la doble vuelta en los procesos electorales para potenciar la
gobernabilidad, los pactos y acuerdos de gobierno.

Se trata de preservar los espacios de libertad para el ejercicio de la pluralidad en ámbitos
democráticos, sin miedo a la coacción indebida. La tarea es ganar la democracia con poderosas
instituciones republicanas.

¡Libertad para Nicaragua!

 

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