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Daniel Ortega se burla de los obispos y le pide a los manifestantes opositores que rectifiquen

 

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, pidió el jueves a los manifestantes que “rectifiquen” y cesen en su intento de desestabilizar el país, en medio de una ola de protestas antigubernamentales que acumula tres meses y ha dejado casi 300 muertos.

El mandatario izquierdista mostró su músculo político durante el 39 aniversario de la victoria de la Revolución sandinista a donde acudieron decenas de miles de simpatizantes que, fervorosos, corearon: “se queda, mi comandante se queda”.

“Llegaron a decir que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) estaba acabado, que no tenía gente”, dijo Ortega, quien al mando del FSLN derrocó a la brutal dictadura de Anastasio Somoza en 1979.

“(A los manifestantes) les decimos: rectifiquen, cambien para que puedan ser parte propositiva en la construcción de nuestro país”, agregó en un enorme estrado antes de cumplir un minuto de silencio por los nicaragüenses “cuyas vidas han sido arrebatadas por el terrorismo infame”.

Desde el fin de semana y hasta el martes, fuerzas especiales de la policía apoyadas por paramilitares simpatizantes de Ortega retomaron el control de los últimos bastiones opositores en Managua y Masaya, dejando más de una decena de muertos en fuertes enfrentamientos.

A pesar del golpe, los manifestantes sostienen que seguirán protestando hasta que Ortega dimita.

Las protestas contra el Gobierno comenzaron a mediados de abril como reacción a una reforma al sistema de seguridad social, pero se ampliaron tras la violenta represión.

Entre las demandas, los opositores reclaman por el control estatal de los medios de comunicación, las sospechas de fraude electoral, la manipulación de la justicia, la corrupción y la intención de Ortega de querer instaurar una “dictadura familiar” de la mano de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

Durante la celebración, Ortega, un exguerrillero de 72 años que enfrenta su peor crisis política desde que retomó el poder en 2007, recibió el respaldo de aliados como Bolivia, Cuba y Venezuela, quienes rechazaron la injerencia externa en el país y calificaron las protestas como un intento de “golpe de Estado”.

“Queremos restaurar la tranquilidad y las condiciones óptimas para la vida en Nicaragua. Queremos paz, seguridad y vida”, dijo Murillo durante un encendido discurso.

Pueblo sin Ortega

Desde temprano, decenas de miles se agolparon a lo largo de Managua para oír el discurso de Ortega desde un estrado ubicado entre el lago Xolotlán y una enorme silueta del revolucionario nicaragüense Augusto Sandino, el líder de la resistencia contra la invasión estadounidense en la primera mitad del siglo XX.

Flameando el pendón blanquiazul y banderas rojas y negras del FSLN -el partido de gobierno- los aliados de Ortega llegaron desde todas partes del pequeño país de 6,2 millones de habitantes.

Vestidos con camisas blancas y pañuelos del FSLN al cuello, los asistentes, entre los que había trabajadores públicos, coparon más de cinco cuadras de la vía adornada por los “árboles de la vida”, unas enormes construcciones ideadas por Murillo.

“Como nicaragüenses, no podemos seguir viviendo en guerra”, dijo Norman Ortiz, un simpatizante de Ortega, en referencia a los conflictos que libró el país en el siglo XX como la ocupación estadounidense entre 1927 y 1933, el derrocamiento de Somoza en 1979 y la guerra de los Contras, financiada por Estados Unidos entre 1981 y 1989.

Pero un sondeo de la firma CID Gallup cifró la desaprobación del mandatario en 63 por ciento en mayo luego de haber obtenido la reelección a fines de 2016 con el 72 por ciento de apoyo.

“El pueblo ya no está con Ortega”, dijo Arlene Corea, una de las cinco hijas de Francisco Corea, quien fue apresado en la semana acusado de apoyar las protestas contra el mandatario.

“Con las violaciones a los derechos humanos, los asesinatos, (Ortega) se parece cada vez más a Somoza. La gente está abriendo los ojos”, agregó en la entrada de la cárcel de El Chipote, uno de los principales centros de tortura de la dictadura de Somoza

Reuters

Daniel Ortega acusa de golpistas a los obispos nicaragüenses en su discurso del 19 de julio

El discurso de Ortega se centró en atacar a los obispos de la Conferencia Episcopal. Dijo que las iglesias han sido utilizadas como cuarteles para almacenar armas y refugiar torturadores

El presidente designado por el poder electoral, Daniel Ortega, centró este jueves su discurso del acto del 19 de julio en atacar a los obispos nicaragüenses. Los acusó de golpistas, los descalificó como mediadores en el Diálogo Nacional e incluso se burló de la jornada de ayuno, oración de exorcismo que han convocado para este 20 de julio.

“Fueron sacando las uñas… se fueron quitando las máscaras y terminaron diciendo tiene que irse ya, tiene que irse ya. Y lo dijeron, lógicamente nuestros adversarios”, dijo Ortega, en una furibunda reacción contra los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua y los miembros de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia que participan en la Mesa del Diálogo Nacional.

El mandatario, quien lució solo, solamente acompañado por los cancilleres de Cuba y Venezuela, responsabilizó a los jerarcas católicos de ser cómplices de intentar derrocarlo del poder.

La Conferencia Episcopal, mediadora y testigo del Diálogo Nacional, propuso el pasado 7 de junio al presidente Ortega adelantar las elecciones generales para el 31 de marzo de 2019 sin posibilidad de reelección para superar la crisis. Ortega dijo en su discurso que la propuesta le había “sorprendido”. “Cuando los mediadores reunidos allí en la Casa de los Pueblos con todos los señores obispos, encabezados por el cardenal (Leopoldo Brenes), me leyeron la cartilla, sacaron la estrategia y allí decían: hay que cambiar ya, a partir del día 11, nos daban un plazo de dos días, hay que cambiar ya al poder judicial, al poder electoral, a la Contraloría, a todos los poderes del Estado, a la Asamblea Nacional y hay que quitar al presidente y adelantar las elecciones. Yo cuando recibí el documento dije: bueno, esto es lo que quieren realmente. Yo pensaba que eran mediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas. Eran parte del plan con los golpistas”, afirmó.

“Me duele mucho decir esto porque le tengo aprecio a los obispos, les respeto, soy católico. Pero ellos tienen posiciones desgraciadamente, siempre se impone la línea de confrontación, no de mediación”, aseguró.

Mientras Ortega acusaba a los obispos de ser parte del “plan de los golpistas”, sus miles de simpatizantes gritaban en coro: “Golpistas, golpistas, golpistas”, mientras el caudillo, quien gobierna Nicaragua desde el 2007, continuó arremetiendo contra la jerarquía católica y en presencia del representante del papa Francisco, el nuncio Waldemar Sommertag. quien sorprendió al aparecer en la tarima pese a la agresión de la que fue víctima en Diriamba el pasado 9 de julio.

“No acaban de entender que una mediación es para sentar a las dos partes y escucharlas y no tomar partido el mediador y decir: se tiene que hacer esto, en tantos días, en una semana: un golpe de Estado querían provocar en Nicaragua”, dijo Ortega, quien descalificó las protestas sociales en su contra como acciones terroristas, y llamó a los estudiantes y manifestantes como “sectas satánicas”.

Nicaragua cumplió este 18 de julio tres meses de crisis sociopolítica. La represión gubernamental ha dejado más de 350 muertos en el país, más de 2,100 detenidos y desparecidos.

Acusa a la Iglesia de almacenar armas

Ortega no dijo ni una palabra sobre la condena que este miércoles le aplicó el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), por graves abusos contra los derechos humanos y la utilización de grupos paramilitares en contra de la población civil desarmada.

Al contrario, anunció “nuevas medidas de autodefensa” para defender a las familias sandinistas. Ortega fue más allá de los señalamientos graves contra la jerarquía católica, asegurando que los templos fueron utilizados como cuarteles para almacenar armas y refugiar a torturadores.

“Quiero creer que el cardenal no sabía nada de esto, pero muchos templos fueron ocupados como cuarteles para guardar armamento, para guardar bombas y para salir atacar y asesinar”, arengó Ortega.

En el discurso el caudillo también dio a entender que los ciudadanos que protestan pacíficamente están detrás de los crímenes de policías y ciudadanos de su partido, con quienes “han cometido ritos satánicos”.

Lamentó las muertes de una veintena de policías y paramilitares, pero calló sobre la masacre a más de trescientos civiles.

Se burla de los obispos

Ortega se burló, además, de la jornada de ayuno y oración de exorcismo convocada por la Conferencia Episcopal. “Han mandado a decir que a partir de mañana (hoy) que hay que exorcizarnos, que exorcicen a los demonios que tienen allí… que les digan que tenemos que restablecer la paz y estabilidad para que el país siga creciendo”, manifestó Ortega.

Luego refirió que esperaba que los obispos, “por el amor de Dios”, rectifiquen a favor de su gobierno. Tras el ataque de Ortega, monseñor Silvio Báez escribió en su cuenta de Twitter: “La Iglesia no sufre por ser calumniada, agredida y perseguida. Sufre por quienes han sido asesinados, por las familias que lloran, por los detenidos injustamente y por quienes huyen de la represión. Rezamos y estaremos a su lado siempre en nombre de Jesús”.

Agradece injerencia

Daniel Ortega no pasó por desapercibida la propuesta de injerencia del canciller venezolano, Jorge Arriaza, quien puso a disposición del caudillo sandinista las tropas de su país, para defender “al pueblo sandinista”.

“Quiero agradecer el mensaje que nos ha traído el canciller Jorge (Arreaza), quien nos ha hablado con el corazón cuando habla de la disposición de los venezolanos de acompañar nuestras batallas. Nos recuerda la época de Sandino, cuando hermanos venezolanos estuvieron en el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional”, confió Ortega.

La Prensa de Nicaragua

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