Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > Paulina Gamus: Palabras en la presentación de su libro “Se agradece la risa”

Paulina Gamus: Palabras en la presentación de su libro “Se agradece la risa”

 

Buenos días a todos, debo comenzar por agradecer la presencia de tantos amigos todos muy estimados, de mi querida familia y, de manera especialísima, la de mis nietas Victoria y Nicole y de mis bisnietos Liam, Raquel y Paulina, quienes vinieron desde Bogotá para acompañarme en este día.  Y la de mi sobrina Elisa quien llegó ayer de sorpresa, desde Buenos Aires.

Este libro ha sido dedicado a mis hijos Raquel y Ram, mi amor, fortaleza y apoyo.

A mi familia, siempre unida y reunida  para reír.

A la memoria de mi querida amiga Marianne Kohn Beker. Juntas reímos mucho y sé bien que habría disfrutado este libro.

Agradezco a Kalathos y a su siempre gentil administración y personal, por ser de nuevo anfitriones de la presentación de mis libros. Hace cinco años este estupendo oasis dentro de la turbulencia caraqueña, fue la sede para presentar mi primera incursión literaria: mis memorias políticas “Permítanme  Contarles” que algo habrán tenido de interesantes porque se agotaron hace dos años. Sergio Dahbar me convenció de la importancia de reeditarlas y aquí están hoy de nuevo.

Gratitud inmensa para mi querido y laureado Vasco Szinetar por  esa fotografía en los libros, en la que su lente mágico me trata con gran benevolencia.

Digo gracias a una talentosa joven venezolana, Ambar Contreras, quien dio los primeros pasos tecnológicos para armar y digitalizar mi colección de recortes y cartas insólitos. Ambar es una de las decenas de miles de brillantes jóvenes venezolanos que han emigrado empujados por el desastre nacional. Hasta su residencia en Buenos Aires, un gran abrazo.

Capítulo aparte merece mi querido y admirado Sergio Dahbar quien creyó que la manía de una coleccionista de textos aparentemente inútiles y además absurdos, podía ser transformada en un libro. No solo eso, escribió además un prólogo lleno de generosidad hacia mis modestas pretensiones de escritora.

Recuerdo el día del año pasado en que le pedí a Sergio que viniera a mi casa. Le hablé de mi aspiración de publicar esa acumulación de exabruptos que ya Ambar Contreras había digitalizado.  Mi primera preocupación – le dije- era si un libro de humor sería apropiado en un momento tan doloroso de nuestra  vida venezolana, quizá la peor tragedia colectiva desde la Guerra Civil y las asonadas militares del siglo XIX.  Sergio respondió afirmativamente, estaba convencido de que el humor es necesario aun en las peores circunstancias.

Luego leí en un artículo de El País, de Madrid, una frase que me aportó algo más de seguridad en el paso que estaba a punto de dar: “En los malos tiempos hay que celebrar las buenas historias”.

Pero quien me terminó de convencer fue mi querido amigo psicoanalista Johnny Gavlosky, quien me habló de la importancia que Freud le daba a la risa. Freud escribió un libro llamado “El chiste y su relación con el inconsciente” y otro titulado simplemente “El humor”. Freud decía que “el witz (broma o gracejo, en alemán) es esa chispa del humor que hace más llevadero vivir lo insoportable de la existencia”.

Una vez que supe que tenía el apoyo incondicional nada menos que del gran Sigmund Freud, desaparecieron mis miedos sobre la conveniencia y oportunidad para presentar este libro.

“Se agradece la Risa”, no pretende ser una obra para eso que llaman “autoayuda”; es algo que detesto tanto como la autocompasión. Es apenas un modesto aporte para hacer la vida más amable, aunque sea por momentos, a quienes tengan la paciencia de leerlo. No sé si mi sentido del humor será compartido por muchos, lo que sí puedo confesarles es que mientras organizaba los recortes y otros papeles recopilados desordenadamente en mi carpeta de cosas insólitas, y los iba clasificando y comentando, me reí mucho y reír es sin duda una gran terapia.

Me habría gustado tener el talento poético de Violeta Parra para agregarle un párrafo muy personal a su GRACIAS A LA VIDA. Agradecería a la vida por haberme permitido llegar a los 81 años de edad con deseos y capacidad para reír a diario. Amanecer cada día en esta Venezuela destruida y torturada por la maldad desde el poder, y hacerlo con una sonrisa en los labios, quizá sea una señal de demencia senil, pero es también un don divino.

Gracias no solo a la vida, sino a todos ustedes por ser solidarios conmigo en esta aventura que se hace pública y notoria en el día de hoy.

21 de julio 2018

Te puede interesar

Cargando...
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »