Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > Rafael A. García: A propósito de los 451 de Caracas el Guaraina Repano y los Caribes…

Rafael A. García: A propósito de los 451 de Caracas el Guaraina Repano y los Caribes…

 

“Como dijo el poeta, Stephane Mallarme, habitamos en fôrest de symboles: las selvas humanas por las que vagamos están hechas de símbolos”.

La ciudad de Caracas cuenta con uno de los reservorios naturales más importantes del país como es el parque nacional el Ávila o Guaraira Repano como lo denominaban los indígenas Venezolanos y este nombre significa “La ola que vino de lejos” o “La mar hecha tierra”, según mitos precolombinos en tiempos antiguos la montaña no existía. Todo era plano y se podía ver hasta el piélago, pero un día las tribus ofendieron a la gran Diosa del mar y esta pretendió acabar con todo el lugar. Entonces se levantó una gran ola, la más alta que se había visto y toda la tribu se arrodillo e suplicó perdón de todo corazón a la Diosa y justo cuando iba a descender el rompiente sobre ellos, se emergió  la gran montaña que hoy existe. Caracas, Reina del Guaraira Repano, está enclavada en el piedemonte de esa Gran Montaña, de ese Gran Muro de Contención que protege al valle de las inclemencias provenientes del mar de los caribes, no mar caribe porque así se les llamaba en virtud de que eran grandes navegantes. No sólo se trasladaban a través de las corrientes del majestuoso río de las Amazonas, y lograban con destreza sortear las corrientes que conducían las portentosas aguas hacia una desembocadura o choque de aguas, lo que Colón llamó Boca del Diablo, sino que, además esos señores guerreros tenían tatuadas permanentemente la cara de negro (marcas con cenizas), medían casi dos metros, eran de tez blanca, más nívea que la de los exploradores y colonizadores, de rojo cabello, que consultaban sus actividades a través del lenguaje del tabaco (caso casi impar en la América Aborigen Precolombina) y luego de contar con el visto bueno de los emanaciones del humo, cenizas y trazas del quemado de la hierba, tomaban sus canoas (piraguas) y se lanzaban a la mar bravía desde estas costas con destino a las de la actual Florida, llegaban y combatían con sus habitantes arawacs, los vencían y les quitaban sus hermosas mujeres e hijos y se los traían para estas tierras, dónde las incorporaban a sus viviendas, las preñaban y las hacían sus mujeres, a los guerreros derrotados los decapitaban para que sus cabezas fueran conservadas como trofeos y sus miembros y corazón fueran comidos en una especie de comunión ritual con el fin de que su valor se acrecentara día a día. A los hijos y mujeres infértiles (incluyendo lesbianas e infructíferas) le cortaban el pelo al rape y los sometían a la más pesada esclavitud e iban a parar como botín de los principales caciques. Los demás pueblos, víctimas de los caribes, desarrollaron un mito, el del espíritu de la venganza, llamado kanaima o Canaima, que era la venganza de los muertos de las tribus vencidas, originado por el remordimiento de los propios caribes, protagonistas de tanta desolación y muerte. Por eso ellos cuando se sentían asolados y perseguidos por Kanaima, con letales enfermedades y epidemias, buscaban a sus brujos, quiénes acudían al lecho del dolor y de la fiebre, se embriagaban con un tabaco verde especial para entrar en trance, bailaban una misteriosa danza junto al enfermo y al ver al propio Kanaima como un respetable juez en el pecho de su víctima, el hechicero, con palabras que forman parte especial de un ritual conminaba a Kanaima para que se fuera. Si le hacía caso se iba y el enfermo se recuperaba; en caso contrario no se iba hasta que éste muriera. Para que el ritual tuviese más fuerza, se trasladaba al enfermo a la montaña llamada Guaraira Repano, dónde las energías de Kanaima de desvanecían al paso del baile que los hechiceros caribes habían aprendido de sus congéneres de la meseta llamada Veneciuela en el hoy estado Falcón. Y así como se comenta actualmente en Guayana que no comas la sapoara que te sirva una guayanesa (que la utilizaban los caribes para amansar a las mujeres de las tribus vencidas capturadas por ellos), también se dice que el baile de los habitantes de Veneçiuela desarmaba a los espíritus más temibles, sean éstos infernales o sean éstos de las rebeldes mujeres capturadas y conquistadas. Cuando estaban en la montaña sagrada, la Guaraira Repano, con tabaco, baile veneciuelano y caraca como única comida (era lo que los españoles denominaron pira), se zafaban del espíritu de venganza llamado Kanaima y se ponían en pié de guerra enarbolando su grito que los identificaba: Ana Karina Rotë (sólo nosotros somos hombres). Cuando los caribes hacían esto, los otros pueblos contrataban a sus hechiceros para que el espíritu volviera sobre los caribes nuevamente. Pero siempre los caribes permanecían saludables, en lo físico y en lo espiritual. Cuando yegaron los españoles, las demás tribus los recibieron con reserva, pero poco a poco fueron facilitando información acerca de sus perseguidores caribes y se fue creando el mito de la peligrosidad de los mismos y, como éstos les dieron guerra y de la buena a los conquistadores, primero comenzaron por tratar de cortar lo que los españoles consideraban era su seguridad alimentaria: la hierba caraca. La desenraizaban y las apilaban en montículos y con el recuerdo subyacente que tenían de las quemas en la hoguera de la Santa Inquisición: les prendieron fuego y desde allí se le conoce a esta planta alimenticia como pira. Es lo que conocemos como Amaranto. Por eso tiene esos tres nombres: Caraca, pira y amaranto. Pero aún así los caribes no cedían. Ante la nueva circunstancia habían ampliado su sentencia y ahora decían: ¡ANA KARINA ROTË AUNICON PAPAROTO MANTORO ITOTO MANTO! (En castellano, ¡SOLO NOSOTROS SOMOS GENTE, AQUÍ NO HAY COBARDES NI NADIE SE RINDE Y ESTA TIERRA ES NUESTRA!) ( que lejos estamos hoy de esa heredad Caribe).

Y decidieron pelear en los alrededores de la montaña sagrada, cuando se alejaron de ella, aunque cercanos, y por la traición de un esclavo aborigen sojuzgado por los indios Teques, quien condujo a las huestes españolas justo hasta el chamizo de Guaicaipuro (jefe máximo, chamán y hechicero, genio militar de todas las tribus congregadas bajo su mando) y le prendieron candela. En la historia del pasado reciente se dice que Douglas Bravo Mora, se mantuvo incólume en la clandestinidad con una protección caribe (de huesos) que combinaba con tener  siempre que recurrir a vestimenta color marrón (y que lo hacía invisible a sus perseguidores). También se dice que los oriundos del estado Falcón, herederos de las mañas caribes con su inconfundible baile, encantan a las mujeres y las llevan al lecho, porque son expertos en destrezas amatorias. Por eso se les llama caribes en la cama. De allí el sabio y viejo consejo  en este país a los padres de no dejar a sus  hijas  bailar con un coriano y a sus hijos que no le comieran comida a mujer guayanesa.

“Como estadista, uno tiene que obrar con la suposición de que los problemas se tienen que resolver”. Henry Kissinger

[email protected]

 

Te puede interesar
Cargando...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »