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Amir Valle / Análisis: Cuba cambia, nada cambia

 

Cambios “humanistas” como la posible aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo o políticos como la eliminación de la palabra “comunismo” de la Constitución esconden retrocesos enormes en otros ámbitos.

El cambio en Cuba es inminente. Así, con exagerado triunfalismo, anuncia el mundo las nuevas medidas que la Asamblea Nacional del Poder Popular ha aprobado este fin de semana, lo cual implica una transformación de la Contitución y de otros códigos reguladores de la vida política, económica y social en la isla. Por desgracia, hay muy poca objetividad en ese análisis.

Cambios significativos son, sin dudas, la limitación de la edad (máximo de 60 años) y del tiempo de gobierno que puede tener un presidente (dos mandatos de cinco años cada uno). Y lo es porque se habla de un país donde un apellido, Castro, gobernó durante casi 60 años sin permitir ningún tipo de oposición. También lo es, aunque de modo más simbólico que efectivo, la eliminación de la idea de que la sociedad socialista cubana persiga la construcción del comunismo, lo cual hace comprensible que la nueva Ley Magna reconozca todos los tipos de propiedad, incluida la propiedad privada, algo que la teoría comunista sataniza. Pero es importante recordar que es contradictorio hacer creer que esa estrategia es eliminada si el país sigue siendo regido por un único partido, precisamente el Partido Comunista. En el aspecto político destaca además la inclusión de la figura del Primer Ministro, encargado de dirigir el Consejo de Ministros, lo cual muchos consideran una nueva complicación burocrática en el ya complejo entramado de la alta jerarquía cubana.

Todos estos cambios apuntan a un objetivo: la concentración y perfeccionamiento institucional del poder del Partido Comunista, táctica esperada si se tiene en cuenta que los poderes militares y de inteligencia, que son los que verdaderamente gobiernan en la isla, permanecen en manos de viejas figuras fieles al clan Castro.

Cambio hacia el pasado

La mayoría de los “cambios” fortalecen una vieja idea castrista: el atrincheramiento contra el enemigo imperialista. Quizás por eso la mayoría de los parlamentarios, en la voz del escritor Miguel Barnet, confesó sentir “la presencia del Comandante Fidel” en estas “históricas” sesiones del parlamento cubano.

Y, fieles a la contradicción mayor de la ideología castrista: luchar por un mundo mejor mientras en la práctica destruía la nación, muchas de las transformaciones a la Constitución están marcadas por lo contradictorio. Se reconoce el derecho a la propiedad privada, pero se dice no a la “concentración de la propiedad en sujetos no estatales”. Se habla de mantener los “logros del socialismo”, pero acaban de eliminar la gratuidad de algunos servicios médicos, lo cual muchos ven como el comienzo peligroso de una nueva era. Se propone cambiar el término “libertad de palabra” por el de “libertad de expresión”, pero recientemente se hizo oficial el Decreto 349 que considera nuevos delitos ejercer como artista o periodista sin la aprobación oficial del gobierno. Como si no bastara, se propone como Ministro de Cultura a uno de los jóvenes comisarios culturales más repudiados en la isla por su fidelidad a los viejos postulados de la censura castrista.

Cubanos fuera del país

Algunos cambios incluyen también a los cubanos de la diáspora que desean mantener contacto con la isla. Por primera vez en seis décadas, se acepta la doble nacionalidad, aunque se mantiene la obligatoriedad de que la entrada y salida de la isla deba hacerse con pasaporte cubano, y que, mientras se permanezca en territorio nacional, se le tratará como a cualquier otro cubano, sin los privilegios que todavía hoy se le otorgan a los ciudadanos de otros países.

Lo más preocupante es la propuesta de penalizar la “traición a la patria”, término despectivo que pertenecía exclusivamente al discurso político en referencia a los cubanos que abandonaron el país mientras cumplían alguna misión médica, deportiva o cultural. A partir de ahora esta figura será penada en la ley, con lo cual se hace peligroso para muchos exiliados regresar de visita o repatriarse, puesto que podrían ser encauzados, ya que términos como “colaboración con potencias extranjeras”, incluidos en la ley, son tan oscuros y amplios que pueden ser interpretados muy fácilmente a conveniencia del poder político.

Finalmente estas modificaciones deberán someterse a “referéndum popular” entre agosto y noviembre de este año. Una farsa. El pueblo cubano no podrá rechazar ninguna de las propuestas, pues se trata de una ratificación obligada usual del castrismo.

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