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Pedro R. García: Homenaje a Coro en los 491 años  de su fundación

 

También yamada la Nueva Augsburgo, Ciudad Raíz de Venezuela o Ciudad Mariana.

Ubicando algunas pistas…

“LA Biblia habla largamente de la ciudad. En la primera página, es verdad, está ausente; el paraíso es un parque situado en un campo, podríamos casi decir, un vergel. Pero la última página de la Biblia es la visión de la ciudad nueva, universal y eterna. Se encuentra en ella el paraíso, pero en esta ocasión, situado en la ciudad. Del campo a la ciudad, de un parque del campo a un parque de la ciudad, como si la Biblia nos describiese un largo viaje de la humanidad; este viaje se parece muchísimo al movimiento que nos descubre las historia de la humanidad de los últimos milenios”. (José Combin, Teología de la Ciudad, Colección Reserva, Nun. 009/ Julio 2009).

La mayoría de nosotros hacemos uso de la ciudad sin plantearnos muchas preguntas sobre ella. La vivimos simplemente aceptando sus aspectos contrapuestos y disfrutamos con fruición sus ventajas. Para la mayoría de sus habitantes, son más sus males que sus bondades, lo que ha construido una visión apocalíptica de nuestra urbe, tan emparentada con aquella que se tenía en la edad media de los villanos que vivían en las poblaciones, corrompidos por los aires de cambios que ahogaban la localidad y que no profetizaban nada bueno, sino relajamiento de las costumbres, tradiciones de la vida rural, a contrapelo de la pureza que los distinguía producto de su cercanía con la naturaleza. La ciudad se nos presenta como una paradoja. La sentimos, la amamos, la odiamos. Es, por lo tanto nuestra, pero a veces resulta ajena, desconocida, indescifrable y en el mayor de los casos insoportable. Ella, es para nosotros sus habitantes, una especie de Dios Jano, que muestra sus dos caras opuestas. La Ciudad, constituye una caja de sorpresas especialmente para los especialistas de nuevo troquel. Por eso las ciudades en todo tiempo histórico peligran, caen de rodillas, enferman, mueren. El siglo XX, como ningún otro, demostró como eliminar ciudades enteras. Ni Escipión frente a Numancia o Cartago ha destruido ciudades con tanta saña y eficacia como nuestro período: Verdún y Guernica, de Sarajevo a Sarajevo, Chungking y Dresden, Hiroshima y Bagdad. La historia es urbanicida. Algunas ciudades sobreviven, otras desaparecen para siempre. Ya no hay Babilonia. El Cuzco de los Incas es un espectro. La Tenochtitlán de los aztecas es un subsuelo pétreo y tembloroso sobre el cual se alzan las sucesivas ciudades de México. La indígena, la barroca, la neoclásica, la decimonica, la moderna. Roma, va añadiendo capas casi geológicas a su edad antigua.

(Foto Hildita Padilla, 17-7-18).

 Coro ciudad preterida…

 Sopla la brisa sin premura, un atalaya;

Levanta hojarasca allá en el ocaso

Repiten los crujidos distendidos y se calla

Y se escucha un murmullo ya de paso

 

Levedad entre sus cujíes y sus climas

Aguda señal tiembla es sus dunas

Penumbras de los ojos ven encima

Ávidos de sosiego frente a la luna

 

Quedan portones cerrados a los sueños,

Corredores sin sus dejos ni sus brillos,

Almacenes de  telas sin diseños

Extrañan el aullido de sus grillos

 

Solo con la mirada determino

La ocasión destella en mil pedazos

Urgida en esperanza y predominio

En la tarde veo allá lejos los retazos

 

Quiero su calor multiplicado;

Su quietud, su derrumbe, su entereza,

 

Su lentitud sin miedo y sosegado

Su fluir hacia el tiempo que ya empieza

 

Los Adobes la visten y decoran

Un escenario tibio sin distancias

La yovizna y el aire la remojan

En su aridez ella es tu Estancia.

 

Verano en mi ciudad Coro

 

Las casas como antorchas resplandecen

El sol las unifica en su desnudo

Los viajeros se sofocan y enloquecen

 

La intimidad del cuarto se profana

Emerge la transpiración por las ventanas a la calle

El joven en la esquina sudado se engalana

Se vuelca como un potro al ver su talle

 

El campanario estalla es mediodía,

Su seco sonido hiere al cielo

El joven se funde en su agonía

Ni aún el sofocante calor calma su celo

 

Vuelve todo a una atmósfera de siesta

Todo esta calmo es el verano

El deseo se adueña y manifiesta

El quisiera aproximarse con su mano

 

Hoy su corazón de ocre el más vivo

Se refuerzan sus arterias con su luz

Penetrando en sus recuerdo como un vino

Todo en su sueño resplandece ¡Oh Jesús!

 

Por los pliegos ambiguos del cerebro

Yo persigo del sueño una respuesta

Una voz me adelanta como un quiebro

Su imposible, es el pasado, es tu cuesta…

 

A todos los dirigentes de la maltratada ciudad Mariana, especialmente a los que detentan mandatos producto de los votos de el noble pueblo coreano, y los pretendientes a tales les toca tomar en sus manos el reto de hoy. Si lo hacen sus nombres estarán labrados en el monumento de sus bienhechores. Si ello no ocurre, seguirá en la esperanza hasta que alguien con lucidez y sensibilidad marche en su encuentro.

“Solo los espíritus agrietados poseen aberturas al más allá”

 [email protected]

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