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Rodolfo Mata: Ledezma nostálgico

 

Antonio Ledezma es un hombre adinerado tanto per se como por su familia política. Puede darse el lujo (y se lo da) de moverse por todas partes del mundo sin mayores dificultades apoyado en esa fortuna y en contactos que estableció y actualiza con dirigencia de la Internacional Socialista que observa a Venezuela bajo la óptica de un microscopio permanente porque este bacilo medra en lo negativo cada vez con mayor ahínco aunque el discurso del régimen podría sorprender a un observador desprevenido que tenga solo un par de horas a lo sumo en este país. Transcurrido ese lapso ese personaje comienza su comprensión del país, y si puede, huye.

Antonio tenía casa por cárcel como paliativo a la reclusión que había sido prescrita por un juez tarifado por el chavismo. Tanto así que a Ledezma se le saca de su despacho en el EXA, dentro de un escenario de tombos de diversa ralea (todas malas) que tradujo un significativo escándalo en la avenida Libertador y sus cercanías. No estaba huyendo el alcalde metropolitano y pienso que no presumía su posible captura razón por la cual, imagina uno, no había puesto pies en polvorosa. A raíz de la detención, su esposa Mitzy Capriles movilizó cielo y tierra hasta que logró poner en ridículo a Maduro y a los cuerpos policiales que lo “vigilaban”.

Fugarse de sus captores no resultó barato. Ir hasta Colombia siguiendo la ruta que Antonio explicó (lo que no creemos) habría sido harto costoso. Sea como fuere me alegró, no que se haya ido, sino que haya humillado al gobierno. Aseguran que esa fuga redundó en expulsiones, regaños y otros castigos en el Sebin y las cuentas de muchos agentes fueron jurungadas para detectar responsables. Aparentemente el cómplice (que lo hubo, no quepa duda) se cuidó de ser descubierto. El hecho que nos trae es que Ledezma ya está fastidiado en el exterior y acepta retornar si se le permite al menos vivir en libertad de movimientos, aun silente.

Supimos de Antonio el jueves último cuando acremente censuró a los dirigentes que se reunieron a conversar sobre el futuro de la oposición. Más que el desacuerdo con la cita y sus resultas, Ledezma resiente no haber sido considerado, aun por teléfono. Pero igual se hizo con María Corina que sí está en el país pudiendo haberse fugado. María Corina está en desacuerdo con todo lo que signifique elecciones y lo expresa sin ambages, en el país. No a control remoto ni por teleconferencia. Desde luego que no aprobamos esa exclusión que se comete contra la única mujer lideresa, porque es necesario escuchar las voces disidentes, más no los lamentos nostálgicos.

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