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Pedro R. García: Homenaje a nuestra ciudad Santiago de León de Caracas en su 451 años…

 

“Vamos edifiquemos una ciudad cuya cúspide yegue al cielo y hagamos un nombre, por si fuéramos esparcidos sobre la faz de la tierra” (Génesis XI) “En 1828, en su última visita a su amada Caracas yevaría al Libertador a raspar el aire con esta pregunta dirigida a su tío Esteban Palacios, recogida en una de sus expresiones más luctuosas, “¿Dónde está Caracas?” y el mismo se respondió “Caracas ya no existe”, y hoy nos repetimos la misma interrogante “¿Dónde está Caracas?”.

Una acotación necesaria…

Hablar de nuestra ciudad capital implica, también, hablar de la Puerta Caracas, como la Puerta de Alcalá. Solo que de la Puerta de Caracas sólo nos quedan vestigios de lo que fue en un próximo pasado, nuestra conexión con el Guaraira-Repano, que puede ser reconstruido por la imaginación, pero ampliada en su conurbación urbana y rescatando sus raíces históricas, hay que hablar del hoyo de la puerta, de la puerta de la carretera vieja, de la puerta que es la autopista que nos articula al frente marítimo caribeño, de la puerta que nos conecta con los altos mirandinos y la puerta amplia que nos comunica con el Miranda profundo de sus vecinos originarios para permitirnos recorrer el gesto solitariamente auténtico, pleno de honor de Alonso Andrea de Ledesma,”El (viejo hidalgo, Quijote caraqueño, símbolo y espíritu de la resistencia, mito enterrado en el hondón de nuestra patria que nos novelara Briceño Iragorri. Pero hay en otras latitudes otras puertas, como el río Rubicón, límite entre Roma y la Galia Cisalpina, que fue cruzada por César, y dejando para la historia una frase, tomada del comediógrafo Menandro, su autor favorito, que textualmente expresaba Alea jacta est., “la suerte está echada”. Una puerta detenida es como un carruaje sin ruedas. Pero si está entreabierta, es invitadora y misteriosa. En una entrega generosa de su espacio intentando yamar tu voluntad. El hijo mestizo de español e india cacica, o del blanco español. Hasta ahora no se le han resuelto sus contrariedades. Aunque hijos del mestizaje o del blanco español, la tierra es la América Morena; la que parió una camada de todo un mantuanaje lúcido que logró instaurar la libertad allende montañas y ríos. Caracas fue el norte que libertó al sur sin, apropiárselo, como la historia nos ha demostrado que todo norte esclaviza a todo sur. Caso insólito, pero aleccionador. Y clama al nuevo mantuanaje del saber y del poder de hoy. Clama del hombre yano que se le salve, pero de verdad, como agradecida recuerda el hermoso gesto de un ayer, de uno de tantos, de aquel anciano presto a defenderla de piratas y corsarios que le asolaban. Pide que se le lave y se le libere del olor nauseabundo. Que el aroma de sus flores en Galipán se esparzan de nuevo en sus confines. Porque ella no es cordillera y ríos solamente. Ella es serranía, ríos, y laderas al mismo tiempo. Quién intente separar la ciudad de su Ávila, su condición de sultana, la está empalando para conducirla a la muerte. Quién la conozca tal cual es, sabe que la ciudad es su Ávila su urbe de concreto y sus quebradas, como las extremidades superiores e inferiores forman un solo cuerpo integral. En el Bicentenario, nada que celebrar. Todos observamos algunos con mirada cómplice como ha sido trastocada en ruinas, ya ni siquiera los pésimos servicios públicos. Y quizá, como Clinton con la economía  de su nación en su tiempo, en algún momento se apresten a resolverlo. Ese es nuestro más sentido deseo, y conseguir decirle en un futuro cercano a sus habitantes, a los preteridos de siempre que batallan por sobrevivir el laderas y alcantarillas, al mundo que por fin despejamos la incógnita del Libertador manifestada a su tío Esteban Palacios en 1828: y poder responder no solamente al Libertador si no a todos nuestros hijos y nietos en un futuro cercano.

¡Aquí está Caracas!

(Manuel Cabré (El Pintor del Ávila).

El ruido de mi ciudad Caracas (Poemario de: Pedro R García)

Arremete hostil nace de la nada

Un roce, un eje, un choque lo provoca

Crece en la noche y la madrugada

Orada las moradas las calles trastoca

 

De todos es y nadie lo consiente

Busca el oído y entra sin despacio

Se repliega en el silencio y en las simientes

Lacera y despedaza todo á su paso

 

Como una lija viva moviliza

Su presencia deforme y sostenida

Entra en la piel su presencia es enfermiza

Acosa, abomina, vive, te mutila

 

Viscoso y sin medida como el monte

De barro, grumo, vidrios destrozados

Se desliza por el aire y entra al hombre

Humilde ciudadano desgraciado.

                               

Nubarrones en mi ciudad   

(Poemario de: Pedro R García)

Amenazadores e inmensos nubarrones se acercan,

Y en nuestras pupilas hay relámpagos de espantos.

Abre tu balcón abre tu puerta, mira como nos cercan

Como empatadas en la yuvia de tu yanto.

 

Sus habitantes  con sus bolsitas en caravanas sombrías

                              Como señales de un tiempo ya marchito,

Que parecen las sombras que disipan la alegría,

Y sus tragedias avanzan, con un rumbo expedito.

 

Abramos nuestras puertas y ventanas, no quiero sentirme

                                                    Encerrado,

No es hora de yanto, no es hora de ruego;

Necesitamos atravesar el espeso nublado,

Con paso seguro y alejados del miedo

 

Para los falsos profetas, hay que preparar la hoguera,

Donde han de suplir, por engañar a los débiles con sus perturbados

Embelesos,

Y los que fortaleza se hayan reservado en esta árida  primavera

Nos permita, darles una mano a todos, no solo a esos.

 

¿Qué hay en mi desollada ciudad? Sueños, esperanzas,

Dolores,

Nexos, amistad, pasiones, y pensamientos escritos;

Versos de los poetas de la capital y sus pasados amores,

Y los todavía hermosos tonos de sus colores benditos.

 

Abramos nuestras ventanas y puertas dejemos que circule

El viento;

En un nuevo lapso advertiremos como se calma;

Los que no sacian su avidez, solo dejaran sufrimiento;

No podrán colmar su codicia, todo el dinero no es un alma;

 

Allá van nuestros pensamientos, nuestras vidas entreabiertas;

Atrás quedaron cauces colmados, lejos van sueños y lazos;

Distantes marchan viejos goces, como tierras yertas;

Aquí mi ciudad desollada y fragmentada en mil pedazos.

 

¡Qué extravío! Pero obstante nuestro corazón aún vibra

Como yama inflamada de quienes no aceptamos el precio

A los que con soberbia trataron de arrancarnos fibra por fibra,

Mi sangre arde y no quiero que sea mi último verso.

 

El dolor pronto pasa y en el alma no hay vacío,

Para que todo se consuma; no hace falta un holocausto

El moho y la yuvia rasguean el cielo sombrío,

Solo las suaves sonrisas de Rafael, Nicole y Sarah, mitigan mi sobresalto.

 

Como expresiones extrañas de mi angustia y de mis iras,

Añoro de mi ciudad los vientos helados, que acariciaban mis oídos,

Y fraseaba juramento, y verdades y mentiras,

Remedo tiernos besos y engañadores gemidos.

 

Quiero partir hacia el mar, quiero estar con él a solas,

Aspiro hablarle de mis gozos, mis afectos y mis penas,

Mientras perciba el ruido de sus encrespadas olas,

Que me recuerdan inquietantes caraqueñas, de profusas melenas.

 

El ruido de mi ciudad es el salmo de mis esperanzas rotas

Juntar los rompientes con mis ideas; quiero ser uno y el mismo

Mis lastimadas ilusiones son: como esas blancas gaviotas

Que hacen su nido en lo más alto de las rocas… y se los traga… el abismo..

“La inmortalidad solo abre media hoja de su puerta estrecha y deslumbrante”.

[email protected] 

 

 

 

 

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