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Luis Fuenmayor Toro y Josefina Baldó: Hacia la sociedad del conocimiento. El caso venezolano

 

El camino hacia una Venezuela contemporánea está en el desarrollo de la investigación científica, de las tecnologías y de las técnicas, que permitan la construcción de una sociedad del conocimiento, como única forma de posibilitar nuestro despegue del subdesarrollo.

Desde hace más de 150 años la aplicación tecnológica y consciente de las ciencias a los procesos productivos ha ido sustituyendo a la producción tradicional, lo que los ha hecho mucho más competitivos, al reducir sus costes de fabricación, pero además capaces de elaborar productos cada vez más complejos, que satisfacen nuevas necesidades sociales y productivas. Este dinámico proceso crea una espiral de crecimiento y desarrollo indetenible, que a su vez impulsa la formación de nuevos profesionales, especialistas y técnicos altamente capacitados, lo que opera en función de cambiar las características nacionales actuales del empleo, al sustituirlo por empleo formal calificado, bien remunerado y sostenible.

Ejemplos mundiales sobran, incluso en Venezuela con el proceso extractivo de petróleo. Sólo que aquí opera, en la determinación de los precios del crudo, una renta de monopolio tan desmesurada, que hace que apenas 141.000 venezolanos realicen el único “trabajo necesario” (transable en términos globales), para mantener a 30 millones de sus conciudadanos. Esta es la base de nuestra organización económica y social a lo largo del tiempo. Lástima que ésta, que pudiera ser la base material de una sociedad dónde se lograra satisfacer las necesidades de toda la población, derive de una renta de minas, que nos permite transferir hacia el país valor creado en el resto del mundo que nos compra petróleo y derivados primarios, por lo que nuestro modelo de liberación del trabajo no puede ser sustentable.

La sustentabilidad en el mundo contemporáneo depende fundamentalmente del alto valor agregado de ciencia y tecnología, que un trabajo muy calificado produce. Nada está más lejos de esto último que la condición actual del país. Y así continuará mientras la escolaridad promedio se mantenga en 7 grados y mientras no se mejore grandemente el problema de la calidad y la cantidad de la educación, desde el preescolar hasta los doctorados, pasando por la de los obreros calificados y técnicos medios. Mientras no tengamos numerosos centros de investigación científica avanzada, mientras continuemos con universidades de baja categoría en términos internacionales. Mientras los conocimientos que se produzcan no se inserten en la producción nacional, permitiéndonos exportar plásticos en vez de petróleo o microcomponentes universales para equipos de electrónica, telecomunicaciones y de la industria aeroespacial, en vez de coltán en bruto.

Las verdaderas revoluciones conmueven los cimientos estructurales de la sociedad y ello no ocurrirá sin estimular el desarrollo científico y tecnológico en el país, así como el desarrollo de sus productos mediante las políticas que detallaremos en próxima entrega.

 

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