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Antígona y la Poética; Por Juan Carlos Sosa Azpúrua

 

En ceremonias religiosas anuales, la comunidad ofrendaba himnos a sus dioses, por lo general para agradecer el éxito de las cosechas. Estos encuentros permitían reflexionar sobre los asuntos más elevados de la existencia.  Así nace el teatro en Grecia (siglo VIII a.C.). Se tratan los temas con impacto en la colectividad: el sentido de la vida, el poder, la ambición, el honor, el destino, los conflictos familiares, la moral, entre otros. Aristóteles lo estudia a fondo y afirma que la finalidad última del teatro es la “catarsis”: purgar los males del alma, a través de la compasión y el temor que infunden las acciones de los otros, con potencial de identificarse con vivencias individuales de cada espectador.

Para los griegos clásicos, la tragedia es un género literario que se mezclaba con lo social. Para Aristóteles, se trata de una imitación – “mímesis” – de acciones esforzadas, llevadas a cabo por un personaje de mayor rango social que el público espectador: reyes, varones ilustres, héroes.  Y estas acciones tienen un efecto singular: la compasión.

Tres autores fueron para Aristóteles los trágicos más emblemáticos: Eurípides, Sófocles y Esquilo.

En este ensayo, nos centraremos en Sófocles y su obra: “Antígona”, abordándola en el contexto de la Poética de Aristóteles.

Sófocles produjo más de ciento veinte obras. Lograron conservarse siete tragedias y un fragmento de una pieza satírica. Entre sus grandes aportes al género trágico están: a) la introducción del tercer actor, nutriendo así los diálogos; b) la relación entre diversas obras (Ej. su ciclo de Tebas: “Edipo rey y Antígona”) y c) el foco de las acciones en un contexto psicológico, lo que hacía posible crear una riquísima galería de héroes.  Sus siete tragedias son: “Edipo rey”, “Edipo en Colona”, “Antígona”, “Áyax”, “Electra”, “Las traquinias” y “Filóctetes”. Hay noticia de los títulos de sus obras extraviadas y trozos de algunos de sus textos, como los cuatrocientos versos de “Los sabuesos”, descubiertos en 1912, en un papiro egipcio.

Vayamos a nuestra obra: Antígona es hermana de Ismene, de Eteocles y de Polinices, e hija de Edipo – soberano de Tebas- y de Yocasta. La muchacha acompañó a su padre cuando éste, tras su incesto mortal, se saca ambos ojos y se va al exilio. Padre e hija lograron refugiarse en Colona, Ática, donde Edipo eventualmente fallece.

Allá en Tebas, Polinices y Eteocles tenían un pacto para turnarse anualmente el reino. Pero Esteocles rompe el pacto y se queda con el poder. Polineces no se queda tranquilo. Reúne un ejército y decide atacar a Tebas para asumir el trono. Para evitar mayor derramamiento de sangre, los hermanos se van a duelo. Los dos mueren. Queda vacante el trono y Creonte, hermano de Yocasta y tío de los fallecidos, lo reclama.

Para que el alma descanse y alcance el Hades, las tradiciones griegas eran estrictas con el deber sagrado de sepultar a los muertos. Pero Creonte ordena que le den sepultura solamente a Esteocles, con honras fúnebres, por haber defendido al reino de Tebas contra el ataque de su hermano. Y decreta que Polinices es un traidor. Su cadáver debe ser abandonado en el campo, para que sea devorado por los animales.  Esta orden de Creonte condena a Polinices a ser un alma en pena. Es un decreto real y por tanto de obligatorio acatamiento. Pero al considerarlo injusto con la ley natural, las leyes “no escritas e inmutables de los dioses”, Antígona – que optó por regresar de su exilio – se rebela.

Rigen como principios morales de Antígona la ley de las costumbres, la religión y la familia. Pero al desobedecer la ley objetiva – el decreto de su tío –, es condenada a ser emparedada viva.  La mujer también se rebela contra esto, y decide suicidarse, ahorcándose.

Hemón, hijo de Creonte y prometido de Antígona, trató de disuadir a su padre, pero Creonte se negó. Cuando el muchacho encuentra el cadáver de Antígona, no lo soporta y sigue el ejemplo de su amada. Y esta muerte es demasiado dolor para la madre de Hemón, quien igualmente se suicida.

Creonte nunca se detuvo a reflexionar sobre los efectos que tendría su terquedad en la vida de sus seres queridos. Su única Ley es el poder. Los ruegos de su hijo, y los fundamentos humanistas de su sobrina Antígona, son irrelevantes para él. Solo en dos ocasiones mostró debilidad: cuando el oráculo Tiresias le advierte sobre las consecuencias de la muerte de Antígona; y al tener noticia de los suicidios de su hijo y de su esposa, pero ya era demasiado tarde.

Pese a que sí había violado una ley escrita, Antígona tenía la razón. Creonte erró y las consecuencias de este error son funestas. Antígona fallece en defensa de sus ideales y Creonte pierde el respeto de su pueblo – y de sí mismo.

En el siglo XIX se hace la interpretación política del mito, con el conflicto entre las leyes escritas y no escritas; así como con los dilemas del individuo frente al poder absoluto. Antígona es el símbolo de la rebeldía y de la libertad de pensamiento. Para Hegel, Antígona evidencia la tensión entre los valores morales de la ciudad, encarnados en la figura masculina (Creonte) y los valores morales “naturales”, que profesa ella como mujer (Estética, 1835). Podemos extraer como ideas centrales la oposición entre leyes divinas y humanas; y la relación entre tiranía y libertad.

Para Aristóteles, la literatura es el arte de imitar con las palabras. El arte como reproducción de elementos de la realidad. Existirán tantos géneros como modos, medios y objetos de imitación estén disponibles. La tragedia imita acciones “esforzadas, épicas y elevadas”, a diferencia de la comedia, que imita “acciones cotidianas”. La tragedia es la imitación de una vida y la felicidad o tristeza están en la acción y no en el personaje. Para el filósofo, la tragedia es el arte que imita una acción esforzada y completa. Es la “mimesis” de acciones y no pensamientos o sentimientos (objeto de la lírica).

Según Aristóteles, para que una obra sea exitosa se necesita organizar y estructurar la acción, de manera adecuada, y no de cualquier forma. Sófocles nos presenta a Antígona a través de recursos que generan una continua tensión y suspenso en el espectador.  Antígona es una tragedia que tiene un principio y un final, las unidades de acción, tiempo y espacio descritas en la Poética de Aristóteles se cumplen a la perfección. La obra está escrita y hablada en un “lenguaje elaborado, rico, cuidado, retórico, ornamentalque tiende a la armonía, al ritmo y al canto”.  La actuación de los personajes – no el relato – hace que avance la acción. Ningún narrador externo cuenta la trama. Mediante la compasión que sentimos hacia Antígona y Hemón; y el temor o rabia que nos produce Creonte, Sófocles produce en nosotros la “catarsis”.  En orden de mayor a menor valor catártico, Aristóteles propone cuatro tipos de final para las tragedias:

  • Que un personaje esté a punto de desarrollar la acción y, justo antes de efectuarla, obtenga la agnición.
  • Que el personaje ejecute la acción y luego obtenga la agnición.
  • Que el personaje lleve a cabo la acción con agnición.
  • Que el personaje esté a punto de efectuar la acción con agnición, pero no la ejecute.

En Antígona, Sófocles escogió la segunda. Creonte ejecuta su orden y son las consecuencias las que provocan la agnición. La agnición resulta de los hechos mismos. Se produce la sorpresa del espectador, con circunstancias verosímiles. Este tipo de final es el favorito de Aristóteles.

Antígona es una obra compleja e imita acciones que provocan “temor y piedad”. El placer que nos proporciona se genera por los elementos prescritos por Aristóteles. La piedad en Antígona sucede “cuando el hecho trágico se ejecuta con premeditación a un miembro de la familia”, en nuestro caso: la condena de Antígona.  Aristóteles afirma que “una imposibilidad probable es preferible a una posibilidad improbable”. Los suicidios de Hemón y Eurídice constituyen una imposibilidad probable ante la irracionalidad de Creonte.

Vemos entonces como “Antígona” cumple con las recomendaciones de Aristóteles. La extensión es adecuada. La coherencia se mantiene durante toda la obra. Cada acción provoca una reacción lógica, imprimiendo verosimilitud a los acontecimientos.  Esta tragedia es un emblema de lo que Aristóteles denomina: “la forma más bella”.

Juan Carlos Sosa Azpúrua 

 

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