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César Malavé: El gigantesco drama de la electricidad

 

El trágico drama del pésimo funcionamiento de los servicios públicos en Venezuela tiene ya características alarmantes. En los últimos meses las constantes interrupciones del sistema eléctrico han estado a la orden del día, causando estragos en la población cuyos alimentos se dañan y los artefactos electrodomésticos quedan inservibles, sin que nadie responda. A esta calamidad, consecuencia de la incapacidad y la corrupción, no escapa ni siquiera el asiento de los poderes públicos nacionales. Caracas, la capital del país con las más grandes reservas comprobadas de petróleo y con las más monumentales represas construidas para generar energía, hoy es la sucursal de las tinieblas, al extremo que el propio congreso del partido fascista gubernamental probó de su propio chocolate. Mientras Maduro y sus incapaces siguen mintiendo a troche y moche, desdibujando la realidad con inventivas maliciosas, Venezuela retrocede al siglo IXX en materia eléctrica. No hay una ciudad de Venezuela que pase un día sin seis horas mínimo de interrupción del servicio. El país, donde los presidentes de Venezuela electos con el voto de Acción Democrática construyeron las más formidables de las obras generadoras de energía eléctrica, no se merece semejante adulteración de los hechos, un parloteo tan falto de seriedad, tan ladino. Lo prudente, lo sensato, es que la nación reciba un informe técnico detallado, verificable, sin aderezos politiqueros ni insinuaciones maniáticas, a modo de especificar cuál es el estado actual del Sistema Eléctrico Nacional, y, lo más importante, qué se está haciendo para atacar sus notorias y graves deficiencias. Un reciente estudio de la Comisión Eléctrica del Colegio de Ingenieros de Venezuela plantea que la actual crisis del sector es el resultado de privilegiar lo político sobre lo técnico y económico, amén de la corrupción galopante en la empresa CORPOELEC, que se han convertido en un hueco negro. Son 26 mil millones de dólares que fueron robados por todos los que han pasado por su presidencia. Con eso tendríamos electricidad suficiente para cubrir toda la demanda nacional e incluso exportar.

En 1999, Venezuela contaba con una de las industrias eléctricas más desarrolladas de la América Latina, con participación del Gobierno y de la empresa privada. Había un moderno parque de generación, así como una red de transmisión de alta tecnología. La distribución abarcaba 96% de la población y a casi todo el territorio. Pero, advierte el gremio de los ingenieros venezolanos, el área fue desprofesionalizada. Se ha incurrido en un profundo desprecio por los criterios y protocolos técnicos. En la contratación del personal gerencial y técnico priva la lealtad política. Hoy la industria eléctrica es financieramente deficitaria. Los ingresos por tarifas no cubren la nómina. Un dato que debiera parecernos insólito: El Estado venezolano es el principal deudor de Corpoelec, organismo que en su memoria y cuenta ha llegado a revelar que no dispone de recursos suficientes para ejecutar Proyectos iniciados o por iniciar. La construcción de la hidroeléctrica de Tocoma está paralizada. En La Vueltosa falta por instalar una tercera turbina de 257 MW. Aproximadamente 68 % de la capacidad de “generación distribuida” está indisponible, al igual que 50 % de la capacidad de generación térmica instalada. De manera que el problema no es ningún fenómeno natural, travesara animal, ni una derivación de saboteo alguno. Es una crisis seria, crónica, sobre la cual no se está diciendo la verdad. Es un gigantesco drama que no es encarado con un sentido profesional, propio de un asunto de Estado.

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