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Pedro R. García: Frente a las medidas anunciadas por el gobierno, ¿radicalización y fragmentación del país?

 

 Ubicando algunas pistas…

“Como decía Stendhal, “todo lo exagerado se vuelve insignificante”.

El análisis más común de una estrategia señala como su acierto básico el intentar trazar en el país en este intervalo un nuevo eje de comprensión y definición política y, consecuentemente, imaginar una nueva forma de precisar al contendor. Si hasta ahora nos hemos manejado en un eje con categorías cargadas de rabiosa ideología, tales como izquierda castro-comunista y derecha rabiosa oligárquica, el nuevo discurso debe tener el influjo para imponerse al imaginario de la sociedad venezolana y aquí en la región con nuestras particularidades un límite distinto: que separa al hombre yano de a pie de viejos grupos de intereses, una línea fronteriza en de un lado el pueblo yano históricamente preterido, igual que sectores de la clase media, profesional trabajadora, empresarios, comerciantes, decentes y, del otro, los viejos y nuevos  privilegiados o corruptos que sólo merecen la amonestación moral y separación como los apagados tizones de (la añeja) política. Y no pretendemos descalificar documentadas tesis desde teorízaciones políticas frente a un discurso aferente afino sus cuerdas con la coyuntura de una indignación social no atendida y que dio al traste con el modelo de democracia representativa. Este intento de análisis sabemos que es insuficiente. Lo expuesto en el debate son simplificadas razones buscando el éxito funcional del discurso y la conquista de espacios de poder político inmediato, pero no hemos avanzado en precisar más objetivamente la naturaleza de una propuesta, ni tampoco las consecuencias a que ésta conduciría en el  medio plazo si nosotros nos hiciéramos con la concreción de  una mayoría política y electoral. Es cierto que en la teoría del discurso no tiene mucho sentido remitirse a una objetividad situada fuera del juicio, las que nos planteamos en los últimos eventos electorales fueron términos marcadamente arbitrarios, por mucho que se distancie de los totalitarismos clásicos del siglo XX. Hemos revisado la caracterización del totalitarismo, como un fenómeno de representación. “Él es el modelo de una sociedad que se instituyese sin divisiones, que ambiciona el dominio de las organizaciones, pretendiendo ser admitida por todos por estar aparentemente habitada por un mismo proyecto de rescate de la democracia”. La nota esencial de algunos comportamientos entre grupos afines es de querer seguir copando los espacios con el manejo engañoso que impide las posibilidades a liderazgos diversos en nuestras barriadas, caseríos y Municipios, es lo que ha producido antes y ahora, una apropiación completa de la esfera del poder que resulta una negación de cualquier segmentación interna de la sociedad, y de grupos políticos, como así como de cualquier posibilidad de alteridad (legítima). Repasemos: cuando algunos sectores de la derretida (MUD) formula discursivamente su visión de torsión unos de vacilaciones otros de confrontación radical, lo que insinúa no es una división de la sociedad en dos o más ofertas políticas distintas, lo que hace es declarar que la sociedad o que el pueblo decente esta de un lado de la cerca, de la suya, y lo que subsiste del otro lado son descarriados moralmente (innecesarios). De hecho, no se propone nada sino un límite. La sociedad decente que asumen algunos de los aliados como suyas, los factores que hemos compactado aquí en la región no están cruzados por divisiones, sino por ideas e intereses plurales, que no es única o, si se quiere, somos para decirlo de alguna manera una realidad total no dividida: toda la gente decente, que por definición son todos los vecinos respetables, estamos y estaremos allí, en el lado del pueblo, que es nuestro fin. Lo que procuramos que quede fuera de ese conjunto no es ciudadanía, vecinos pueblo, “es la corrupción, el sectarismo, los viejos y nuevos anacronismos” de factores desplazados que todavía no ha descubierto cual es su rol, y no han logrado asumir un  marco comprensivo frente a una situación que los desbordo hace rato con creces. Tiene que haber un esfuerzo que no pretenda representar los sentimientos de una fracción, sino a todos, incluidos a los que hoy desde las trincheras cada vez mas complejas del gobierno luchan por abrirse paso por un lugar mejor. No debe tratar de personalizar importes o sentimientos políticos fraccionales, sino a todo el pueblo, entendido como totalidad indivisa, preexistente y antagónica de quienes  apelan a el en búsqueda solo del voto. En este sentido, hay que  construir en el país y aquí en el ahora una oferta de tarea que el nuevo espacio político contradice directamente y que definitivamente no entienden lo que es pluralismo democrático y, en ese formal sentido, podrían estar asumiendo conductas que rozan el cuasi-fascismo. Esta consecuencia es inexorable porque la definición de la subjetividad protagonista del movimiento se hace en unos términos tan genéricos que sus límites coinciden con los de la misma sociedad. Cierto que el partido político predominante en las democracias actuales, es el catch-all-party. (Atrápalo todo) En muchas de las declaraciones públicas late un infatuamiento de nuevo cuño. Cuando afirman algunos aliados que no son de derechas o izquierdas, sino que son demócratas y punto, estamos ejerciendo una retórica desteñida (o abusando de una indefinición táctica que aparentemente nos conviene ahora), y estaríamos definiendo una grafía en unos términos tan amplios que expulsa precipitadamente a todos los demás del campo de juego, convirtiéndolos en no-demócratas. Cuando volvemos a escuchar calificativos que nos suenan tan insólitos como el de  “derecha criminal”, o de “resentidos sociales” aplicada a los políticos que roban o se corrompen, en el marco discursivo, que denota que aparente todos los políticos son corruptos o delincuentes, lo cual no es verdad. Nosotros debemos invitarnos a todos a que juntos asumamos en definitiva la representación de la sociedad como unidad indivisa, pero entendiendo que no hay una facción del pueblo como si solo esta fuera la parte sana y unida de un conglomerado que se volvería un bloque granítico una vez que se despidiera a los grupos cosmopolitas a los oligarcas, a los desdentados, a los que en la Guerra federal iniciada formalmente en Coro, señalaron peyorativamente pata en suelo. Al final no desconocemos la multiplicidad de identidades relacionales y políticas que continuamente se tejen y destejen entre nosotros. De hecho admitimos el pluralismo de identidades sociales, que reconócenos en nuestro propio interior, así como en los otros. Todas las divisiones representadas en intereses, grupos, etnias, comunidades, expresiones culturales, (la “masa”) tienen que estar dentro de los círculos de discusión que se están y deben elaborarse y explicadas en decisiones, a contravίa de lo que han venido haciendo la viejas cúpulas dirigentes, que sean  recogidas en debates en la comunidades, de forma que nada puede quedar fuera del movimiento salvo los que tiene aptitudes antipueblo. Otra negación del ejercicio de formas de participación democrática se produce cuando convertimos en dogma eso que algunos teóricos han denominado “la vieja fe en la capacidad ecuménica de la política”. Es decir, que no reconoce la inevitable segmentación del mundo moderno en una complejidad de sistemas (económico, jurídico, mediático) y considera a la política (su política) como capaz de ser la dirección interpretativa y operadora de todos los demás subsistemas. Para nosotros (y este es un tema grueso, que hay que masticar) la economía, por ejemplo, en este momento no es sino una construcción discursiva más, que puede por ello ser tratada con los recursos intersubjetivos y relacionales que proporciona la política, sobre todo si se accede al poder. De ahí que deben nacer las propuestas de renacionalización de la economía para aplicarle desde la política soluciones de tipo autónomo. Quizá lo más neurálgico para el caso de que se acceda al poder, está la resurrección política del pasado de un constitucionalismo liberal considerado como represivo de la espontaneidad social y rémora para la emancipación de los intereses populares. Cuando algunos hablan de “constituyente” no parecen ser conscientes de que no discuten de lo mismo de quienes con serenidad abordan ese tema. Es un equívoco que por ahora interesa, pero que puede resultar un terrible salto al vacío para la precaria institucional en el futuro inmediato. Es decir el “poder constituyente” como pura facticidad, como “poder de fundar”, como “principio absoluto” Hay unos temas que deben contenderse para encontrar el verdadero camino sin los cuales sería imposible determinar ese debate según el cual dos posiciones  rivalizan acerca del mundo del presente. Algunos sostienen que estamos en el camino de la época de cambios, y otros sostienen que estamos ante la presencia de un cambio de de época. Cualquier disputa seria y responsable tiene la obligación y el deber ineludible de discutir y fijar posición respecto a los temas del presente. En Venezuela tenemos la “Historia Crítica del Concepto de Democracia” escrito por el venezolano Tomás Enrique Carrillo Batalla. Que puede ayudar, sin soslayar lo que sobre el particular está establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, que por cierto recoge lo más avanzado en materia constitucional sobre el tema en el mundo. Sería inaceptable que alguien pudiese siquiera imaginar retrotraernos a viejos conceptos de las democracias de elites, de las seudo democracias, de las representativas, o de las monarquías constitucionales, un reagrupamiento de los factores democráticos en Venezuela debe levantar velas de lo que está establecido en la Constitución vigente, así como ejemplo lo que han venido reflexionando y presentado, of course el (Observatorio Hannnah Arendt Proyecto de Confianza política (OHA-EPI-PCP 2018) y Venezuela Democracia y Reforma Política, Centro de Estudios de Integración Nacional de la UMA), y sin complejo pasearse sin gringotas en el carácter particular que recapituló Chávez como concepto en su prédica denominada y que hoy abofetea a sus legatarios, “El Golpe de Timón”: Lo cito: “Por eso el socialismo en el siglo XXI que aquí resurgió como de entre los muertos es algo novedoso; tiene que ser verdaderamente nuevo, y una de las cosas esencialmente nuevas en nuestro modelo es su carácter democrático, una nueva hegemonía democrática, y eso nos obliga a nosotros no a imponer, sino a convencer, (Dixit mi estimado Capitán) y de allí lo que estábamos hablando, el tema mediático, el tema comunicacional, el tema de los argumentos, el tema de que estas cosas sean, lo que estamos presentando hoy, por ejemplo, que lo perciba el país todo; cómo lograrlo, cómo hacerlo. El cambio cultural. Todo esto tiene que ir impactando en ese nivel cultural que es vital para el proceso revolucionario, para la construcción de la democracia socialista del siglo XXI en Venezuela.”. Queremos recordar unas palabras de esta clarividente Rosa de Luxemburgo en el texto yamado la Revolución Rusa, escrito en 1918, donde la comprometida  revolucionaria alemana realiza la primera crítica a fondo al modelo soviético. Leamos con atención parte de esas palabras: “Siempre hemos diferenciado el contenido social de la forma política de la democracia burguesa; siempre hemos denunciado el duro contenido de desigualdad social y falta de libertad que se esconde bajo la dulce cobertura de la igualdad y la libertad formales, y no lo hicimos para repudiar a éstas, sino para impulsar a la clase obrera a no contentarse con la cobertura, sino a conquistar el poder político para crear una democracia socialista en reemplazo de la democracia burguesa, no para eliminar la democracia”. Son ópticas encontradas inevitables y que creemos que nos permiten elevar la altura de la confrontación política-ideológica necesaria en el marco del conflicto económico, político y social que fragiliza la República y que va a seguir cruzando. Y se debe rivalizar sobre esta particularidad esencial, bien para reconocerla, bien para refutarla o bien para superarla, pero nunca para retrotraerse a épocas canceladas. Aspiramos que se abra la disputa seria y sensata acerca de los temas expuestos y sobre los que debe definirse un nuevo pacto societario, “un nuevo pacto social” que incorpore bajarle el copete al presidencialismo, balotaje incluidos los Estados y principales ciudades, nuevo esquema de representación, nueva relación capital-trabajo, y en especial acordarse en un modelo educativo que recoja todo lo avanzado en tecnologías y los símbolos de lo nuevos tiempos abordando por supuesto en el continuo todo lo particular en materia de petróleo, gas y energía; y establecer un monto de esos ingresos considerables y obligatorio sobre la producción agroalimentaria, la industrialización, sobre las políticas sociales en materia de alimentación, salud, vivienda, y demás. Es esos son entre otros el desiderátum de la visión democrática que pretendemos la gran mayoría de los venezolanos para este tiempo, y con especial énfasis aquí en el históricamente maltratado Estado.

 

“La democracia es un complejo institucional político, y social que ha alcanzado, la consideración casi universal de un sistema de convivencia humana”

 

“En el país pasa el tiempo y el segundero avanza decapitando esperanzas”…

 

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