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Aurelio F. Concheso: La obsesión por mantener subsidios perversos

 

En Venezuela, la opción histórica preferida de nuestros distintos gobernantes ha sido siempre la de los subsidios perversos.

Se trata de subsidios que, en teoría, están diseñados para beneficiar a los más necesitados. Pero que, en la práctica terminan, siendo aprovechados masivamente, y, mientras duran, por la población de ingresos medios y altos, siempre a expensas de los humildes.

A los políticos, les encantan tales subsidios, porque, cuando los anuncian, pueden arroparse con la bandera de redentores de los pobres. Pero, además, porque, cuando los aplican, saben que, si los diseñan con bastantes alcabalas, van a terminar siendo aprovechados por ellos mismos, y por los “aparatchik” o burócratas que los mantienen en el poder.

Demás está decir que esas políticas condicionan el comportamiento de los ciudadanos, o de los agentes económicos, como los denominan los economistas. De los mismos que, acostumbrados a la proyección de sucesivas versiones de estas políticas, terminan buscando como beneficiarse en el cortísimo plazo de algo que difícilmente puede durar.

De ahí el comportamiento de los “ta’ baratos”, cuando la moneda estaba artificialmente sobrevaluada.  De los “raspacupos”, cuando los cambios diferenciales permitieron aprovecharse por un tiempo del arbitraje entre tasas. Del “acaparaminto” de -o más bien avituallamiento oportuno- a medida que inflación avanza, para desembocar en el “bachaqueo”. como una forma de rebusque con base en el cual se puede sobrevivir.

Por supuesto, estas reflexiones vienen a colación, por la manera como el gobierno ha introducido en el debate público la manera de suavizar el severo golpe de elevar el precio de la gasolina, a un valor medianamente cónsono con lo que es su precio de venta en los mercados internacionales. Ojo, que cuando hablamos de esa cifra, no nos estamos refiriendo al precio al detal en diversos países, porque se trata de precios que están distorsionados por impuestos al consumo relativamente elevados. Pero sí al precio al mayor de ese producto que no hace mucho producíamos en abundancia, y que hoy importamos desde los Estados Unidos a $ 80 por barril o $0,50 el litro.

El Gobierno ha dicho que todo el que adquiera un Carnet de la Patria, y se inscriba en un Registro para no se sabe qué, tendrá automáticamente acceso a gasolina a precios subsidiados.

Ante tal anuncio, a nadie, ni al gobierno ni a opinadores de oficio, les ha parecido un abuso que, en ese llamado a toda la población, aquellos que pudieran tener una o varias 4×4, carros de lujo o yates, puedan optar a un subsidio supuestamente dedicado a proteger a los más vulnerables. Por el contrario, el debate se ha centrado es en la obligación de portar un Carnet de la Patria, debido a que se trata de una imposición inaceptable, motivado a sus obvios visos de carácter político, cuando lo que basta es disponer de una cédula de identidad para tener derecho al citado subsidio.

La razón por la que el tema generador de debates ha surgido, tampoco ha sido por el anuncio de un consciente Programa de Ajustes Macroeconómico. No.  Sino porque, al eliminarle 5 ceros a la moneda, el litro de gasolina que hoy vale Bs 1,50, tiene que subir, por lo menos, a Bs S. 0,50 (Bs F. 50.000) o a un 32.333% si siguiera estando a tan solo $0,02. Mejor dicho, a un precio muy por debajo de los $0,50 que debería ser su precio de equilibrio, para garantizar la erradicación del contrabando de extracción y poder pagar la gasolina que se importa.

Ante esta situación planteada en tales términos, el problema no es la magnitud del aumento. Es la irresponsabilidad que siempre ha significado mantener un precio que equivale a un regalo que hacen los más pobres a los más acomodados, como a los contrabandistas de todos los colores y nacionalidades que se lucran con ese gigantesco diferencial.

Si al corregir ese entuerto se abre la posibilidad de que todos los que consumen gasolina tengan acceso a precio preferencial, entonces: ¿quién va a pagar lo que se necesita para que, efectivamente, la gasolina pueda ser producida y comercializada? Definitivamente, toda una obra de Ionesco, emblema del teatro de lo absurdo.

Difícilmente, se va a lograr que alguien, sean ellos los rusos, los chinos o el propio Fondo Monetario Internacional, va a estar dispuesto a financiar el gigantesco hueco fiscal que otras medidas, como este subsidio, se han producido -y seguirán produciéndose- en Venezuela a lo largo de los años.

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