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Earle Herrera: Santos drones

 

Ya había escrito “Malditos drones”, pero la inmediata santificación política de los aparatos empleados en el magnicidio frustrado contra el presidente Maduro, me hicieron cambiar el título de esta explosiva crónica. También lo sustituí al leer la declaración del ex presidente colombiano Santos, quien banalizó el crimen al decir que tenía cosas más importante que atentar contra Maduro.

La lengua castellana está llena de trampas e ironías, además de ser castigo del cuerpo, como ya se sabe desde la Torre de Babel. El término inglés “drone” significa “zángano”, un vocablo que pudiera ser perfecto sinónimo de “cachaco”. Pero la zanganería se queda corta cuando los Uribe y los Santos siembran su propia geografía de falsos positivos. ¿Qué quedará para los países vecinos, con frecuente cinismo llamados “hermanos”?

Santos intentó chistear que se ocupa poco de Maduro y que, el día del atentado, andaba en una obra sacramental, el bautizo de su nieta. Este argumento religioso también justifica el título de la crónica. Falta que digan que los drones estaban cargados de hostias. Empero, no olvidemos que el capo de la mafia, Al Capone, ordenaba masacres desde el confesionario. Después decía que estaba rezando o bautizando a un sobrino.

En cuanto a que tiene cosas más importantes que ocuparse de Maduro, los discursos, foros internacionales, entrevistas con Trump o Rajoy, desmienten a Santos. En todos esos actos de sus dos últimos años en la presidencia, el nombre de Nicolás Maduro fue una enfermiza obsesión, una fijación, una manía, una patología, qué sé yo. Esa inescapable maduromanía fue un hecho público, notorio y comunicacional. Lo último que hizo fue rogarle a Trump que cuando hablara con Putin le echara paja a Maduro. ¡Patético!

Los drones del magnicidio frustrado contra el presidente Nicolás Maduro, la primera combatiente, los podres públicos y el alto mando militar fueron santificados por la derecha nacional e internacional. Unos lo hicieron abiertamente, otros con su silencio. En estos casos, más que complicidad, la omisión es un crimen. Pero la santificación el terrorismo siempre se revierte. Por santos que sean los drones, los preanuncios de Santos fueron diabólicos.

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