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Carlota Salazar: Destruir o Construir ¿Cuál es la tarea del siglo XXI?

 

La humanidad evoluciona con los cambios sociales, que se logran en forma progresiva exigiendo, reclamando, proponiendo… Cada cambio entraña una acción revolucionaria que reivindica a los excluidos por razones de sexo, raza, edad, clase social, preferencia sexual… abriéndose paso entre quienes se resisten. En ese caldo de cultivo germinan las revoluciones, unas terminan logrando los objetivos propuestos y otras defraudando a propios y extraños, en una actitud gatopardiana, de cambiar para no cambiar nada.

Los cambios sociales han producido nuevas instituciones y reconocimiento de derechos, por justicia social. Así la Revolución Inglesa cambió el poder absoluto que tenían los monarcas, considerados enviados de Dios en la tierra; la Americana impuso los ideales democráticos de una nación; la Francesa marcó el fin del absolutismo e  ideales de igualdad, libertad y fraternidad; la Suramericana creó naciones libres y soberanas; la Primera Revolución industrial organizó la clase obrera en sindicatos; la  Segunda Guerra Mundial creó un nuevo orden internacional en torno la  democracia liberal representativa como el régimen político que reúne el mayor cúmulo de virtudes para la convivencia.

Sin embargo, la democracia liberal representativa ha quedado congelada en las elites políticas, sociales y económicas, sin que se traduzca en reivindicaciones sociales para las grandes mayorías, que no tienen mecanismos para canalizar sus demandas, lo cual ha generado la necesidad de cambio en el sistema político, por eso ganan elecciones las propuestas antisistema, caso EEUU, ahora en México, por ejemplo.

En Venezuela esa democracia representativa liberal cambió en el modelo constitucional a participativa y protagónica, pero el sistema político no permea, ni hace efectivo ese cambio, tan importante para todos. En efecto, el gobierno se ha dedicado, sin prisa pero sin pausa, a destruir. ¡Destruir todo lo que existía antes! la institucionalidad, la oposición, los servicios públicos, los valores, la forma de relacionarse… para controlar e inmovilizar a la gente a través del miedo, hambre y necesidad.

En una lucha interminable de buenos y malos en la destrucción y el exterminio, mientras que la sociedad padece calamidades. Allí están las imágenes del Joven Diputado Juan Requesens acusado de un atentado, pero que además de estar preso y sometido a juicio es expuesto al escarnio público mediante videos, i que se filtran, en la intención de desmoralizar a sus seguidores. El espíritu de siglo XXI está en la amplitud, de la libertad de conciencia, pluralidad, respeto a los valores, ecología, reconocimiento, inclusión…todos en el logro de objetivos comunes. Con el pensamiento puesto en el ser humano en sus carencias y necesidades de progreso, de ascender social, económica y profesionalmente.

Para cumplir con esta tarea debemos cambiar la forma de hace política, la forma de relacionarnos, con lo público participando, exigiendo obras, servicios públicos, proponiendo soluciones comunes que redunden en beneficio todos, bien común que llaman y que poco utilizamos, y en lo privado atendiendo a las necesidades del colectivo, recuperando la confianza interpersonal, respeto en la búsqueda de la convivencia. Entonces es necesario CONSTRUIR y no DESTRUIR.

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@carlotasalazar

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