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Discurso homenaje al natalicio de Andrés Eloy Blanco pronunciado por Jesús Castillo en Casanay

 

Hola, les envío mi discurso de orden sobre el 122 aniversario del Natalicio del poeta Andrés Eloy Blanco. Dicho discurso lo pronuncié en Casanay, Municipio Andrés Eloy Blanco, el pasado lunes 6 de agosto de 2018.

Abrazos,

Jesús

Rindo tributo a dos venezolanos sucrenses incrustados medularmente en la conciencia de los venezolanos: Don Andrés Eloy Blanco y Jesús Castillo.

El primero, Abogado, poeta, político, diplomático, intelectual venezolano quien diseminó nuestro gentilicio por el universo.

Mientras Jesús Castillo, – a Dios gracia vivo y compartiendo diariamente con nosotros- también abogado, periodista, Licenciado en ciencias políticas, y sobre todo, humano, pedagogo y creador del prototipo del nuevo hombre proactivo; Capaz de extraer a nuestra Venezuela del submundo de la ignorancia, profundizado, sobre todo, en estos últimos 20 años de vida republicana.

Ambos hombres tienen una cualidad común: “L luchan contra la barbarie política, la dictadura, la tiranía y el restablecimiento de los derechos fundamentales de la sociedad”.

Un abrazo para ellos; inclusive para USTED… Cristian Silva.

República Bolivariana de Venezuela

Cámara Municipal Municipio Andrés Eloy Blanco; Casanay-Estado Sucre

Andrés Eloy Blanco: descubridor e intérprete del alma venezolana

(Discurso de Orden con motivo del CXXII Aniversario del Natalicio del poeta cumanés)

Dr. Jesús Alberto Castillo

Casanay, 06 de agosto de 2018

Quiero agradecer, primeramente, a Dios, el gran arquitecto del universo, por darme salud y alumbrar cada uno de los pasos por este tortuoso camino que es la vida, principal escenario de aprendizaje. En segundo lugar, a los honorables miembros del Concejo Municipal de este hermoso municipio – enclavado en el corazón geográfico del estado Sucre y que lleva el nombre del insigne poeta cumanés Andrés Eloy Blanco – por brindarme la oportunidad de dedicarle unas palabras en su memoria, a propósito de un nuevo año de su nacimiento. En tercer lugar, al colega periodista, Otilio Rondón, hombre de letras y Cronista Oficial de este municipio, por darme la noticia de tan grata designación y en, cuarto lugar, a ustedes, apreciados ciudadanos, por su asistencia a tan loable acto, sacrificando otras actividades que, por circunstancias propias de la actual situación, debieron cumplir. A todos mi mayor respeto y consideración.

Estoy aquí con el ánimo de hablar no sólo del poeta sabor a pueblo que tanto conocemos, donde cada verso brota de los labios de niños, hombres o mujeres, sin importar clase social, sino del ser integral, del político ejemplar, del periodista vehemente, del connotado abogado y del municipalista apasionado; porque toda esa versatilidad se resume en Andrés Eloy, una persona maravillosa, fiel testimonio de grandeza y lucha por los ideales de libertad, justicia y democracia. Un coterráneo que, pudiendo aprovechar la gloria de poeta consagrado, se entregó por amor a Venezuela, su añorada patria. Por ella fue prisionero y sus pies sufrieron los pesados grillos de la opresión. Paradójicamente, tuvo que renunciar a ella y morir lejos de su presencia. Similar a esa dimisión que debemos hacer a los amores imposibles de nuestras vidas y que el insigne cumanés supo plasmar en “La renuncia”, uno de sus célebres poemas:

He renunciado a ti. No era posible.

Fueron vapores de la fantasía;

son ficciones que a veces dan a lo inaccesible

una proximidad de lejanía

(…)

 

He renunciado a ti, serenamente,

Como renuncia a Dios el delincuente;

He renunciado a ti como el mendigo

Que no se deja ver del viejo amigo

 

Como el que ve partir grandes navíos

Con rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;

Como el perro que apaga sus amorosos bríos

Cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;

Como el marino que renuncia al puerto

Y el buque errante que renuncia al faro

Y como el ciego junto al libro abierto

Y el niño pobre ante el juguete caro

 

Andrés Eloy no fue cualquier poeta. Sus versos supieron descifrar la esencia del venezolano. Escribió para ese pueblo de forma sencilla, pero con la altura y trascendencia de un enjundioso intelectual. Su prédica por la democracia, su deber con la verdad y su práctica de manos limpias le hicieron merecedor de un lugar especial entre propios y extraños. Por eso, en este día de su natalicio, considero fundamental hablar de sus distintas facetas para sentirnos orgullosos, como sucrenses, de ver en nuestro paisano el mejor ejemplo ciudadano de sembrar la semilla para levantar el más frondoso y fuerte árbol que es la República, a la que debemos regar para que jamás se seque.

Vio la luz Andrés Eloy, un día como hoy, hace ciento veintidós años en Cumaná, esa misma tierra a la que le cantó y llevó en el corazón todos los días de su agitada existencia. No es cualquier ciudad, ella es madre de excelsos poetas, de una pléyade de hombres y mujeres descollantes en diversas áreas del conocimiento y primera en los anales históricos de nuestro continente. Con justo valor el intelectual venezolano Arístides Rojas la bautizó con el nombre de “La Atenas de América”, aunque hoy naufrague ante el olvido de sus gobernantes. De ella el poeta se amamantó, tomó el calostro de sus primeros días y se abrazó al azul del anchuroso mal que la bañaba. Como decía el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa “nadie mejor que Andrés Eloy ha dicho la historia y la geografía de esta ciudad próspera. Aquí la luna es más bella y más puro el aire, y el golfo más claro y el río más sonoro y Pan de Azúcar más blanco”.

Esas loables palabras del destacado pedagogo son una pincelada del amor que sentía el poeta por su lar nativo. Por eso cuando en La Rotunda le avisaron que su ciudad fue destruida por el terremoto de 1929, sintió el más terrible latigazo en su corazón y escribió una serie de poemas que tituló “La Casa de Abel”. En uno de ellos exclama con profundo dolor:

Ciudad mía,

descuartizada junto al mar

doblegas la cabeza de tu torre,

elegida para tu cuarta prueba,

tus marinos de Araya quieren izarte en vano,

pero te arrías, como una vela!

 

Ya no te quedan muros

donde prenda el parral su manteleta;

ya no te queda boca para la voz del río

y esta noche, ciudad,

en el cantil donde se ahoga el grito

un barco anclado iza cuatro velas de piedra

y está a su bordo, encadenado al mástil,

oh ciudad, tu Poeta!

 

Quiso de esta manera, reflejarse en esa realidad dantesca que padeció su tierra. No es casual que uno de sus versos haya quedado perenne en la memoria del buen hijo errante que regresa a su hogar: “¡Benditos sean los pueblos que no se olvidan de sus hijos! Benditos sean los hijos que no se olvidan de sus pueblos”. No es para menos. De su natal Cumaná aprendió a valorar la estética del paisaje que llevó con exquisito y renovado estilo a sus poemas. Su casona oriental, adornada con inmensos claustros coloniales, portón, enredaderas, molino de viento, granados y una inmensa biblioteca, le sirvió de escenario para pulir su futura pasión por los estudios y la poesía, al igual que su sensibilidad y amor por su patria. En su hogar, rodeado, además, de un corral con guayabos y almendros y un parral de uvas dulces,  más de una vez el pequeño Andrés Eloy sabía que su poesía podía andar como una reina a sus anchas, lucir con la esbeltez y majestad  para impactar en la gran conciencia del pueblo venezolano.

Su estilo poético no estuvo encajonado a una escuela determinada. Si bien algunos críticos han considerado que su premiado “Canto a España”, escrito en 1923 y que fue su consagración como poeta, es una pieza modernista clásica, al estilo de Rubén Darío, no es menos cierto que tal poema le sirvió para reencontrarse con la génesis cultural de quienes vivimos en esta parte del continente y que, de forma inexorable, estamos ligados a la España de Cervantes, Garcilaso de la Vega, Antonio Machado y Federico García Lorca. Nadie, por muy crítico que sea, puede poner en duda que ese canto fue durante mucho tiempo referencia obligada no solo en los círculos literarios, sino en la boca de muchos universitarios que lucharon contra la dictadura gomecista. Hasta el día de hoy una gran parte de los venezolanos tarareamos los primeros cuatro versos de él:

Yo me hundí hasta los hombros en el mar de Occidente,

yo me hundí hasta los hombros en el mar de Colón,

frente al Sol las pupilas, contra el viento la frente

y en la arena sin mancha sepultado el talón

 

A partir de ese poema, el célebre cumanés se convierte en el descubridor e intérprete de nuestras raíces culturales. Toca el alma del venezolano, reinventa su letra y crea una nueva visión para proyectar a su país hacia el sendero de la libertad, la prosperidad y la convivencia social. No es de extrañarnos, entonces, que en el prólogo de “Barco de Piedra” – con ese título quiso semejar el Castillo Libertador de Puerto Cabello, donde estuvo preso muchos años – se autodenominó “colombista”, es decir, la responsabilidad del poeta de descubrir la realidad que tiene ante sus ojos para crear nuevos estadios. Andrés Eloy señala que “Homero crea un mundo. Es el Vate, el Vidente. Lo anuncia y lo prepara en sus personajes, en sus modelos; en esos modelos va a vaciarse el espíritu de Grecia. Homero lo ha pre-creado. Dante, inconforme del mundo que vivía, creó el suyo y en su Infierno, en su Purgatorio, en su Paraíso, distribuyó a los seres según su justicia”.

Observamos, entonces, que el insigne cumanés no es cualquier poeta, es un hombre culto, lleno de lucidez y entendimiento. Lector ávido, presto para la reflexión y la práctica cotidiana. Busca a través de sus letras tocar el alma del venezolano para crear conciencia de su maltrecho país y proyectarlo hacia otros senderos, de la misma manera como lo hizo Homero en su “Ilíada” y “Odisea”, y Dante Alighieri en “La Divina Comedia”. Con ambos poetas, cada uno en su contexto, balbucea el camino hacia un estado de nuevas sensaciones y vivencias donde lo importante es el ser humano y su calidad de vida. Pero a diferencia del poeta griego, ciego de vista, Andrés Eloy no habla de una batalla épica de dioses y mortales en Troya, enraizada de mitología y deidades. Ni tampoco en una odisea de Ulises por tierras inhóspitas y habitadas por cíclopes (esos enormes gigantes de un solo ojo que devoran carne humana). No, el poeta cumanés va a la propia realidad de la Venezuela de Juan Vicente Gómez, la del régimen del Bagre, como lo bautizara irónicamente en sus versos. Plasma la crudeza del militarismo, de la opresión y censura a las libertades públicas, se rebela contra el atropello a los más elementales derechos humanos, en una Venezuela que comienza a transfigurarse en su anatomía económica y social.

Andrés Eloy, al igual que Dante Alighieri, fue curtido en el campo diplomático y vivió en el exilio. Ambos poetas intentan trascender por un laborioso camino a través de sus letras. Pero el célebre cumanés no lo hace como el florentino, que recurre a un imaginario viaje con el poeta Virgilio por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso y descubre las diversas almas, unas condenadas al sufrimiento eterno y otras salvadas por la mano de Beatriz, excelsa representante de la fe cristiana. No, en Andrés Eloy el infierno está representado por la bota del militarismo, el purgatorio son las cárceles tenebrosas a la que son sometidos quienes desafían el oprobioso régimen y el paraíso aún no ha llegado, está por construirse en la Venezuela que ha de venir. En ese país con grandes oportunidades. Para ello hay que crear conciencia colectiva, instruir a la gente, fortalecer las instituciones democráticas, denunciar los vejámenes. ¡Es la poesía el arma más poderosa para conseguir el paraíso terrenal!  Eso lo sabe Andrés Eloy y  escribe  para el pueblo, cosa que no resulta tan fácil. Ello requiere conocer su idiosincrasia, llantos, temores, alegrías, frustraciones y otras vivencias que se abrazan a su ideario colectivo. Ese es el carácter “colombista” que adquiere la poesía de Andrés Eloy Blanco. “Es esa actitud creadora, de hurgar mundos nuevos, de descubrir a la América aun desconocida en su identidad y realidad. Es la inspiración del poeta y su esfuerzo revolucionario por situar al hombre en un peldaño de su propia superación”.

El poeta proyecta al país con su prosa, lleva consigo su miel acaramelada para deleitar a todos e invitarlo a un estadio superior, sacar a Venezuela del oscurantismo para hacerlo más humano. Se desvive por esa tierra que sigue preñada y no pare. Trata de marcar el viaje de ruta en el tiempo, por eso su poemario lo titula Baedeker 2000. Es la bitácora poética hacia la Venezuela futurista. La visualiza próspera, democrática, con hijos emprendedores, laboriosos y amantes de la República. Andrés Eloy se crece ante las adversidades, plantea una hoja de ruta ante el devenir del  tiempo. No se amilana y continúa su batallar contra la tiranía. Necesita ver un país libre y soberano. Es en la poesía donde se refugia, no para evadir la realidad, sino para hacerla vibrar y trastocar las fibras íntimas de ese pueblo que padece y sufre. Es el descubridor, cuan Colón navegante, de esa profundidad interna del alma venezolana para, luego interpretarla a sus anchas con sus bien guardados versos. Deja de ser romancero, para convertirse en vanguardista de un sentir popular.

También se rebela contra la realidad que le es esquiva. La desafía hasta la saciedad para mostrar que es capaz de silenciarla. Es contrario a lo soberbio y fatuo. Tal actitud la devela en su famoso soneto “A Florinda en Invierno”, cuyo contenido dice:

Al hombre mozo que te habló de amores

dijiste ayer, Florinda, que volviera

porque en las manos te sobraban flores

para reírte de la Primavera

 

Llegó el Otoño: cama y cobertores

te dio en su deshojar la enredadera

y vino el hombre que te habló de amores

y nuevamente le dijiste: -espera

 

Y ahora esperas tú, visión remota

campiña gris, empalizada rota,

ya sin calor el póstumo retoño

 

que te dejó la enredadora trunca

porque cuando el amor viene en Otoño

si le dejamos ir no vuelve nunca

Pero además de poeta, fue político. Pero un político de verdad, de ese Homo Politicus  que tanto Aristóteles se ufanaba de señalar en su prolífica obra, un ser capaz de conectarse y sentir el pálpito de los demás, lleno de virtudes públicas, formado en conocimiento y ética ciudadana, sensible a los problemas del pueblo, no acomodaticio.  Aunque haya dicho que él era un poeta prestado a la política, Andrés Eloy siempre tuvo pasión por el arte de servir a la gente. Vivió desde temprana edad los rigores impuestos por el régimen de Cipriano Castro y, luego en la dictadura de Juan Vicente Gómez, dejó de lado su confort de poeta aclamado y de abogado con bufete, para ponerse la boina azul y luchar con los jóvenes estudiantes contra el oprobioso régimen. Su tenaz comportamiento por un clima de libertades públicas le valió persecución, prisión, confinamiento y exilio. Prefirió esa vida angustiante que aquella signada por la pasividad e indiferencia de muchos intelectuales, empresarios y burócratas de turno.

A propósito de esto, es menester traer a colación unos fragmentos de su poema “Presentación Mural del Hombre Honrado” que dice:

Banquero,

Presidente de Carnaval

Director de Creches,

Filántropo de fiestas con frac

y cuadros vivos con patrias tiesas,

Oficial de la Orden del Libertador

Pendejo con palmas académicas,

ni le matas el hambre a nadie,

ni le quitas a nadie el frío,

ni le amparas a nadie el sueño.

Hay un límite entre todos tus designios honrados:

el gobierno.

Representas muchos intereses;

pero nunca recuerdas el interés del pueblo.

Que roben, que asesinen, que recluten,

pero que tú y la Cárcel se saluden de lejos;

la honradez y la Patria no habrá sufrido nada

mientras tú no estés preso.

Su pasión política lo llevó a incursionar en el periodismo, en ese mundo donde la opinión se nutre de entereza para tejer el más opulento andamiaje social, impregnado de realidades y sentimientos colectivos. En cada trazado de su pluma escrita, Andrés Eloy va describiendo, analizando y anunciando la Venezuela que sufre, la de los jóvenes que marchan en pro de la libertad, la mujer que es abandonada por su esposo, el campesino que se va con la esperanza detrás de un hombre a caballo, o el niño que llora por falta de alimento. Es la expresión del venezolano simbolizada en  Juan Bimba, producto de su creación literaria. Por eso, posterior a la muerte del dictador Gómez, en febrero de 1936 lanza al mar, junto a otros ilustres venezolanos, los grillos que lo tuvieron en cautiverio. Luego, va a fundar el partido Acción Democrática, donde ocupa la Vicepresidencia. Su accionar político, aunado a su brillante poesía y apoyo popular, son elementos para que fuera electo concejal y diputado, en contextos diversos.

La versatilidad del cumanés no se hizo esperar. Su vocación periodística lo llevó a tener tres importantes columnas “Reloj de Piedra (El Nacional), “Puerta sin llave” (El Universal) y “Campanadas” (El País), las cuales se convirtieron en espejos radiantes de los variados tópicos sobre derecho, filosofía política, cultura, peculado, personajes, ética y municipalismo. Sobre este último aspecto, no hay que olvidar que Andrés Eloy fue Presidente de la Asamblea Constituyente de 1946, que permitió consagrar un capítulo entero al régimen municipal venezolano. Al respecto, el expresidente Rafael Caldera, quien fue el vocero de la bancada opositora en esa instancia, lo denominó “amortiguador de la Constituyente”.

Para el líder socialcristiano, las circunstancias habían colocado a Acción Democrática en el poder político, gracias a un novelista popular de la estatura de Rómulo Gallegos, y a un poeta popular de la talla de Andrés Eloy Blanco. Dice el Dr. Caldera “No fue tranquilo, sin embargo, el clima en que se reunió la Asamblea Constituyente de 1946. Catorce largos meses habían pasado y en ellos había habido ya choques, medidas de emergencia, incidencias diversas que la Nación conoce. La campaña electoral fue agitada (…). El clima estaba preparado para que la Asamblea degenerara en hechos de violencia. Hoy viendo a la distancia aquel agitado panorama, resalta la elevada función pacificadora que desde su curul de Presidente tocó desempeñar al Representante Andrés Eloy Blanco (…) El influyó, como ninguno, en mantener la unidad orgánica de un cuerpo dividido en fracciones ardientemente opuestas. Y cuando la violencia verbal hacia parecer lo imposible la permanencia de la minoría en el seno de la Asamblea, él buscaba en los inagotables recursos de su talento la manera de echar, sin aparecer desautorizando abiertamente a sus más apasionados compañeros, un refrigerio sobre el espíritu atormentado de la Cámara, que era un eco del espíritu angustiado de la Patria”.

Estas palabras del expresidente Caldera ponen en evidencia el gran talante democrático, el respeto y tolerancia hacia sus adversarios políticos que estaban presentes en Andrés Eloy. Esta actitud debe ser emulada por los políticos actuales, más allá de sus parcelas e intereses grupales. La cordialidad del autor de “Giraluna” se hizo sentir entre propios y extraños. Jamás vivió del rencor ni de la zancadilla. Perdonó con estoica madurez. Eso se refleja en su famoso poema “Coloquio bajo el olivo”:

“Por mi ni un odio hijo mío

ni un solo rencor por mi

no derramar ni la sangre

que cabe en un colibrí

Si seguimos hurgando sus versos, vemos en ellos una visión optimista del hombre, un ser, que a pesar de sus vicisitudes, ama con fuerza. Así lo refleja en  “Autorretrato”:

De la montaña ideológica

Quedó una frase de divinidad sustantiva;

El hombre es una fuerza que ama

 

Ayer fueron los lobos a comer a mi puerta

Y el lobo es el hombre del lobo

 

De manera que el poeta cumanés pone patas arribas aquella frase de Thomas Hobbes, en su “Leviatán, donde “el hombre es el lobo del hombre”. Este último concebía al hombre como animal natural  que goza del derecho absoluto, se enfrenta a la necesidad de asociarse para combatir las penurias y el peligro. Pero, su instinto primitivo lo lleva luchar permanentemente contra sus semejantes, lo que generala propia extinción humana. Por ende, justificaba la instauración de un poder absoluto encarnado en el monarca. Contrario a esta visión, Andrés Eloy proclama al hombre como un ser que nace bueno, pero son las cadenas de la opresión que lo lleva a tener un comportamiento según las circunstancias. Valdría, entonces, preguntarnos ¿Incurre en ese comportamiento Juan Bimba?, el personaje que creó para simbolizar al pueblo venezolano.

Al respecto, el poeta cumanés escribe:

1930: Juan Bimba

Es el hombre del pueblo de Venezuela

se llama Pedro Ruiz,

Juan Álvarez,

Natividad Rojas,

pero se llama Juan Bimba

 

Es buena persona,

puede matar pero no roba nunca,

su malicia no es mala,

nace del mal que le han hecho

y por eso Juan Bimba lo dice todo a medias,

le echa media mirada a las cosas

se masca su trabajo y su verdad se traga

Como ensayista, se esmeró en crear conciencia colectiva. Su ideario, bien pudiera adentrarse como contribución a una sociología política del venezolano. Quiso mostrarle a sus coterráneos que el valor del sacrificio vale mucho para la superación personal, que el conformismo conduce hacia la condena definitiva del ser humano.  Así lo expresó en uno de sus ensayos, escrito el 3 de julio de 1944: “es necesario que el venezolano, el más pobre, el más desventurado de nuestros compatriotas, no tenga simplemente con que llenar una necesidad, sino que tenga esa necesidad; porque lo más trágico es que un hombre no tenga zapatos que ponerse, sino que no haya sentido nunca la necesidad de tener zapatos. Hay que crear en el hombre la necesidad de dejar el chinchorro por la cama; hay que crear en el hombre la necesidad de dejar la alpargata por el zapato; hay que crear en el hombre la necesidad de dejar el simple buche de agua por el cepillo de dientes. Es necesario que el hombre no se acostumbre a vivir conforme bajo un rancho en piernas, a la intemperie y sin los elementos necesarios contra la plaga; es necesario crear en él el estado de rebeldía fisiológica que le hace asumir la propia defensa de su vida”. Y ahora, en esta plaza, les pregunto a ustedes, ¿siguen vigentes estas palabras del poeta en la Venezuela del siglo XXI?

La versatilidad de Andrés Eloy se pierde de vista. Fue un defensor, también, a ultranza del municipio, al que contribuyó como concejal y Presidente de la Asamblea Constituyente, respectivamente. Una praxis que llevó a cabo porque creyó en esa unidad política primaria, origen y razón de ser de nuestra nación. Justo en un homenaje que le rindiera al concejal asesinado Henrique Chaumer, ante su tumba, el 25 de septiembre de 1909, expresó “El municipio está en nosotros, como un hecho natural (…). El municipio hace las repúblicas. Junta, solidariza (…). El municipio es la Patria, pero la Patria, sin los arreos del lujo. No es la Patria con la majestad que queremos darle para que la vean las otras patrias. Para ello tenemos la representación nacional. El municipio es la Patria en la ciudad y en el campo, en traje de casa, haciendo sus quehaceres, sacándoles la cuenta a sus empleados, anotando la lista del mercado, departiendo el compás de la chancleta que va y viene mientras la escoba limpia la casa de lo sucio y desgarra la cortina de las telarañas anacrónicas. El municipio es la Patria que paga el diario y quiere saber lo que se come y discute con el pulpero y le da de mamar al hijo que llora y se fija en los zapatos rotos y encuentra muy cara el azúcar para la pobreza de sus niños”.

De manera que, estimados concejales,  ustedes, como leales representantes del poder más cercano al pueblo, deben verse reflejados en esas elocuentes palabras del bardo cumanés y seguir luchando para que el municipio no languidezca jamás. El propio poeta lo decía “Y el día que a Venezuela se le quitara su entraña municipal, sería como invertirle su geografía: el mar desembocaría en el río, el río desembocaría en el arroyo, el arroyo desembocaría en el manantial, el manantial desembocaría en la nube. Y la nube desembocaría en una gota de sal con agua en los lagrimales de la Patria”. Desde esta tribuna pública y sintiendo el calor del pueblo casanayero, les invito a que  no permitan que intereses ajenos profanen la integridad de esta heroica instancia municipal, fuente de alimentación de nuestra República y caja de resonancia de los principales problemas del pueblo.

Distinguido pueblo del Municipio Andrés Eloy Blanco, vivimos tiempos muy duros. El momento es propicio para no desmayar ante las adversidades. Un fatal accidente automovilístico en Ciudad de México nos quitó la vida de este insigne venezolano que tanto amó a su Patria. Se nos fue sin cristalizar su gran sueño, ver a una Venezuela unida, sin el oprobio de una dictadura militar. Visualizar a Juan Bimba superado, conduciendo los destinos de un país próspero y en paz. No obstante, su ideario sigue vigente y él anda por allí vigilante, esperando que tomemos riendas en la verdadera construcción de la República, con instituciones democráticas creíbles y que funcionen a favor de los ciudadanos, con escuelas de calidad para nuestros niños y jóvenes, con un poderoso apalancamiento de la economía productiva. En este nuevo natalicio de Andrés Eloy estamos llamados a revivir su pensamiento. No podemos conformarnos con escuchar un discurso más y quedarnos cruzados de brazo. Ese gran hombre que palabreó la Loca Luz Caraballo y exprimió las Uvas del Tiempo sigue presente y espera mucho de nosotros.

Ya para despedirme quiero tomar unas palabras de otro gran poeta venezolano y, que a pesar de no comulgar políticamente con él, fue su entrañable amigo, me estoy refiriendo a Miguel Otero Silva, excelso en la palabra y combatiente de la izquierda venezolana. El autor de Casas Muertas dijo “Andrés Eloy Blanco murió desterrado, sin alcanzar a ver el levantamiento de su pueblo con que soñaba, ni la hora de soltar los prisioneros con que soñaba más todavía (…). Desde entonces anda por ahí, vuelto flor de bucare, brizna de hierba o pelusa de algodón, asomado al destino de los niños desnudos que construyen rosas con el barro de los aguaceros, vivo y erguido sobre su muerte como sobre un caballo”. Así, que heroico pueblo de Casanay, no podemos defraudar a Andrés Eloy Blanco. Cumaná es privilegiada por ser su cuna, Pero ustedes son benditos por habitar en el municipio que lleva su nombre. Salgamos tomados de la mano para luchar por la democracia y la prosperidad venezolana. ¡Muchísimas gracias!

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