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Leopoldo Puchi: 20-A: Expectativas exageradas

 

En las altas esferas gubernamentales existe hoy mayor conciencia de la necesidad de adelantar un programa de estabilización macroeconómica para detener la hiperinflación e incrementar la producción nacional. En esta dirección se inscriben las medidas anunciadas que comenzarán a concretarse a partir del 20 de agosto en ámbitos como el de la política cambiaria y el aumento del precio de la gasolina y de los servicios.

Para la misma fecha está prevista la adopción de un nuevo cono monetario que tendrá un impacto elevado en la cotidianidad de las transacciones, pero que no es en sí mismo un componente de un programa de estabilización, sino un instrumento que agiliza las compras en efectivo, al requerirse un menor número de piezas, y facilita la facturación y los asientos contables, al disminuirse  la cantidad de ceros y liberarse espacios en los dispositivos electrónicos.

Aunque con la reconversión ni gana ni pierde valor adquisitivo la moneda, se han generado expectativas exageradas, lo que puede generar nuevas frustraciones. Sobre todo, porque de las verdaderas medidas macroeconómicas, como la cambiaria, solo se conoce la derogación de la Ley de ilícitos, pero no se ha esclarecido cómo se realizarán las operaciones ni el mecanismo de formación del precio de las divisas. Tampoco se ha dilucidado cómo funcionará el anclaje del bolívar soberano al petro y se desconoce si se continuará emitiendo moneda para cubrir el déficit fiscal. Se han dado pasos en una dirección correcta, pero el 20-A no será un día mágico.

Papel de la iglesia

El atentado del 4 de agosto hubiera podido ser la ocasión para que se diera un paso de acercamiento entre todos los sectores del país, ya que en la actualidad en todo el planeta se ha impuesto como doctrina la condena unánime de las acciones armadas que reúnan las características de los métodos terroristas, al margen de quien las realice o los motivos políticos, éticos o religiosos que las expliquen.

Sin embargo, hay que constatar que no ocurrió así. Hay quienes intentan explicar esta circunstancia en razón de consideraciones sobre la falta de credibilidad del Gobierno. Tal vez esto hubiera podido influir en la reacción inicial pero no explica que todavía hoy no se haya podido alcanzar esa “posición común” contra el terrorismo.

Si alguna institución hubiera podido tomar la iniciativa en la creación de un punto de encuentro, sería la Iglesia católica, en razón de su misión religiosa, sus valores y principios, en particular frente al espectro de la muerte. Y aunque ya han pasado las semanas, todavía está a tiempo para reaccionar y despertar antes de que cristalice de forma definitiva en una porción del país, pequeña pero influyente, la siniestra visión que justifica la utilización del método del terrorismo en el caso venezolano. Quizás sea el momento de actuar sin beligerancia y de dar pasos desde otra perspectiva pastoral. Un aporte sustancial pudiera darlo el cardenal Baltazar Porras, ahora al frente de la arquidiócesis de Caracas.

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