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Aurelio F. Concheso: Anclaje y emisión monetaria son incompatibles

 

En la antesala de la eliminación de cinco ceros a la moneda nacional, ha habido un barraje de anuncios presidenciales que dejan entrever que, en efecto, hay una suerte de reforma monetaria heterodoxa en ciernes.

Tales anuncios son: despenalización cambiaria, con promesas de una liberación del control cambiario que no termina de llegar; llevar la gasolina a “precios internacionales” sin precisarse de qué precio concreto se habla; subsidios compensatorios focalizados, pero no a los más necesitados, sino a quienes, sin discriminación de nivel de ingreso, opten por un carnet de tinte político; y tal vez la medida más crítica, es el anclaje del nuevo signo monetario a una cuasi-criptomoneda, pero a través de ella al precio de un commodity, como es  el petróleo.

Dejando a un lado la discusión sobre la validez del instrumento al cual se ancla, se pregunta uno: ¿Realmente, quienes hacen estos anuncios saben de lo que están hablando? Porque anclar una moneda a algo que preserva su valor en el tiempo, el dólar, el euro, el precio del oro, o algo similar, significa establecer lo que se conoce como una “Caja de Conversión” o Junta Monetaria. Pero eso, a su vez, requiere comprometerse de manera explícita a que el Banco Central o la Autoridad Monetaria Nacional, no emitirá un bolívar más en adición a los que están en circulación para el momento del anclaje.

El motivo para esas acciones tan duras, es que, contrariamente a lo que pudiera suceder en inflaciones severas, pero de menos del 100% anual, como las que Venezuela sufrió por varias décadas y en donde las causas fueron múltiples, en hiperinflación hay una sola cosa que alimenta el fenómeno. Y eso no es otra cosa que la creación electrónica o impresión de dinero sin respaldo.

El Gobierno no sigue imprimiendo porque sea masoquista. Lo hace debido a que, en términos de valor real, sus ingresos por vía de impuestos se están desplomando, lamentablemente. Y mientras más imprime, más severo es el desplome. Es, pues, el típico caso del perro tratando de morderse la cola.

Uno hubiera pensado que si hace ya varios meses se tomó la decisión de anclar el nuevo Bolívar, el Banco Central de Venezuela hubiera empezado a reducir su creación de dinero paulatinamente. Pero resulta que está sucediendo todo lo contrario. Para principios de año, el aumento mensual de la liquidez estaba en 25% mensual; en marzo, era del 61%, y para la última semana que registra el ente emisor en sus estadísticas, la primera de agosto, había subido aún más: a 82% mensual. Es más, el aumento interanual, que para mayo era 6.000%, y que, de por sí, ya era una cifra gigantesca, ahora está en 12.434%. Y lo que esto deja entrever, es que quien controla el teclado del Banco Central desde donde se aumenta la liquidez, no se ha enterado de que se va hacia un anclaje.  O, peor todavía, deliberadamente, está impidiendo que eso se logre, porque está contraviniendo las órdenes superiores.

Los voceros gubernamentales se empeñan en decir que la hiperinflación es culpa del termómetro, a saber, Dólar Today.  Pero lo dicen, y no hacen mención alguna, tal vez porque no entienden el fenómeno, o debido a que el culpable está en sus propias filas. También, quizás, porque piensan que el sobregiro que le permite esa impresión al Gobierno, puede durar para siempre y consecuencias.

Por lo pronto, precisamos que tomar en serio un anclaje monetario, también tiene consecuencias colaterales que el espacio no permite reseñar. Pero sí se puede afirmar que mientras la política monetaria se debata de manera bipolar, entre ofrecer un anclaje y aumentar la masa monetaria con abandono, la única resultante puede ser que la hiperinflación alcance niveles insospechados en la antesala de un colapso de la moneda.

Sin duda alguna, al alto Gobierno, que se empeña en decir que está comprometido con un anclaje que elimine la hiperinflación, más le convendría, antes que satanizar al mensajero, quitarle el teclado a quien está alimentando el incendio desde el propio Banco Central de Venezuela.

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