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Arturo Molina: Los juegos de la muerte

 

El anuncio gubernamental realizado por Nicolás Maduro el viernes 17 de agosto 2018, ha dejado una estela de incertidumbre en la sociedad venezolana. El esquema de quebrar al sector privado, para apropiarse de sus empresas, ya no es a la espera del próximo año, o bajo la medición política del costo que ello acarrea, se ha hecho de un solo porrazo a través del incremento del salario mínimo con el auspicio del nuevo cono monetario, llamado Bolívar Soberano, anclado a moneda ficticia, inexistente, denominada Petro, pero calculada con base al precio del barril de petróleo a través del dólar.

Se habla de la dolarización de la economía, se culpa al sector privado, pero no se dice nada de la inflación que genera el desplome del valor del bolívar, y tampoco sobre el control de precios que distorsiona el mercado, reconociendo disimuladamente el precio del dólar en el mercado negro, asumiendo sin vergüenza alguna que se generó dinero inorgánico a granel para mantener a sus piratas haciendo gala de la fiesta emprendida bajo el manto de la corrupción.

El monopolio que tiene el gobierno al ser el único dueño y distribuidor de la divisa extranjera, sin controles, o tal vez con funcionarios acostumbrados a chupar del dinero público, llevo a la desaparición de más de 90 mil millones de dólares en tiempos de la revolución siglo XXI, de los cuales en 2013 se evaporaron 25 mil millones. Hoy apelan nuevamente a la devaluación para robar descaradamente el dinero de los ciudadanos, y para colmo, aumentan los impuestos para terminar de pulverizar los ingresos de las personas y sus grupos familiares.

Apuesta el régimen castro-chavista-madurista-diosdavista a la estatización de la economía y la implantación definitiva del sistema colectivista bajo el manto del control de élite militar para que les ayuden a mantener la desgracia planificada contra los ciudadanos. Auspician con frenesí el sostenimiento de las mafias en torno al alto gobierno, bajo la tutela de la impunidad. La disciplina fiscal no existe, menos la austeridad. Todo es palabra hueca. El guiso es su deleite y perversión.

Hay quienes se crecen con el anuncio del oficialismo. Oír que te llevaron el salario a 180 millones de bolívares (1.800bsS), genera expectativa ante la crisis social que se vive, pero eso es el resultado de la planificación adelantada por el régimen para terminar de arrodillar a los ciudadanos. El tema de la gasolina y el precio de los alimentos es paquete gubernamental. Lo concreto del asunto es la escasez para crear la pobreza y con ello la dependencia. Consiguieron la formula (lo repito) con el llamado Carnet de la Patria. Las dádivas se siguen anunciando por esa vía, y es a ello a lo que apuesta la persona, porque no ve salida.

El entreguismo es de tal naturaleza, que hasta los más pintados hacen su cola, para obtener su beneficio. La pregunta sería ¿está en capacidad el oficialismo de subsidiar a 30 millones de venezolanos, si todos decidieran sacar el fulano carnet? No faltan, claro está, los que hacen bulla para la protesta, pero se quedan ellos en casa. Pero, realmente ¿hay conciencia ciudadana para obligar a la renuncia del actual mandatario? ¿Dónde está la fuerza?

Hay quienes acusan a la oposición de los errores cometidos. Muchas cosas se podrían decir, si de buscar culpables se trata, pero no es ese el camino. Todos tienen su grano de culpa en lo que acontece para tener el sistema de gobierno colectivista al frente de Venezuela. Hay que sacudir el odio y buscar el encuentro para el restablecimiento del sistema de libertades. Ejemplos de países que viven en gobiernos liberales de corte capitalista o socialista existen y actúan en correspondencia con ese sistema.

Los extremos hacen daño en la acción política porque se convierten en auspiciadores de la anti política. Allí están surgiendo cantidad de laboratorios para mentalizar a las personas de que todo es malo y el salir a matarse es lo bueno. Equivocados quienes a sí lo están pregonando a escondidas, pero a través de las redes sociales consiguen hacer el colchón, aprovechando la desesperanza lanzada desde el régimen, quienes buscan precisamente la confrontación.

La dirigencia política racional tiene un serio compromiso ante el país, tanto para los adversarios al régimen como para los seguidores del mismo. El nuevo amanecer requiere de organización, planificación, liderazgo, disciplina, inclusión y coherencia, para restablecer confianza y credibilidad. Hay que enfrentar con táctica y estrategia POLÍTICA el juego de la muerte impuesto por el socialismo siglo XXI a los venezolanos.

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@JARTUROMS1

www.jarturomolina.blogspot.com

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