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Jaime García: ¿Que nos detiene?

 

¡Que molleja primo!. Los venezolanos estamos viviendo la realidad que viven los países hermanos cuando son arrasados por catástrofes naturales o cruentas guerras. El hambre burreada llego para quedarse. El éxodo vergonzoso de ciudadanos y familias enteras es impactante en las fronteras venezolanas. El desabastecimiento de medicinas e insumos médicos es bíblico. Los servicios públicos (Agua potable, energía eléctrica, telecomunicaciones) aparecen y desaparecen como si fueran cometas galácticos.

Cada día, mueren de mengua en los hospitales compatriotas venezolanos por carencia de  insumos médicos, falta de asepsia e higiene  a los equipos e instalaciones hospitalarias, etc. Esos muertos solo los lloran sus dolientes. Las autoridades niegan esta realidad. Si los muertos salieran y espantaran seguramente los responsables de estas muertes no durmieran de noche.

En efecto, Venezuela, el país más hermoso del mundo, dotado por nuestro creador de todas sus grandezas, maravillas y muchas riquezas ( petróleo, gas, oro, diamante, hierro, aluminio, tierras fértiles en abundancia, pesca fluvial y marítima y un largo etcétera) hoy día producto de un manejo indecoroso, indebido, irracional y supina de estas riquezas ya nombradas sus ciudadanos deambulamos famélicamente por sus calles, por sus caminos y veredas con la mirada perdida, buscando nuestros alimentos, nuestras medicinas, empleo, salarios dignos y rogando al señor amparo contra la delincuencia organizada y no organizada.

Los gobernantes ineptos y burócratas temen a las protestas. Sienten pánico cuando el soberano exterioriza su malestar a través de marchas pacíficas. Cuando ocurre eso, al gobernante de turno le desaparece la egolatría y la soberbia.

Que nos detiene para realizar protestas pacíficas, pero enérgicas? Que nos detiene para exteriorizar nuestro sufrimiento? No es tiempo de ocultar nuestro modo de vida precaria. Llego la hora de decirle “NO” a la dieta ideológica comunista. Es ahora cuando debemos levantar nuestra voz, siguiendo la letra de nuestro patriótico himno nacional.

Nuestros derechos humanos están en extinción. Ya está bueno de llorar en nuestro rancho rumeando el hambre y la miseria. Dios está con nosotros.

Si los hijos del dolor marchamos y protestamos pacíficamente como un solo hombre. El cambio, la prosperidad y la verdadera felicidad suprema está a la vuelta de la esquina. Que nada nos detenga.

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