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Rafael Simón Jiménez: El plan de maduro: El  barranco económico.

 

Quienes podían guardar remotas expectativas en un cambio de rumbo económico que pudiera remediar la ruina y destrucción propiciada por este gobierno, disiparon sus últimas esperanzas al descifrar la interminable perorata con la que el alicaído Presidente, trato de explicar las medidas que acompañaran a su inútil reconversión monetaria, y que lejos de ubicarse en la perspectiva de mejorar la agobiante situación que viven los ciudadanos se encargara de agravar todos los males.

Pareciera radical cuando se afirma que la única manera de iniciar la reconstrucción y el relanzamiento de la destrozada  economía venezolana, es una transición política que sustituya democráticamente en el gobierno a quienes con su incompetencia y voracidad peculadora se han encargado de demolerla en sus bases productivas. El anuncio de un conjunto de medidas improvisadas, incoherentes, contradictorias y sin asidero en la realidad del País, vienen a corroborar la tesis de que la superación de la terrible crisis que hoy atormenta la existencia de los venezolanos solo es posible con un cambio en la dirección de la economía y en el timonel de la Republica.

Muchas  de las iniciativas económicas planteadas por Maduro, pudieran ser teóricamente correctas, pues implican revisiones de los anacronismos  ideológicos que anidaban en la galimatica idea del “socialismo del Siglo XXI “, solo que ha sido tanta la destrucción de Venezuela que la mayoría de ellas no rendirán  resultado positivo alguno porque además no están inscrita dentro de una visión y un programa integral que ataque los múltiples puntos neurales de una economía arrasada como la venezolana.

Suspender por ejemplo el control cambiario y establecer un cambio único y flotante, es una medida sensata, reclamada desde hace años, ahora cuando se asume, el estado venezolano se encuentra con unas reservas internacionales menguadas, donde el estado que es el principal aportador de dólares a la economía  no está en capacidad de suministrarlos y por tanto es previsible una mayor devaluación llevando el dólar a niveles estratosféricos con todas las consecuencias sobre una economía que necesita importar al menos el 70% de los bienes y servicios de consumo y de materia prima que demanda, lo que repercutirá en la ya inaguantable hiperinflación.

El aumento salarial, justo, pero exagerado para ser asumido de un solo golpe por los sectores productivos, será otro estimulante de la subida incontrolada de los precios al colocar en manos de la gente mayores bolívares, que demandaran un número cada vez más  escaso de bienes, estimulando además los subproductos indeseados de esta patología económica: el mercado negro, el remarcaje de precios, la especulación, el acaparamiento y el bachaqueo.

La industria Nacional hecha añicos por todos los desaciertos y disparates gubernamentales, no posee en el corto plazo la capacidad para expandir su producción, ni tampoco cuenta el estado con los dólares necesarios para cubrir la demanda vía importaciones, por lo que no se necesita ser un especialista en el tema económico para prever el desastre. La recuperación del sector productivo nacional requiere confianza, un marco jurídico propicio, y grandes inversiones en materia prima, pago de deudas y actualización tecnológica sin las cuales no podrá recuperar su potencial para atender la demanda nacional.

Este o cualquier plan económico en Venezuela requiere amen de estimular la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros, para traigan sus capitales al País, un fuerte financiamiento público en infraestructura, materia prima, y ahora y como asunto prioritario en la reanimación y recuperación de PDVSA empresa petrolera  estadal colocada en la ruina financiera, tecnológica y operacional bajo la cleptocracia Roja, lo que requerirá grandes volúmenes de recursos estimados prudencialmente en 80.000 millones de dólares en préstamos, reestructuración y refinanciamiento de deuda, ayuda y cooperación,  que solo son posible obtener en el sistema financiero multilateral ( FMI-BM-BID-CAF ) en el que el gobierno venezolano está bloqueado por mala paga y además por las  sanciones  impuestas por la comunidad internacional  por violaciones a los derechos humanos y al orden democrático, por lo que no podrá disponer  de los recursos para tratar de incrementar la menguante producción de hidrocarburos.

Venezuela necesita prioritariamente para salir del barranco económico en que la ha metido este gobierno un plan coherente, que restituya los equilibrios macroeconómicos, que priorice tres objetivos: la recuperación de PDVSA autentico musculo financiero sin el cual es imposible cualquier reactivación, la lucha contra la hiperinflación y la recuperación y defensa del poder adquisitivo de los ciudadanos, y que envíe señales claves a los agentes e instituciones económicas nacionales, internacionales y multilaterales, sin cuya asistencia es imposible salir adelante.

No se necesita ser clarividente ni pitoniso, para adelantarse a asegurar el fracaso estrepitoso del denominado “paquete Rojo “, la economía tiene reglas y leyes que rigen su desenvolvimiento y que no son posible subvertir sin pagar un alto precio. Lamentablemente las consecuencias de este nuevo disparate la pagara el extenuado pueblo de Venezuela, y sobre los mayores sufrimientos se reforzara la convicción colectiva de que solo saliendo de este malhadado y depredador régimen es posible iniciar entre todos la desafiante y titánica tarea de  reconstruir a Venezuela.

 

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