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José Ángel Borrego: La última pluma del gallo de Stalin

 

Usted, amigo lector, debe conocer la cruel anécdota atribuida a Josef Stalin según la cual ante la atribulación de un colaborador suyo por la presión que ejercía el dictador ruso al pueblo soviético, tomó un galló y le fue arrancando las plumas, una a una, para que sufriera al máximo. (Típico del comunismo) Una vez hecho esto lo soltó y comenzó a lanzarle granos de maíz mientras caminaba. El gallo adolorido, supone uno, seguía los pasos de Stalin para al menos comer maíz. “Así es el pueblo” comentó Stalin a su preocupado ministro. Y con ese “estilo” sanguinario Stalin pisoteó la dignidad de los soviéticos como ningún otro dictador en la tierra. Imagina uno que después se habrá engullido al gallo para rubricar la faena, De no haber muerto, tampoco habría quedado ruso en pie.

El viernes 17 en horas nocturnas (se cuidó de perturbar infantes) el Stalin nuestro se ensañó con el gallo nuestro. Arrancó tal vez la última pluma que nos quedaba en el esqueleto forrado con piel que sustituyó a nuestra anterior estructura física. Infiere un amigo que Maduro, ajeno al conocimiento económico y habiendo confesado que él mismo diseñó lo que bautizó de “anclaje recuperador” el cual tiene como objeto la “producción de riquezas” mediante una supuesta “economía productiva”, ignora el daño que ocasiona con las medidas anunciadas ninguna de las cuales puede ser justificada más allá de esa orfandad absoluta de erudición, pero aún más grave, el desprecio hacia ella. Tal vez el presidente Maduro detesta a todo aquél que sabe algo y por ello en su gabinete no tiene acceso ningún cerebro que pueda ayudarlo a no cometer tantas “travesuras”.

¿A quién puede ocurrírsele (además del mismo Maduro) incrementar los salarios en 3.500 % de un plumazo (¿de gallo?) y aun así sonreír con cara de yo-no-fui? Ni siquiera Chávez habría sido capaz de tanto estropicio. Estuvimos frente al televisor durante todo el trayecto discursivo del presidente. Fuimos testigos no solo de la barbaridad anunciada sino de la cara de sus ministros (asombro puro) cuando fueron también sorprendidos por Maduro. Alguno permaneció con rostro pétreo, no porque conociera con antelación el zarpazo, sino porque le hablaron en chino.

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