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Cinco escritores dicen qué libros deberían ser leídos en las escuelas

 

El diario The New York Times ha entrevistado a varios escritores para preguntarles qué libros deberían ser leídos en las escuelas.

Es que durante siglos los profesores se han encasillado en lo que ordena el currículo escolar. Y ya se sabe que no es lo mismo ver a la literatura desde la academia que desde el punto de vista de los escritores.

A continuación, las opiniones de cinco de esos escritores que ha consultado el diario estadounidense.

John Green

La Biblia, sobre todo las traducciones más antiguas (disfruto especialmente la versión del rey Jacobo). Ya no soy religioso, pero creo que es verdaderamente una tragedia que no haya más personas que estudien la Biblia, porque tiene todo como obra de literatura: poesía, filosofía, narración, mitos, ficciones, acertijos, fábulas, parábolas y alegorías. Sus oraciones son provocadoras pero también desconocidas; se resisten a que haya una sola interpretación. No ceden a nuestro entendimiento.

Tara Westover

Me encantaron tantas de las novelas y obras que leí en el bachillerato —desde La canción de Salomón hasta Hamlet—, pero siempre sentí que hacía falta poesía. Por años me sorprendía o desconfiaba cuando aparecía un poema en mi asignatura porque pensaba que todos los poemas son viejos y confusos y aburridos. Hasta que el verano antes de empezar la universidad leí Good Woman: Poems and a Memoir de Lucille Clifton. Era la primera colección de poesía que devoré por completo y despertó un amor por un medio que con frecuencia no se enseña bien o se evita.

Si pudiera diseñar mi propio plan de estudios incluiría estas colecciones: Good Woman; Looks, de Solmaz Sharif, y The Virginia State Colony for Epileptics and Feebleminded de Molly McCully Brown. Todos son hermosos y extienden una invitación para ver el mundo de otra manera.

Yaa Gyasi

En vez de que los estudiantes tengan que leer Rebelión en la granja o 1984, las obras típicas de George Orwell, les ofrecería su colección de ensayos, sobre todo “Tales eran las alegrías”, “Charles Dickens”, “Matar un elefante”, “Por qué escribo” y “La política y el idioma inglés”.

Con eso recibirán, directo al flujo sanguíneo, un antídoto a la locura del régimen político actual pero también a los “no puedo” por corrección política y las “pequeñas ortodoxias malolientes” de muchos profesores universitarios.

Thomas Mallon

Les pediría leer La epopeya de Gilgamesh (también conocido como Poema de Gilgamesh). Es de las obras más viejas de la civilización occidental que aún sobreviven; data de antes de que la literatura fuera literatura. Es a lo que siempre recurro, cada vez que la vida o una pérdida me dan un golpe (algo que sucede con frecuencia). De manera sorprendente y también deprimente (¿cuándo aprenderemos?), Gilgamesh trata todos los temas que vivimos hoy en día: un mal líder que se convierte en uno tolerante (ojalá esto suceda), la degradación medioambiental, las clases y las razas —dígase, a quién puede llamársele humano—, la lujuria y el amor, la pérdida y la muerte. El lenguaje que usa es de conjuros y evocador; en los límites de una canción y el silencio.

Los adolescentes están en la edad perfecta para su poesía: su intensidad y ritmo hormonal, así como su poderío para dejar las pretensiones y buscar el trasfondo, se mezclan bien con ese periodo de la vida. Qué lástima que es justo en el bachillerato que tantos jóvenes se desenamoran del género poético. Así que promovámoslo en cuanto podamos. Diablos, hasta pueden hacerlo con un montaje en su clase de teatro gracias a Gilgamesh: una obra en verso de Yusef Komunyakaa.

Julia Álvarez

Hace dos años mi respuesta hubiera sido otra, pero ahora les pediría que lean la obra electrizante de Stanley Milgram Obediencia a la autoridad. En momentos en que una población sorpresivamente dócil está bajo el poder del discurso engañoso de un seudocaudillo, ese estudio sobre lo maleable que es nuestra moral se vuelve particularmente urgente.

El señor de las moscas, que sí tiende a ser lectura escolar obligada, analiza lo fácil que es que un niño se vuelva un salvaje, pero Obediencia a la autoridad deja claro lo fácil que es para un adulto abdicar de sus responsabilidades y arroja luz sobre el horror resultante cuando hacemos con placidez todo lo que nos dicen que hagamos.

Lea el artículo completo de New York Times en inglés pulsando aquí.

 

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