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Thays Peñalver: El paquetazo y el mosquito

 

Le haré la pregunta contenida en una encuesta relevante y muy conocida. Le ruego que responda de acuerdo a la pregunta, suplicándole también que se esfuerce, en la medida de lo posible, evitar contestar a todas “el Socialismo”: ¿Marque en orden de importancia, cuáles son los principales problemas económicos en el país?: 1. El alto costo de la vida, 2. La inflación, 3. El desabastecimiento de alimentos, 4. El de medicinas 5. La inseguridad, 6. El desempleo, 7. La falta de dólares, 8. Las colas para comprar, 9. Los bajos salarios y 10. La crisis económica. ¿Ya hizo su ejercicio mental?

Vamos a hacer ahora el mismo ejercicio pero frente a un caso de dengue hemorrágico: Marque los principales problemas de dengue en el país. 1. La fiebre y el dolor muscular, 2. La congestión nasal 3. La tos. 4 la diarrea y vómitos 5. El sangramiento en las encías y nariz, 6. La crisis hospitalaria producto de la epidemia.

¿Ahora si vio lo que ocurre?, En los dos primeros casos la mayoría de los venezolanos (97%) se apresuró a marcar los números en orden de importancia, hasta que llegó al dengue y dijo: “¡Pero que idiotez es esta!, ¿quién cara.. hizo esta encuesta? el problema es la enfermedad, la plaga, la epidemia y no sus consecuencias”. Y eso fue lo que ocurrió con los anteriores ejercicios, lo primero que la gigantesca mayoría hizo, fue pensar que eran “el país”, y marcaron mental y lógicamente los problemas que más los afectan en lo particular. No contestó jamás desde lo público, pues esos no son los “principales problemas en el país” en materia económica ya que esos no se los pusieron en la encuesta. Y a diferencia del caso del dengue, marcaron las consecuencias, síntomas y las secuelas de los verdaderos problemas del país.

Es pues idiota, en el significado griego, tanto plantear que esos son los problemas como responder las preguntas, pero más idiota es que el administrador público tampoco lo entienda y viva ejecutando propuestas para detener los síntomas y no la enfermedad. En otras palabras, el alto costo de la vida, el desabastecimiento, desempleo o la inflación son síntomas de una sola y única enfermedad. Pero muy probablemente como usted me ha leído y sabe que he dicho hasta el cansancio que esto es un problema “político” ahora si apelará al grito “¡Maduro es el mosquito” y “el socialismo, es la plaga”. Pero no es así, por eso le pedí que los excluyera del ejercicio inicial. La plaga es mucho, pero mucho más grande.

Verá, el ejercicio se debe a que la mayoría de los postulados de la primera pregunta los venimos arrastrando de una encuesta realizada en diciembre de 1938, por eso también se encuentran en otra de septiembre de 1953, fue importante en una encuesta que esbozó Rómulo Betancourt en su primer año, o que “la situación de desabastecimiento y precios (..) fue esencial” para que ganara Carlos Andrés en su primer gobierno. Mismos postulados por los que la gente estaba muy mal antes del Caracazo, lo mismo que señalaba Mercanálisis en 1995 o Datanálisis hoy.

No me malinterprete, le concedo completamente la razón. La revolución hizo el mayor daño porque convirtió lo que había en híper, es decir híper desabastecimiento, en hiperinflación, híper inseguridad, híper regulaciones, hiper crisis del agua y de todos los servicios públicos hasta convertirnos en un Estado fallido. Pero por lo mal que estemos, no debemos nunca olvidar a las crisis anteriores, porque la pregunta es lo único simple y no las respuestas. ¿Por qué nunca hemos sido capaces de resolver absolutamente ninguno de nuestros problemas?. Por eso cuando digo que el problema es “político” lo digo por otra cosa.

Volvamos a las encuestas ¿Por qué hay desabastecimiento de alimentos y medicinas? Porque no los producimos. ¿Por qué cuestan tan caro o hay inflación? Porque lo poco que producimos escasea. ¿Por qué hay colas para comprar? Porque no producimos. ¿Por qué hay bajos salarios? Porque no producimos. ¿Por qué no hay dólares? Carrizo, porque no los producimos. Por eso le pregunto de nuevo ¿Cuál es el principal problema económico en Venezuela?, Exacto, no es solamente que no producimos, es el “mosquito” y mientras no enfrentemos al insecto, nunca saldremos adelante.

Así que muy bien. ¿Y dónde está la “epidemia” aquí?

Seguramente Usted tiene un amigo, conocido o un vecino de esos que hace mucho heredó una plata de sus padres. Comenzó yendo a sus fiestas llenas y disfrutó de su despilfarro y después supo de él de vez en cuando. El tiempo pasó, su amigo tuvo tres hijos, estos hijos tuvieron sus nietos y todos viven en la vieja casa arrimados y lógicamente arruinados. Años más tarde se enteró en una fiesta que murió, con la luz robada del poste, amargado por que la vida fue mala con él, fanatizado con una revolución destructiva y con toda la familia peleada por los despojos que quedaron.

Si usted conociera a alguien así, muy probablemente todos sus amigos y conocidos coincidirían en varios aspectos: “fulanito tuvo la suerte de heredar una fortuna, pero era un vago que se puso a vivir de la renta, despilfarró a manos llenas, no produjo nunca nada y fracasó en todas las locuras que emprendió, porque además nunca se preparó”. Y no me diga que no conoce a alguien exactamente así, porque los conoce, de hecho conoce a demasiados y muy bien.

Si se trata de un vecino o un conocido, nosotros culparíamos al vago. Pero si hablamos de toda una nación, lo llamamos “País Petrolero” y el problema no es que lo seamos, sino que no nos avergüence admitir que lo somos, que tuvimos suerte, que vivimos de la renta, del trabajo de unos pocos, que despilfarramos y que terminamos arrimados y culpando a todos de no estarás desgracias,  como el amigo o el conocido. Los culpables son los políticos que escogimos entre los miembros de la familia, son los pocos empresarios, son los escasos productores, son los comerciantes y, los pocos pendejos que trabajan pero nunca, nunca mencionamos a los rentistas. En fin amigos, que el mosquito es ese pensamiento mayoritario del venezolano y mientras no lo erradiquemos para siempre, Venezuela permanecerá siendo un Estado fallido.

Pero no es algo nuevo, viajemos hasta el año 1858 e imaginemos que escuchamos el mejor debate sobre lo que nunca hemos dejado de ser, por parte del presidente de la Constituyente, el Dr. Fermín Toro quien ya desde aquella época nos cantaba nuestra única verdad, arrastrada a lo largo de 160 años:

“¿Cuáles  son  -decía Toro- las  clases de individuos que obedecen al gobierno y por qué motivo le obedecen? En el más  alto  lugar  está (la clase ilustrada) los  que  obedecen  al  gobierno (…) reconociéndolo  como  una  necesidad  pública (…) y sacrifican en su  sostenimiento  parte  de  su  libertad  y sus  propios  intereses. Desgraciadamente, en Venezuela ésta es la clase que ofrece menos garantías a la sociedad (…) es  también  la  más  viciada.  De ella salen los conspiradores, los que aspiran constantemente a los destinos públicos,  los  que  ansían  por  grados  militares,  los  que  minan  la  Constitución con  teorías  absurdas,  con  ideas  corruptoras,  para  extraviar  el  pueblo.  Esta  es  una verdad triste, pero es una verdad”. (Aplausos).

“La segunda clase de los que sostienen el gobierno, son aquellos que  lo  hacen por  conveniencia. Los  que  derivan  del  gobierno  un  salario  pagado  de  las  rentas  públicas.  Esta  clase  constituye  una  plaga (..) la  población  aspira  a  vivir  del  público;  es  una  lucha  por  tener  empleos;  y  el  hombre  de  honor  y  de  conciencia  que  ocupa  una  vez  el  poder, lo arroja de sí para siempre porque o tiene que prevaricar o hacerse enemigo de la mitad de la sociedad” (aplausos).

“¿Cuál es la otra clase de los que sostienen al gobierno? Los que llaman  gobierno  al  Jefe  del  Estado,  los  que  simbolizan  la  nación  en  un  hombre,  y  no  conocen  más  derechos,  ni  más  voluntad  nacional,  que  la  voluntad  de  este hombre. Es una desgracia, pero es una verdad.  Todas  estas  fuerzas  unidas  caen  sobre  el  gobierno  central;  unos  para  conspirar, otros para medrar en la lucha de los destinos públicos, y otros para dejarse arrastrar” (aplausos)

“¿Qué se deduce de todo esto? Que falta civilización. Los hombres no tienen la inteligencia suficiente para guiarse por sí mismos, para ilustrarse, progresar, conocer sus derechos y sus intereses; y es imposible que tengan una idea cabal de  la  Constitución  política.  Así  vemos  en  la  práctica  llevar  en  las  elecciones  por delante como borregadas y éstos son los que van a decidir de la suerte de la república” (..)Así  es  que,  si  nuestros  abuelos   resucitaran,   encontrarían   que   no   progresan   siquiera   en   la   parte   material.” (Grandes aplausos)

Eran tiempos en los que el Congreso comenzaba a debatir seriamente sobre los problemas de Venezuela, donde nuestros políticos comenzaron a apuntar al mosquito y a la plaga. Pero fueron barridos nuevamente por el barbarismo. Solo Betancourt en 1940 volvió a poner el dedo en la llaga y decidió retomar la idea de implementar lo que bautizó como “La Gran Cruzada”, un último intento, muy ambicioso por cierto, para cambiar nuestro destino que tuvo como finalidad “combatir tercamente el derrotismo, la falta de entusiasmo, la abulia, el pata-palismo del venezolano”, algo así como lo que Valmore Rodríguez definió bastante bien en 1941: “la ignorancia y la ausencia de espíritu público”.

Es muy lamentable, pero el mosquito aquí siguió causando generación tras generación, la misma epidemia de “falta de civilización” hasta llegar al presente. Así que si usted quiere superar la epidemia debe comenzar por la primera fase para poder convertir a Venezuela en una nación próspera y ésta consiste en admitir que no es el socialismo, ni el capitalismo, la democracia o la dictadura, sino que nosotros los venezolanos, somos el mosquito.

 

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