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Tres escritores normales que la izquierda hizo parecer extraordinarios

 

El culto a la personalidad es una de las claves de la izquierda internacional para mantener a las personas idolatrando y evitar que se ocupen de modificar sus propias realidades.

Cuando esa costumbre llega a la literatura, nos choca profundamente porque siempre termina haciendo creer que la calidad de un escritor depende del nivel de su compromiso revolucionario. Mientras más militante, mejor escritor.

Por redaccionnyl

Pero usted sabe que eso no es verdad. García Márquez no fue un gran escritor por ser de izquierda. Lo que sí es verdad es que hay uno montón de buenos escritores –más bien normales– que la izquierda ha encumbrado a niveles absurdos muy por encima de sus cualidades reales.

A continuación, repasaremos a tres escritores normales que la izquierda hizo parecer extraordinarios solo porque son de izquierda.

Eduardo Galeano

Es difícil dar con un autor que reciba tantos aplausos por una denuncia social, y menos por una histórica. Pero los socialistas lograron que “Las venas abiertas de América Latina” se convirtiera en un libro celebrado.

Y eso que Galeano dijo muchos años después que no lo volvería a leer porque lo escribió sin los suficientes conocimientos políticos y económicos.

Galeano fue un buen escritor gracias a su formación intelectual de altísimo nivel. También fue constante prolífico -publicó casi 50 libros-. Pero no un extraordinario escritor. Esa última denominación se la han querido dar por su compromiso cívico, y eso no alcanza: la escritura es otra cosa.

Mario Benedetti

Esto es muy sensible porque hablar mal de Benedetti ante personas de clase media es tan peligroso como hablar bien de Ricardo Arjona. Pero agarre usted cualquier letra del cantante y compárela con cualquier poema del uruguayo.

Lo que pasa es que era comprometido, tenía cara de viejito sabio y era una persona muy agradable. Esos poemas repletos de lugares comunes están escritos para personas con nula experiencia lectora.

Sus cuentos fueron buenos, importantes en el momento en el que aparecieron en Uruguay. Pero casi nadie los ha leído en la actualidad. En cambio sus poemas son himnos para chavistas y jovencitos enamorados. Sin embargo, en las universidades ni los toman en cuenta.

Pablo Neruda

violación Pablo Neruda

Los poemas de Pablo Neruda son perfectos para quienes nunca han leído otra cosa. Son exactos, bellos, conmovedores. Podríamos decir que el chileno se merece al menos la mitad de su fama como literato.

La otra mitad se la dieron los militantes de la izquierda solo por ser de izquierda. Lo bueno es que la mitad de literatura le alcanzó para un Premio Nobel. Pero seamos sinceros: por muy bueno que haya sido Neruda, sus poemas son ridículos al lado de uno de Borges. Y eso que el argentino era cuentista, y eso que no le dieron el Nobel por ser de derecha.

¿Entonces el Nobel se entrega por méritos literarios o por estar de lo que los académicos suecos llaman el lado correcto de la historia? ¿Eso quiere decir que Goethe nunca habría ganado el Nobel por ser una mala persona? ¿Acaso no lo habría merecido?

Casi todo lo de Neruda es bueno, muy bueno. Pero ni remotamente extraordinario.

Los escritores infames de la izquierda

Los anteriores son los obvios. Los más grandes y los que merecen más respeto por sus obras. Pero hay muchos otros que afortunadamente el tiempo se tragará por infames.

Al respecto, Roberto Bolaño escribió:

“Siempre quise ser un escritor político, de izquierdas, claro está, pero los escritores políticos de la izquierda me parecían infames. Si yo hubiera sido Robespierre, o no, mejor Danton, en una de esas los envío a la guillotina. Latinoamérica, entre sus muchas desgracias, también ha contado con un plantel de escritores de izquierda verdaderamente miserables. Quiero decir, miserables como escritores. Y yo ahora tiendo a pensar que también fueron miserables como hombres. Y probablemente miserables como amantes y como esposos y como padres. Una desgracia. Trozos de mierda esparcidos por el destino para probar nuestro temple, supongo, porque si podíamos vivir y resistir esos libros seguramente éramos capaces de resistirlo todo. En fin, no exageremos. El siglo 20 fue pródigo en escritores de izquierda más que malos, perversos”.

 

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