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Gloria Cuenca: El desmoñe

 

Para mis nietos.

Hablo del desmoñe o el desmoñamiento, desde hace unos 30 años. Se me ocurrió de un grupo que existía en Barquisimeto: se llamó las “Moño suelto”. ¿Tienen el moño suelto? Están “desmoñadas”, con todo lo que significa la expresión, en muchos sentidos; a mí me pareció muy adecuada para designar el estado emocional existencial, que mucha gente designa con una mala palabra. Por bastantes años, décadas tal vez, no se acostumbraba en mi familia de origen, decir malas palabras. Ni siquiera en los momentos de mayor molestia -mi padre tenía un carácter fuerte- no se decían groserías. Me incorporé a aceptarlas y escucharlas, cuando me expulsaron de la UCV.

La situación era difícil y cuando los que corrían la misma suerte conmigo, -habían sido también sacados de la universidad, por las mismas razones que yo, la renovación- nos reuníamos, en el antiguo cafetín del edificio del CNP, -AVP de aquellos años-. Las groserías iban y venían, sin ningún tipo de censura. Adolfo, margariteño, conocía groserías insólitas y jamás escuchadas. Se había mantenido sin usarlas, por todo lo expuesto y, además, por respeto y amor a nuestra hija. Al comenzar las malas palabras a usarse en la cotidianidad, todos nos volvimos groseros.

Años después, hicimos un programa de radio, del cual Adolfo era el productor y conductor, sobre el tema. Se lo dediqué a mi hijo, -bastante mal hablado, por cierto- y quien habla muy bien y cultiva el lenguaje. Invitado de honor, Alexis Márquez Rodríguez, quien nos dio, como siempre una clase señalando muchos aspectos que no sabía sobre el sentido y contenido de las palabras, acusadas y usadas de “malas”.

Por mi parte, empecé a utilizar “desmoñe” en primer lugar en mi casa, después en el curso de la Maestría en Comunicación Social, que dictaba en Maracaibo: “Ética y Comunicación” era la asignatura. Una alumna, curiosa, como hay que ser, me preguntó: “Profe, ¿por qué dice desmoñada, desmoñarse?” Le contesté: “piensa en una mala palabra, que se le parece, es muy fuerte, no la podría decir en clase y menos a mis nietos pequeños”. Hace muchos años de eso. La palabra caló y se popularizó. Ahora volveremos a decir, “estamos desmoñados”, sin duda.

@EditorialGloria

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