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Claudia Curiel: El valor del trabajo

 

Venezuela acumula 9 meses padeciendo los estragos de la hiperinflación. Se habla de ella como resultado de desequilibrios macroeconómicos y la conducción en la política económica. Pero ese fenómeno tiene otras facetas cuyas repercusiones no se registran ni intercambian con igual intensidad. En algún momento tiene que ser abordada como causa, no solamente como resultado.

Vale la pena ir un paso más atrás. Esta hiperinflación, viene de una inflación crónica que se prolongó alrededor de 4 años. La pérdida de poder adquisitivo se ha acumulado tanto que a los venezolanos les ha sido imposible mantener su calidad de vida.

Estos procesos, además de empobrecer, ocasionan daños muy profundos. Desde el punto de vista conceptual, el salario real que percibe una persona debería equipararse a su productividad. La remuneración pulverizada por la hiperinflación no solamente deteriora la moneda, deja un mensaje lapidario: en términos reales, el trabajo poco vale.

A la sociedad venezolana no le va a bastar protestar por mejoras salariales, por rescatar en algo su capacidad de compra. Y dentro de ese rango no sólo entra la remuneración al trabajo formal, sino el pago en contraprestación por servicios y conocimientos, por emprendimientos. Incluso, el ejercicio de la solidaridad está comprometido. Esa destrucción no ha ocurrido de forma silente. El OVCS ha divulgado que en julio de 2018 registró un total de 2.163 protestas en el país, de las cuales 76% estuvieron asociadas con derechos laborales.

El país está deteriorado, lleno de déficits y brechas que atender. La agenda de Venezuela tiene que plantear una senda para recuperar el valor del trabajo. Exige restituir esa línea de flotación hacia la estabilidad y el desarrollo, el esquema de incentivos para establecer relaciones de cooperación e innovación, y no de sumisión o dependencia.

La restitución de los incentivos para seguir trabajando requiere de decisiones de política económica que frenen la descompensación de la economía. Hecho eso, recuperar el valor del trabajo requerirá de instituciones, de trabajar como sociedad para sanar esa grave afronta.

Eso, desde la perspectiva de quien ofrece su trabajo, de quien innova, de quien invierte, de quien ejerce alguna vocación de servicio público. El costo de oportunidad son familias empobrecidas, emprendimientos perdidos, empresas cerradas o paralizadas, una sociedad que pierde conocimiento y capacidades, venezolanos que se van, familias que se separan, miles de personas que piensan que ya no vale la pena.

La macroeconomía sólo será el comienzo. Hay mucho por hacer.

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