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José Manuel Rodríguez: Un buen plan equivocado

 

No es difícil entender que los economistas de la derecha consideren inviables los planes económicos del gobierno. El razonamiento del capital parte de considerar que son ellos los que establecen las reglas de juego. La economía de libre mercado nada tiene que ver con una sociedad democrática, participativa y protagónica. Sin embargo, el Presidente y sus asesores siguen empeñados en conciliar ambas visiones, buscando un imposible. Para ellos va esta conseja que el historiador Federico Brito Figueroa, repetía a sus alumnos, recordando a su maestro Marc Bloch: en investigación, quien no sabe lo que busca, no sabe qué hacer con lo que encuentra…

El asunto adquiere mayor complejidad si aceptáramos que es medular la ausencia en nuestra Constitución de precisiones normativas para ese modelo de sociedad descrita en su preámbulo. Allí lo que hay es un anhelo, una aspiración, cuando mucho un postulado. Que debió ser objetivado y no lo fue. Hablo del cómo se concreta y se ordena la nueva nación aspirada, cómo se construye esa sociedad, cuál es su fin último.

Dicho de otra manera, el preámbulo constitucional sólo es un acto de fe si efectivamente la democracia no sustituye al tutelaje. Es decir, como lo afirmó Marx, si la irracionalidad individualista del capital no es sustituida por la racionalidad social… Y digo esto porque no hay forma de desarrollar la racionalidad social si no se crean nuevas formas de organización republicanas donde los colectivos actúen con peso específico y voluntad propia.

Eso fue lo que Chávez intentó con su reforma constitucional del 2007. Proponía una nueva organización político-territorial (nueva geometría del poder) socializada, que pudiera parir una nueva forma de producción, con un mercado paralelo al capitalista en manos de la sociedad organizada, es decir, de las comunas. Sería lo único que pudiera conformar una yunta equilibrada con la planificación centralizada del Estado.

Volviendo a Brito Figueroa, no se trata de un plan para recuperar lo que nunca existió, sino de construir una forma de producción social y solidaria conectada directamente con las necesidades y costos que establece la centralidad, pero, que apunte al objetivo último de la sociedad que, como dijo Maneiro, siempre estará más allá: la democracia. Y esto nada tiene que ver con la economía que conocemos.

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