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Rubén Contreras:  Venezuela, 20 años cuesta abajo en la rodada

 

Este diciembre se cumplirán 20 años del infausto y apocalíptico triunfo del seguidor de Maisanta, el golpista carapintada que el 4 de febrero de 1992, mostró al mundo su saña sanguinaria, odio y resentimiento hacia una nación y un sistema político que le formó y le permitió cumplir su sueño de estudiar en la escuela militar. Pudiéramos parafrasear a Carlos Gardel, diciendo que 20 años no es nada, pero después de revisar un poco la historia de Venezuela, y analizar los diversos periodos y ciclos históricos que la componen, desde la llegada de Colón en 1498 a Macuro, la conquista, colonia y los 207 años de historia republicana a partir del 5 de julio de 1811, percibimos que 20 años es bastante para un pueblo cuando sus gobernantes se dedican sistemáticamente a destruir los diversos estamentos que hacen vida en una nación.

Con todos los altibajos que pudiéramos encontrar en los diversos periodos y ciclos y revisando hechos como los acontecidos producto de mal llamada guerra federal, los cuales generaron gobiernos traumáticos, podemos señalar a los de José Tadeo Monagas, Juan Crisóstomo Falcón, Joaquín Crespo y luego el de Cipriano Castro, como caudillos que muy poco hicieron y contribuyeron en el desarrollo del país; pero lo acontecido a partir de 1999 en Venezuela por el teniente coronel nacido en Sabaneta, superó con creces el barbarismo y atrocidades que pudieron haber cometido los cuatro mencionados.

Es difícil imaginar que cuando una persona ocupa un cargo importante quiera pasar desapercibido, y supone uno que dicha persona llega con la intención de trascender y dejar una obra por la cual se recuerde y se le estime en el trasunto de los tiempos. Así percibimos a los presidentes que ejercieron el poder en Venezuela a partir de 1958, por el empeño puesto en lograr la modernidad y desarrollo del país y esencialmente por el empeño en construir en la ciudadanía una cultura democrática.

Pero a partir de la asunción al solio presidencial por parte del golpista del 4 de febrero, cambió radicalmente la situación en Venezuela y quien asumió la gobernanza del país, sin entender ni comprender su rol de primer magistrado de la nación, de orientador, sin ningún viso de pedagogía política, empezó a desmontar la estructura construida en Venezuela, la cual le había permitido ocupar papeles importantes como país en desarrollo. Como negar el crecimiento en educación y el convenio educativo Andrés Bello, en vialidad, refinación de petróleo, desarrollo agro industrial, generación hidro eléctrica y otros tantos. Todo esto se vino abajo, porque el resentimiento de ese personaje, afloró alimentado por  la envidia de ver el progreso en la mayoría de los venezolanos que aprovecharon la coyunda de la renta petrolera para formarse en distintas profesiones que dejaban muy mal parados a muchos, quienes sin tener claridad de principios ni sentido de la grandeza  de la civilidad, escogían como destino, la carrera de armas con el afán de  labrarse un futuro fácil pensando que podían remedar la gesta de los que lucharon en la epopeya libertaria de Venezuela.

Fue así que como programa de acción asumió la idolatría del déspota caribeño y convirtió a Venezuela en un país satélite de la Ántilla mayor, creando un convenio de subordinación para alimentar a Cuba que estaba sumida en su mayor crisis, a partir de ese acuerdo perdimos la independencia declarada el 5 de julio de 1811.

Ese mítico dorado que nos enseñaban cuando estudiamos historia de Venezuela fue construido a partir de 1959, con la creación de La Corporación Venezolana de Guayana y las Empresas Básicas, convertido en el más grande emporio industrial de América Latina, fue destruido, solo quedan ruinas de lo que fue Bauxilum, Sidor, Carbonarca, Venalum, Edelca, Alcasa, Orinoco Iron, al igual que las demás, las cuales están en condiciones similares.

La industria petrolera, con PDVSA, que fue ejemplo de refinación y ocupó uno de los primeros lugares en el mundo, hoy es un esqueleto que pudiera convertirse en un fósil si se ejecuta la subasta de CITGO, propuesta por un juez federal de USA por la demanda interpuesta por la empresa canadiense Cristaller; y de Amuay y El Cardón que se preciaba de ser la segunda empresa refinadora del mundo, detrás de la refinaría de La India, después de su destrucción, queda una añoranza por lo que fue. Como explicar los problemas para conseguir gasolina y aceites de lubricación, si eso está en manos del estado. De la industria del cemento quedan las plantas prácticamente inoperativas, al igual que la Owen Illinois, Convepal y Conferry y de la industria eléctrica tenemos como usual los apagones y pérdida de enseres domésticos.

De la industria agroalimentaria queda la añoranza y reminiscencia de lo que fue. Su destrucción comenzó con el famoso método CHAS, cuando el felón expropió la hacienda La Marqueseña en Barinas. En el libro habla El Comandante de Agustín Blanco Muñoz, el felón de Sabaneta le dijo que su familia tenía los papeles de propiedad de dicha hacienda y él los iba a mostrar, suponemos que lo hará en el valle de los acostados donde él se encuentra actualmente, porque en vida nunca los mostró. A esta le siguieron El Charcote, El Frio, El Cedral, La Vergareña, El Piñero y otros más, así como las haciendas plataneras del sur del lago de Maracaibo, El Valle del Turbio, las plantaciones de caña de azúcar y los centrales azucareros, la expropiación de Agroisleña. Igual suerte corrió los barcos de pesca de arrastre y las fábricas de conserva como Eveba y la Gaviota, las torrefactoras y empresas productoras de café como El Peñón, Madrid y Fama de América.

No podemos dejar de mencionar a Lácteos Los Andes, Aceite Diana, Cargil, Alimentos Kellogs, Monaca, Kimberly, todas en manos del estado, en iguales condiciones, la mayoría sin producir al igual que los famosos pañales Guayuco y la planta para producir salsa de tomate de Caicara del Orinoco y el Central Azucarero Ezequiel Zamora en Sabaneta, que ha sido un desaguadero de dinero robado sin producir hasta ahora un kilo de azúcar.

Hay muchas más empresas en manos del estado, estas apenas son sólo una muestra de la destrucción del aparato productivo venezolano y ahora del ambiente con la explotación del arco minero en manos de la peste militar. Este es el legado dejado por el militar golpista que asumió la destrucción de Venezuela y que ha continuado el kiptócrata del Inmaduro. Así se inició la famosa guerra económica que padecemos los venezolanos en la actualidad. Porque en vez de aprovechar los inmensos ingresos petroleros de los años 2002 al 2015, para completar los programas de desarrollo del país, se los robaron y se propusieron la ideologización de los sectores más depauperados de Venezuela, a quienes han pretendido doblegar con unas mesadas misioneras, asumiendo esta acción paternalista como una reivindicación social que les había sido negada por la democracia.

Si hacemos una catarsis, recordemos que el inmaduro expresó que en el año 2014 se iba a dedicar a solucionar el problema económico de Venezuela y después de eso mandó a La Asamblea Nacional él Decreto de Emergencia Económica que lleva tantas prorrogas, como las cuentas del rosario y los quince motores para el desarrollo y productividad se fundieron porque Pdvsa no les suministró los lubricantes, ya que pesa mucho la palabra Exprópiese.

Todo esto ha incidido que, los organismos multilaterales como La CEPAL, La Corporación Andina de Fomento, El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, entre otros, nos colocan como el país con el mayor declive de su producto interno bruto en la actualidad, al extremo que varias universidades del mundo han incluido como materia de estudio el Caso Venezuela, ya que en estos 20 años de ingobernabilidad dirigida por esta peste militar, el decrecimiento del país  ha caído en más de un 20 % de su producto interno bruto y la producción petrolera se iguala a los primeros años de la década del 50.

Lo lastimoso de lo que acontece en Venezuela, es que una buena parte de la población no se plantea esta problemática y considera que con el carnet de la patria pueden resolver su situación económica, sin entender que con eso el gobierno busca y pretende ampliar su permanencia en el poder para completar la destrucción del país y algunos de quienes dirigen la Oposición, muchachos jóvenes carentes de burdel político, se ven las costuras internas, y no hacen la oposición al régimen, dejando al dictador Maduro actuar a sus anchas.

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