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“Un loft para Cleopatra”, la novela de la clase media venezolana

 

Desde finales del siglo XIX con el irrumpir de Andrés Mariño Palacios, precursor de la novela urbana, que en los “Alegres desahuciados” describió las tragedias personales de cuatro jóvenes pertenecientes a la sociedad venezolana, la aparición de la clase media en la literatura venezolana, ha sido una especie de llama fulgurante que se alimenta de las desgracias espirituales de sus personajes, muchos de ellos abandonados en una angustia que lacera, y devela ese otro cielo de los infiernos personales.

Por Luis Figuera/Nalgas y Libros

Francisco Massiani, en “Piedra de Mar” y en casi todos sus relatos, recrea esa angustia de adolescentes tímido en un una Caracas citadina. En la novela “Pin Pan Pun”, Alejandro Rebolledo, apoyado en el desencanto y la frustración, describe la ciudad que estalla en las noches caraqueñas, con su irreverencia al borde de los límites.

Eduardo Sánchez Rugeles, en “Blue Label / Etiqueta Azul”, trata el fenómeno de la emigración de venezolanos, desde una perspectiva del desengaño y el desencanto con la nación. Utilizando la metáfora del Whisky para revelar los rasgos esenciales de una generación de jóvenes que asumen la batalla existencial desde la perspectiva de la emigración como modo de resolución del gran conflicto espiritual.

Salvador Garmendia fue el gran escritor de la clase media. En los “Pequeños seres” plantea un mosaico de posibilidades y exploraciones, al abordar el fenómeno desde la complejidad del universo psicológico que gira en torno a valores de la pequeña burguesía.

Pero tal vez haya sido José Negrón Valera, en “Un loft para Cleopatra”, quien ha apostado más por la descripción del modo de vida de un sector social que se auto flagela en tiempos de dificultades económicas, pero que irónicamente en épocas de abundancia decide cargar una cruz que lo atormenta mientras busca a tientas el camino en la escala social para lograr la merecida opulencia.

La novela retrata con humor y sinceridad las vicisitudes de un matrimonio envuelto en lo que se conoce globalmente como el estallido de la burbuja inmobiliaria. Escrita con un lenguaje sencillo donde abundan pasajes que pueden interpretarse como un intento de trasladar la polarización política a la trama utilizando el desgastado cliché ideológico, lo cual resta fuerza al buen logrado tono narrativo.

El discurso de “Un loft para Cleopatra” está enganchado a los códigos tradicionales de la novela latinoamericana. Sin embargo logra atrapar al lector hasta hacerlo cómplice en el intento de desmontar el tablado que con clavos de fuego respalda los valores del pensamiento hegemónico de las burguesías nacionales.

Negrón Valera asume sin complejos la polarización que retrata al país, y se vuelve una especie de crítico mordaz del modo de vida que caracteriza a la pequeña burguesía venezolana: “Tercero mostraba una honda preocupación, pues no entendía cómo teniendo tanto espacio en las áreas comunes, la gente del lotf prácticamente estaba confinada a sus apartamentos. Según su triste crónica, solo se podía percibir la vida en las residencias por las luces que se encendían y apagaban y por los carros que abandonaban o llegaban al estacionamiento”.

La novela se desarrolla en un tiempo lineal de personajes literalmente planos que se mueven en un ambiente de alienación, de superficialidad, y lujos, donde sin embargo hay espacio para la reflexión del protagonista principal: “Era un especie de cosquilleo que ya no tenía que ver con el desaire que le había hecho Teófilo o con el uniforme color crema que se pondría Nina: era la sensación de que ese lugar no me pertenecía en lo absoluto que no permanecería allí por mucho tiempo”.

Los personajes de “Un loft para Cleopatra” son seres profundamente alienados que se reconocen como merecedores del mana sagrado con el que el capitalismo moderno baña a sus residentes globales.

La escritura de Valera por instantes apela a los emoticón, y utiliza el humor negro como un canal de expresión que funciona como un ovillo, que lleva al lector hasta el inesperado desenlace de una trama vertiginosa que atrapa como telaraña mágica, recordando que estamos en presencia de una voz sólida que se abre camino en medio de la angustia existencial que trae toda crisis económica.

El autor de “Un loft para Cleopatra” irrumpe en el panorama literario como una de las voces más firme y auténtica de la joven narrativa venezolana, por ahora la crítica lo ha recibido con los brazos abiertos, y recientemente obtuvo el octavo premio Stefania Mosca de Narrativa, con el Rey de las cenizas, su tercera novela lo cual habla también de un escritor prolífico y cabal que ha asumido su oficio con vocación, con pasión o como diría Vargas Llosa: “como diaria y furiosa inmolación”.

 

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