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Rafael A. García: La Degradación de la política…

 

La degradación de la aptitud política ha permitido cotas desconocidas de abusos y frivolidad en la política en el país. La degradación de la vocación civil en Venezuela, ha provocado efectos como la rendición ante la notoriedad sin mérito de quines hoy buscan de hilos conspirativos para explicar una crisis económica y política que se hizo crónica. El ejercicio de poderes políticos sin responsabilidad, un Parlamento convertido en escenario de disputas estériles o los casos de presuntos corruptos y asesinos convictos a los que se prestan grandes megáfonos mediáticos han formado parte del paisaje oficial de Venezuela en durante los últimos 30, años. El problema se agudiza cuando la política deja de hacerse en los ámbitos colectivos donde debería ser reconocible y las instituciones ni siquiera cuentan con un serio análisis de las causas del deterioro de la confianza en aquellas. El engaño del debate político, sustituido por su reducción a formatos redes y show televisivos contingentes, fuerza más la afrenta que el respeto hacia la política. La politiquería, los discursos comprimidos basados en argumentos redundantes de quienes gobiernan y el uso constante del “tú eres un apátrida” han hecho mucho daño a la credibilidad de la política. A cada momento los que regentan al país  están a la de búsqueda de chivos expiatorios, explicaciones fingidas o soluciones autoritarias para asuntos complejos. No se cabe esperar de la política un gran volumen de influencia en positivo: lo que hace es aportar a la demolición de la confianza. Crecen los nichos de abstención entre el pueblo en general, y las dudas de muchos votantes sobre sus antiguos partidos constituyen un buen caldo de cultivo para buscar “otras elucidaciones” a la crisis. Los conceptos de democracia, de claridad y de responsabilidad están en juego. Pareciera imposible que los actores políticos del país se comportaran como individuos sensatos, no pueden atinar o no dar pie con bola, no solo optar por formas de comunicación como dirigir mensajes a través de las redes, telefonear a un programa de cuentos o abusar de declaraciones unidireccionales (es decir, sin preguntas). No es raro, en ese contexto, que hasta los actores se crean autorizados a participar en el gran espectáculo. La frivolidad prospera debido, en amplia medida, a la falta de credibilidad de los dirigentes políticos del mas variado pelaje ideológico y su inacción a la hora de abordar el rediseño de las necesarias actuaciones reiteradas y democráticas. Bueno en este contexto en partes del discurso de Federico Engels, que hieren a los simulados revolucionarios. Fragmentos del discurso de Federico Engels ante la tumba de Carlos Marx el 14 de marzo de 1883. En el cementerio De Highgate, el 17 de marzo Traducido del alemán. De 1883. Publicado en alemán, en el periódico “Der Sozialdemokrat” Nº 13, del 22 de Marzo de 1883. Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica,  OJO “Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto hasta él bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Las recientes tribulaciones del régimen confirman la vieja visión de Walter Benjamin de que “cada ascenso del fascismo es testigo de una revolución fracasada”:

“Como estadista, uno tiene que obrar con la suposición de que los problemas se tienen que resolver”. Henry Kissinger

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