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Teódulo López Meléndez: Los pasos no perdidos

 

Estoy convencido que Alejo Carpentier escribió Los pasos perdidos en Caracas. Ese musicólogo que en el norte tenía todas las puertas abiertas acepta un encargo de venir a una selva suramericana en procura de instrumentos raros. Es un viaje en el tiempo que realiza el personaje central hacia una era primigenia del mundo. Tal vez Carpentier.

Allí está esta magnífica narración barroca en la cual creemos que el personaje se divorcia de un símbolo, de la ciudad, de la aparente complejidad, de locura impuesta, para encontrar en la selva –la venezolana- el amor en una mujer simple que no lo espera a cumplir su promesa de regreso y se casa con otro.

Miro los transeúntes nuestros caminando hacia el sur y me aparece el título de la novela y asocio la palabra pasos y me digo que estos no son perdidos. Van internándose en selvas y en carreteras que  a alguna parte conducen, pues conducen al sur.

Van buscando lo perdido, como Carpentier buscó la entraña de América Latina. No tienen un país que se ocupe de ellos. Sólo reciben improperios, sólo se les dice fueron engañados por la derecha y terminarán lavando pocetas. Se ocupan de ellos los países hermanos que ante tan monumental éxodo ven superadas sus capacidades, hacen todo lo posible y comienzan a decir la inocultable verdad: el drama es tan grande que debe producirse una acción colectiva.

Ecuador ha convocado a los cancilleres de 13 países para mediados de septiembre en Quito y plantear la crisis en sus justos términos: el problema es del continente todo y también del mundo todo, pues estamos ante un éxodo sólo superado por la guerra civil siria. Es sobre eso que los venezolanos debemos confluir en lugar de andar ocupándonos de rencillas por la preeminencia y de intrigas detestables por la botella vacía.

Es además un asunto estratégico. La convocatoria ecuatoriana es la fórmula para que los venezolanos ejerzamos fuerte oposición y tratemos de llevar al continente más allá de las declaraciones.

En esos pasos en los caminos desconocidos buscando en mucho una era primigenia puede que estén las salidas. No son pasos perdidos, puede que sean los pasos de la libertad. Nos obligan a exclamar frente a opositores, “son los caminantes, estúpidos, son los caminantes”.

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