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León Moraria: Aniversario de la Revolución rusa

 

Se cumplen 101 años de la Revolución Rusa de 1917, conocida, como, La Revolución de Octubre. El acontecimiento más importante del siglo XX que, según el periodista John Reed, “estremeció el mundo”, de la misma manera que La Revolución Francesa estremeció el siglo XVIII.

La Revolución Rusa dejó la experiencia extraordinaria de la lucha revolucionaria y los grandes éxitos de ese intento de implementar y consolidar el socialismo tanto en la Unión Soviética como a escala mundial. El temor de los enemigos del socialismo es tan grande, que durante los setenta años de existencia de la Unión Soviética, fue víctima de agresiones contra su economía y de guerras contra su territorio: 45 invasiones de los llamados rusos blancos (zaristas) entre 1917 y 1923; la Segunda Guerra Mundial armada por el capitalismo mundial y ejecutada por la Alemania nazi, entre 1941 y 1946; y luego, ante la imposibilidad de derrotar el socialismo del proletariado soviético, las potencias imperialistas montaron la agresión constante que se conoce como Guerra Fría entre 1950 y 1992, cuando la traición al proletariado y al socialismo de Gorbachov y Yeltsin, provocó el derrumbe de la Unión Soviética.

Durante setenta años, el proletariado de la Unión Soviética, como poder moral del proletariado a escala mundial, realizó el extraordinario intento de construir el socialismo, cuyos éxitos sociales y económicos llenan las mejores páginas de la historia del siglo XX.

La Rusia de 1917, era el país más atrasado de Europa, hundido en el feudalismo de la monarquía zarista, de los señores feudales y de los siervos de la gleba. La miseria, la pobreza, la negación de los derechos elementales proclamados en la Revolución Francesa, no existían para los obreros y campesinos rusos.

Esa inmensa masa de excluidos se rebela contra el poder representado en el zar y su aliado incondicional la jerarquía de la iglesia ortodoxa rusa. De parecida manera, como, las mujeres (verduleras) de París tomaron La Bastilla y sitiaron el palacio de Versalles, el ejército proletario de mujeres y hombres tomaron el Palacio de Invierno, depusieron al Zar y dieron comienzo al intento de consolidar la primera Revolución Socialista, la cual, en el transcurso de 70 años, cosechó éxitos extraordinarios en todos los ámbitos de la cultura.

Para 1917, la población rusa de obreros y campesinos, era la más pobre y atrasada de Europa y para colmo, sometida a guerras entre las monarquías imperantes que luego, con la toma del poder por el proletariado, la liquidación de la monarquía zarista y la creación de la Unión Soviética, se transformó en baluarte del proletariado y del socialismo a escala mundial.

Ese poder extraordinario del proletariado soviético, hizo posible la derrota de los ejércitos nazis, armados y financiados por el capitalismo, para destruir el naciente socialismo, pretexto de la Segunda Guerra Mundial. La guerra y derrota de Alemania, pudo haber terminado en 1941, pero, ese no era el objetivo de los llamados “países aliados” (Inglaterra Estados Unidos, Francia), derrotar a Alemania, sino, destruir la Unión Soviética, es por ello que la guerra se prolongó hasta 1945, cuando el Ejército Rojo derrota las divisiones alemanas en el sitio de Stalingrado, Leningrado, Moscú y culmina su avance victorioso en Berlín. Los “aliados” (Inglaterra, Estados Unidos y Francia) estaban tan distraídos en sus escaramuzas militares en el Norte de África, el Atlántico Norte y el Mediterráneo, que cuando se dieron cuenta, El Ejército Rojo estaba en la frontera de Polonia y avanzaba con paso firme hacia Berlín. Entonces, improvisan la invasión de Normandía, no para atacar a Alemania, sino, para contener el avance del “aliado” Ejército Rojo.

Sobre la Unión Soviética cayó el gran peso de la guerra protagonizada por Alemania y financiada por el capital anglosajón. El poder del ejército hitleriano se lanzó sobre el territorio de la Unión Soviética con su moderno armamento (tanques, aviones, artillería) y doce millones de soldados. Destruían todo a su paso, infraestructura, campos agrícolas, la naciente industria, caseríos, poblaciones, ciudades (140.000) fueron arrasadas, borradas de la faz de la tierra y 27 millones de soviéticos entre civiles y militares perecieron en tan infame guerra capitalista, cuyo principal objetivo era impedir el intento de desarrollo del socialismo.

Cuando el proletariado soviético detiene la ofensiva nazi en Leningrado, Moscú y Stalingrado, de inmediato organiza la contraofensiva del Ejército Rojo que avanza indetenible hasta la frontera polaca. Es en ese momento que los llamados “aliados” Inglaterra, Estados Unidos y Francia, se dan cuenta que su objetivo guerrerista de derrotar el socialismo había fracasado y que su instrumento, la Alemania nazi, estaba siendo derrotada. Había que contener la ofensiva y avance indetenible del Ejército Rojo, de lo contrario llevaría victoriosa la bandera roja de la hoz y el martillo hasta Madrid, Lisboa y la costa atlántica. Había que contenerlo y para ello se preparó la invasión de Normandía, diezmada en el desembarco de la costa francesa y derrotada en las Ardenas (general Montgomery), por el debilitado ejército hitleriano, que estaba siendo derrotado en todas sus líneas del frente oriental por las divisiones de tanques del Ejército Rojo que toman Berlín, para izar la bandera del proletariado con la hoz y el martillo en el edificio del Reichstag, lo cual significó la derrota del fascismo.

Mientras esto ocurría en Europa, el ejército de Estados Unidos estaba siendo derrotado por el ejército japonés en la guerra del pacífico. Al desaparecer la amenaza del ejército nazi en Europa, Truman le solicita a Stalin el traslado del triunfante Ejército Rojo a los territorios que el ejército japonés ocupaba en Indochina. El ejército del proletariado se moviliza, avanza y derrota las divisiones japonesas que encuentra a su paso y las obliga a embarcar y abandonar los territorios que ocupaba en Asia. La derrota del ejército japonés por el Ejército Rojo, y la inminente ocupación de la isla, es lo que precipita el lanzamiento de la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, como forma de contener el avance del Ejército Rojo e impedir ocupara la isla. El emperador Hirohito debía escoger entre capitular ante el Ejército Rojo (la URRSS) o los Estados Unidos.

El extraordinario triunfó del socialismo en el frente europeo por la derrota del ejército nazi y en el frente japonés por la liberación de los territorios ocupados por el ejército nipón, significó la derrota del fascismo a escala mundial. Esta es la verdadera versión de cómo ocurrieron los hechos y no como los cuenta y muestra Hollywood y la propaganda mediática capitalista. Tan fascistas eran los ejércitos del Eje, como lo son los ejércitos capitalistas de Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Sus actuaciones durante los años de la llamada “guerra fría”, así lo demuestran, tanto en sus guerras colonialistas en África y Asia, como, en su política de enfrentar, impedir, derrotar las luchas de liberación nacional en América Latina.

A la Unión Soviética le correspondió recibir el mayor peso de esa guerra, con ciudades, poblaciones, agricultura, industria, infraestructura de puentes, ferrocarriles, carreteras destruidas, campos arrasados, millones de muertos, viudas, ruina, pobreza, escasez, hambre, situación agravada por el clima del largo invierno soviético con tan sólo trs meses al año para producir alimentos. De esa terrible catástrofe económica, física, social, climática, se levanta el proletariado soviético dirigido por su extraordinario líder, Stalin, y en menos de diez años se transforma en gran potencia mundial en desarrollo científico y tecnológico que la lleva a ser pionera en la conquista del cosmos con los sputnik y los cosmonautas que orbitan la Tierra.

Mientras la Unión Soviética era destruida, arrasada por la guerra, Estados Unidos conservaba intactos su poderío industrial, militar, económico. Sobre su territorio no cayó una bomba ni hubo acciones militares de ningún tipo. Emergía de la guerra como la gran superpotencia. En tanto para la URRSS, el fin de la guerra significaba no sólo salir de la catástrofe guerrerista, sino, reconstruir la infraestructura física, económica, devolverle a la población el bienestar perdido, gran proeza del socialismo por su gran capacidad para organizar las fuerzas productivas de la sociedad y hacer de la URRSS, gran potencia económica, científica, tecnológica y militar de primer orden. ¡Extraordinario éxito del socialismo!

Éxito jamás demostrado por el capitalismo, pero sí por el socialismo en la Unión Soviética, China, Corea del Norte, Vietnam y allí donde las guerras capitalistas contra los pueblos han destruido la infraestructura y economía. Recuperación física, económica y social realizada por propio esfuerzo y confrontando la ofensiva capitalista para impedirlo.

Así como la Revolución Francesa dejó como legado la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la revolución rusa de 1917, dejó como legado las grandes conquistas sociales del proletariado a escala mundial. Aun cuando el capitalismo, luego del derrumbe de la Unión Soviética, haya negado a los obreros las grandes conquistas laborales alcanzadas por el proletariado soviético y en parte adoptadas a escala mundial, ellas continúan ahí, como reivindicación plausible.

De la misma manera que la Revolución francesa, a pesar del regreso de la monarquía, dejó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el nacimiento de las repúblicas, y el grito universal de “libertad, igualdad y fraternidad; la Revolución Rusa de 1917 dejó las innegables conquistas de las mayorías nacionales (99%). Ambas revoluciones perduran en el tiempo, como símbolo de la lucha de los pueblos contra la dominación, la sumisión y la explotación. Ambas revoluciones son símbolo de los oprimidos y condena de los opresores. La Unión Soviética no existe, pero, la Revolución de Octubre perdura luego de 100 años.

El desmoronamiento de la Unión Soviética no fue por causa del socialismo, sino, de quienes traicionaron sus principios: la igualdad, la democracia, el bienestar de las mayorías. En la Unión Soviética no fracaso el socialismo. En la Unión Soviética fracasó el intento equivocado, la implementación que del socialismo hizo el leninismo/estalinismo. La dictadura del proletariado, instrumento de la lucha de clases para demoler el poder de la burguesía, con el tiempo se transformó en dictadura contra el proletariado. Ponerle al socialismo apellido de “siglo XXI” es pretender acusarlo de ser el causante del desmoronamiento de la Unión Soviética y los países del Este de Europa. Lo cual es una impostura.

Durante los 70 años de la Unión Soviética, las luchas obreras a escala mundial encontraron respuesta a sus reivindicaciones. El capitalismo, ante el ejemplo del proletariado ruso, ante el avance del socialismo, y el temor a huelgas obreras en las fábricas, minas, ferrocarriles, puertos, así como el temor a las guerras de liberación nacional contra el colonialismo, contra la explotación capitalista, se vio obligado a aceptar las peticiones obreras, recogidas en las leyes laborales y en los contratos colectivos. Este fue uno de los grandes éxitos de la Revolución Rusa a escala mundial. Conquistas que comenzaron a derrumbarse por la caída de la Unión Soviética, la imposición capitalista del neoliberalismo explotador y rapaz por la flexibilización de las leyes laborales de jornada de trabajo, privatización de la seguridad social, negación de toda reivindicación social, implementación de la maquila, que le permite de nuevo al capitalista la apropiación del plus trabajo sin coto ni medida.  De existir la Unión Soviética y el proletariado socialista, nada de ello sería posible ni estaría ocurriendo.

A 100 años de la Revolución de Octubre, sigue vigente el lema del Manifiesto Comunista, “Proletarios del mundo ¡Uníos!”. Sigue vigente el socialismo que, como haz de conceptos y antorcha de promesas, alumbra el parto de la revolución genuina, original, sin desviaciones, sin reformismos claudicantes, el socialismo auténtico.

El estar o no de acuerdo, la única propuesta de cambio que existe a escala mundial para frenar la destrucción capitalista del planeta: clima, medio ambiente, agua, mares, ríos, suelos, bosques, selvas, agotamiento de los recursos minerales, es el socialismo. No existe otra.

¡Viva el Aniversario de la Revolución Rusa!

¡Viva el Socialismo Auténtico!

 

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