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Mario Villegas: Liberaos los unos de los otros

 

Si bien el cambio político en Venezuela reclama de la más amplia unidad nacional, no menos cierto es que para avanzar hacia su concreción es menester hacerle frente a una perentoria necesidad, cual es la de deslindar claramente los campos en el universo opositor.

Visto está a estas alturas que la unidad total de la oposición no resulta materialmente posible, y ni siquiera conveniente, puesto que a su interior se han venido incubando y desarrollando dos formas diametralmente antagónicas de concebir la política y su ejercicio.

Mientras una parte persiste en impulsar el cambio por la vía democrática, constitucional, pacífica y electoral, otro sector apuesta al golpe de estado, la intervención militar extranjera o a cualquier otra operación que desaloje al gobierno por una vía presuntamente rápida, pero cuyas acciones y palabrerío han contribuido a oxigenar al régimen.

Mientras unos valoran el voto y el diálogo como herramientas fundamentales de la política, otros juegan al abstencionismo electoral y al sabotaje de cualquier iniciativa que implique alguna negociación y acuerdos con el gobierno.

Mientras los primeros procuran aprovechar todos los resquicios que permitan movilizar a la sociedad por sus reivindicaciones, las libertades y garantías constitucionales, los derechos humanos y el impulso del cambio democrático, los otros la convocan a la inacción y a esperar que una mano milagrosa venga del exterior, o de quién sabe dónde, a hacer el trabajo que le corresponde única y exclusivamente al pueblo venezolano.

Los únicos avances y victorias que a lo largo de todos estos años ha conquistado la oposición han sido precisamente por la vía electoral. Los más resonantes han sido la derrota de la reforma constitucional de Hugo Chávez en 2007 y el clamoroso triunfo en las elecciones parlamentarias de 2015.

Fue precisamente la tentación inmediatista la que, en busca de una salida rápida y fulminante del régimen, llevó a la oposición a derrochar aquella enorme fuerza popular y democrática acumulada y que se había expresado en las urnas electorales pese a las adversas condiciones impuestas por el Consejo Nacional Electoral y el obsceno ventajismo del gobierno.

La prolongación en el tiempo de esta contradicción intestina retrasa y entraba la construcción de una salida eficaz a la necesaria transición política. ¿Cómo puede darse la unidad real entre actores y proyectos que se contraponen y obstaculizan recíprocamente? La unidad necesaria es aquella que se edifica sobre la base de una propuesta estratégica común, capaz de proponerle al país una hoja de ruta hacia el cambio y un gobierno de salvación y reconstrucción nacional como el que reclama la trágica hora que vive la república.

Así las cosas, el deslinde es imperativo. No os estorbéis. Liberaos los unos de los otros. Que los ultrarradicales, abstencionistas e intervencionistas continúen por su cuenta y riesgo en sus proyectos distraccionistas y multiplicadores de la frustración y la desesperanza, mientras quienes postulan la salida constitucional, democrática, pacífica y electoral se reagrupan, fortalecen y rescatan la confianza de la inmensa mayoría de los venezolanos que quieren eyectar del poder a Nicolás Maduro y su combo hambreador y depredador.

Es el momento de grandes decisiones y rectificaciones políticas. Y aquí el papel de líderes fundamentales y figuras emblemáticas de la oposición democrática es determinante.

Henrique Capriles Radonsky, Henry Ramos Allup, Henri Falcón, Manuel Rosales, Eduardo Fernández, Javier Bertucci, Claudio Fermín, Rodrigo Cabezas, Ramón Guillermo Aveledo, Felipe Mujica, Julio Cesar Pineda, Enrique Ochoa Antich, Jesús Torrealba, Américo Martín, Timoteo Zambrano, Josefina Baldó, Luis Fuenmayor Toro, Hiram Gaviria, Bony Simonovis, Vicente Díaz, Enrique Márquez, Simón García, José Ramón Zacarías, Carlos Alaimo, Rafael Simón Jiménez, Carlos Raúl Hernández, Pedro Pablo Fernández, Leonardo Carvajal, Rafael Quiroz Serrano, Arístides Hospedales, León Arismendi, Pablo Zambrano, Griselda Reyes, Aura Loreto, Luis Manuel Esculpi, Eder Puerta Aponte, Alfredo Padilla, Trino Márquez, entre muchos otros valiosos venezolanos comprometidos con el cambio democrático, están llamados a hacer causa común, cada quien desde la independencia partidista o desde su respectiva trinchera política, en la construcción de una alternativa capaz de conducir al país hacia el amanecer democrático por el cual clama la inmensa mayoría nacional.

Es hora de hacer política. ¡Hagámosla, pues!

@mario_villegas

[email protected]

 

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