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Manuel Taibo: El imperio de ayer, y el de hoy “draga” nuestra América

 

Pensamiento, Martiano: “Todo lo haré, todo lo noble haré para crear en nuestra América un pueblo de hombres y mujeres libres, por salvar a nuestros compatriotas del peligro de no serlo. El hombre y la mujer es un deber vivo, un [email protected] de una fuerza que no debe dejar en embrutecimiento”.

Martí nos alerta: “Nuestra América no se levantará mientras no se levante al indio, al negro, hombre y mujer es más que blanco. No hay “rosa blanca” para los culpables del asesinato de millones de hombres y mujeres del pueblo, torturados, masacrados, desaparecidos, los culpables de la existencia de millones de hombres, mujeres y niños hambreados, descalzos, enfermos, analfabetos. Su humanismo convoca, en última instancia, al combate, pues el único libre mientras no tengamos Patria Libre. La libertad está en los campos de batalla”.

Sigue Martí: “Debemos aprender que el cumplimiento del deber es el supremo bien; que en la lucha por los humildes, todo sacrificio es poco; que la dignidad y el decoro deben presidir todos nuestros actos; que no debe haber cuartel con la tiranía, con la esclavitud, con la maldad; con todo aquello que se oponga a nuestra liberación del imperialismo-capitalista, como pueblo. Los derechos se toman, no se piden, se arrancan, no se mendigan. Las fuerzas que nos hacen vivir son la dignidad, la libertad y el valor”.

Recomendación Martiana: “Debemos resistirnos a que nuestra América se vea forzada a adquirir los ‘sobrantes’ de mercancías creadas por el proteccionismo rapaz de la oligarquía financiera norteamericana y a precios superiores a los de otros productos. Percibimos que esa es una manera de promover y enriquecer a los empresarios que explotan nuestra propia tierra. Debemos repeler la ambición de la oligarquía financiera, que no se satisface de explotar nuestros pueblos y trata de extender su proyecto de dominación en nuestra América. Vituperemos el afán de lucro como norte de la vida individual y colectiva de los oligarcas, prestigiado por razón del ejemplo mitificado de una casta de grandes y corruptores empresarios”.

Para Martí: “Esta cuestión está íntimamente relacionada con la necesidad de ‘destrancar’ la sangre cuajada del indio, del negro y de incorporar a las masas sobre las cuales pesa la maldición esclavista. Hay que recordar la constante negativa a toda calificación discriminatoria de esas etnias masivas consideradas como ‘bárbaras’ por los ideólogos del imperialismo, sajonizante o europeizantes y racistas. Por el contrario, en ellas se personifica el hombre natural, nacido de la tierra y, por eso mismo, capaz de crearla y engrandecerla, pues es más apto –más próximo— a la especifidad latinoamericana que aquellos oligarcas contra los cuales, por traidores o absurdos, además se alza una y otra vez la masa discriminada, marginada y explotada”.

Otra vez Martí: “De modo que las riquezas naturales, las medidas justas, razonadas y previsoras y las masas en acción creadora forman el marco del desarrollo total. Nunca podría ser un desarrollo sectorial que, de haberlo, beneficiaría solamente a los menos y perpetuaría la burguesía de privilegios y gente copiadiza. Es de supina ignorancia, y de ligereza infantil y punible, hablar de los oligarcas como una casta total e igual, de libertad unánime y de conquistas definitivas: semejantes castas son una ilusión o una superchería. Pero no augura, sino certifica, el que observa cómo en la oligarquía, en vez de apretarse las causas del país, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de los pobres, se reproducen… en vez de robustecerse la democracia y salvarse del odio y la miseria, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria. Y no cumple con su deber quien lo calla, sino quien lo dice…”

Es preciso que se sepa en Venezuela la verdad sobre la parasitaria oligarquía. Esa inicua casta de los capitales que compelen al pueblo perecer sin trabajo, o a trabajar por un pedazo de pan: esos propietarios de la banca y esas empresas cuantiosas que elegían a su costo los gobernantes, senadores y diputados; o los compraban después de elegidos, para asegurar el acuerdo de las leyes que les mantenían en el goce de sus abusos…

¿Pueden los fascistas oposicionistas de aquí y de allá negar la vigencia de estas palabras hoy, que se empeñan más que nunca en hacer prevalecer las ambiciones de sus negocios, a costa de la miseria y explotación de millones de hombres, mujeres y Niñ@s? Como parte de la penetración económica y política del imperialismo en nuestro país, que dejan una profunda huella en el pensamiento revolucionario de nuestro pueblo.

¿Pueden los racistas Gringos negar la vigencia de estas políticas, cuando tratan de agredir cada vez más a Venezuela, cuando presionan a gobiernos de otros países para garantizar que se materialicen sus sucios planes? Evidentemente, los racistas norteamericanos no pueden confundir al pueblo venezolano, ni pueden negar la actuación del Presidente Chávez a favor del pueblo. Contra las propias palabras del Comandante se estrellan las intenciones y amenazas de nuestros enemigos presentes. Y quedan también, como firme sustento, el amplio movimiento de solidaridad y participación que por parte del pueblo, ha logrado desarrollo, base y raíz durante el heroico periodo de nuestra lucha revolucionaria en pos de la independencia absoluta y liberadora.

Ni pueblos ni hombres respetan a quien no se hace respetar. Cuando se vive, y se ha de seguir viviendo frente a una casta fascistoide que por su preocupación por el racismo, y que por el carácter rapaz que en la conquista y el lujo ha ido formándose, es un deber de necesidad urgente alzarse cada vez que haya ocasión. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. Ni revolucionario quien no ayude a la seguridad y dicha de sus camaradas.

Vuelve Martí: “Los oligarcas imperialistas, creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho. Creen en la superioridad de su raza sajonizante contra los desposeídos pueblos de nuestra América. Creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india que exterminaron ayer y humillan hoy. Creen que los pueblos de nuestra América está formado, principalmente de indios y de negros, despreciables”.

Y se puede llamar sedicioso en Venezuela lo que se dice, se escribe y se lee en los medios de comunicación de la oligarquía, donde sus editoriales pretenden imponer las leyes, donde no hay pensamiento gobernado ni más ley fundamental que la voluntad caprichosa de estos sátrapas. Y se puede llamar sedicioso lo que los medios de comunicación dicen y publican en España, en Estados Unidos y otros países.

Ahora bien: Compárese este lenguaje con el del  Comandante Presidente Hugo Chávez. Compárese estos arranques de una agresividad sostenida. Con la moderación del Comandante, del hombre que más fe tiene en la fuerza imperecedera de la libertad popular, en los destinos del pueblo, las virtudes de los hombres y mujeres, de las instituciones de la Patria. Y, se trata del hombre más humano… no de un violador de los derechos del pueblo, como manifiestan los oposicionistas y los imperialistas.

 

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