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Simón Trujillo: María Magdalena, de liderazgos y verdades  

 

Si la esencia del liderazgo consiste en la facultad de influir en los demás con propósitos específicos, nadie reúne estas características señaladas, como Jesús de Nazareth, cuya vida, pasión y muerte, narrada por las sagradas escrituras, lo proclaman, como el Mesías enviado por el Dios de Israel, para mostrar a la humanidad el camino que la conduciría a la felicidad terrenal y eterna. Este hombre, cuya influencia es innegable después de 2000 años de su desaparición física, es sin duda, uno de los más carismáticos líderes espirituales en la historia del hombre.

La tragedia de quien desee colocarse delante de cualquier grupo de personas, para conducirlo por un camino, durante un tiempo específico, en el logro de un proyecto, es cuando los objetivos que propone ese conductor, no son comprendidos por la mayoría. Recordemos la ubicación de la aldea donde aparece este predicador: una colonia regida por una élite religiosa, en un país dominado por una potencia extranjera, quien lo sometía a tributos y tratos injustos. Es comprensible, que se revistiera a Jesús, el líder emergente, con la identidad del jefe político necesario para  liberar a esa colonia oprimida.

El liderazgo político es arropado siempre por la ambición de quienes aspiran acompañar a quien los dirige, con el secreto o expreso deseo de compartir el poder,  los bienes y privilegios que tal poder presuponer. Alguien como Judas Iscariote, no podía superar las razones que lo llevaron a seguir a Jesús, cuando se dio cuenta que con él, no iba a alcanzar sus apetencias de riqueza. Pero, este renegado, no es el único que se decepciona ante el discurso de paz y servicio al prójimo. En secreto, los seguidores, casi todos ellos pescadores, recolectores de impuestos y personas ignorantes de los más bajos estratos sociales, discutían quien se sentaría a su derecha o a su izquierda cuando el Nazareno consiguiera el reino.

La mentalidad lógica de los hombres, orientada a través de la historia,  al uso del poder doméstico y social, les impedía entender, que el reino del que les hablaba, su líder: “no era de este mundo”, y muchos menos, “que quien desee ser primero en el Reino de Dios, debe colocarse de último y ser el servidor de todos”. En contraste,   para la mentalidad femenina, sometida a través de los tiempos a la voluntad del padre, y luego del marido, además de las funciones biológicas  de ser  madre y cuidadora de la especie, les era más fácil, ser seducidas por un discurso que reivindicaba, la posición miserable que les había asignado la tradición, Con esta misión humilde de amor y servicio, podían alcanzar la paz en la tierra  y la felicidad eterna. .

Esta es la razón, por la que en los evangelios, no es una mujer quien le pone precio a la traición, ni quien por cobardía niega tres veces ser seguidor del mesías, cuando éste  ya en manos de sus enemigos. Son las mujeres, quienes lo acompañan y lloran junto al hombre que camina hacia la muerte ignominiosa en el Gólgota. Son ellas,  en compañía de Juan, el discípulo amado, quienes presencian la crucifixión. Pero, es una mujer, la primera en testimoniar el cumplimiento de la promesa: la resurrección gloriosa de Jesús, a los tres días de su muerte. María Magdalena, es la privilegiada en la historia de la redención; esta realidad es el punto de partida, para reflexiones que hasta el momento, muy pocos han presentado.

Los líderes son muy previsivos, ellos seleccionan en vida sus presuntos sucesores, como continuadores de su legado. Jesús como líder excepcional, no esconde los secretos de la misión que vino a enseñarnos y delega en todos los hombres de buena voluntad, su mensaje. El organiza e invita a sus seguidores cercanos a continuar la prédica de cómo conquistar el Reino de Dios. Después de su muerte, aparecen quienes se escondieron durante el martirio del líder para relegar a las mujeres, únicas testigos no solo de la destrucción del mesías, sino sobre todo, de su resurrección.

Existe una tradición que reivindica el liderazgo de María Magdalena, como la discípulo más brillante, quien según el evangelio de Juan y el evangelio apócrifo de Tomás, (desechado por la iglesia católico en los primeros siglos) la muestran como la mujer que acompañaba a Jesús en su larga peregrinación para sembrar en la conciencia humana su revolucionario mensaje. El Nazareno sostenía con ella largas conversaciones, porque era una mujer culta originaria de un pueblo en el cruce de camino hacia Grecia, lo que la hacía conocedora de la filosofía vedada a la mayor parte de los apóstoles. En ningún momento dudó de Cristo y afrontó con valentía la arbitrariedad romana, nunca le negó, le acompañó hasta los últimos momentos en la cruz, presente estuvo en su sepultura y fue la primera de sus discípulos en presenciar su resurrección y despedida. En las reuniones con los apóstoles era el personaje más cercano al Gólgota y la última persona de quien el mártir se despedía.

Luego de la partida definitiva de Jesús fue la única propagadora de las nuevas enseñanzas, quien enfrentó a Pedro. El sostenía que era la fe el único requisito para alcanzar la gloria, mientras ella decía, que era el conocimiento de la chispa de luz que habita en todos los seres, es decir, la sabiduría. En el fragmento COPTO traducido del original griego, escrito entre los años 30 y 180 de nuestra era, encontramos: Levi (apóstol Mateo) dice a Pedro: “siempre tienes la cólera a tu lado, y ahora mismo discutes con la mujer enfrentándote con ella. Si el Salvador la ha juzgado digna, ¿quién eres tú para despreciarla? De todas maneras, él, al verla, la ha amado sin dudas. Avergoncémonos más bien, y, revestidos del hombre perfecto, cumplamos aquello que nos fue mandado. Prediquemos el evangelio sin restringir ni legislar, si no como dijo el Salvador”. Terminado que hubo Levi estas palabras, se marchó y se puso a predicar el evangelio según María. Ese grupo liderado por ella fue arrinconado, por quienes asumieron el poder de Roma.

Muchos cristianos confunden a María de Magdala, con la otra María de Bethania, hermana de Lázaro y Martha. También la identifican con la prostituta adúltera a quien Jesús perdona sus pecados. Otros, la señalan como la mujer que lavó los pies de Jesús con perfumes y los secó con sus cabellos. Los estudiosos de la Biblia, coinciden que la primera, al ser agregado a su nombre, el lugar de origen (Magdala, Israel), costumbre otorgada solo a los hombres, expresa la importancia del papel que ella  desempeñó, en la vida y misión de Jesús de Nazareth.

El poder paternalista presente en todas las instituciones, también ha prevalecido en las iglesias cristianas, predicadoras de las enseñanzas de ese líder indiscutible que es Jesús. Tanto en los cuatro evangelios, como en los apócrifos,  se detalla la predilección del líder por las mujeres, como seguidoras fieles y genuinas de sus enseñanzas. Las altas jerarquías han tratado de ocultar el legado, que hizo el Mesías, al revelar su gloria por vez primera, a la mujer que acompañó, sostuvo con su dinero los desplazamientos y había permanecido con indiscutible valor al pie de la cruz.  María Magdalena, ha sido borrada, vilipendiada al tratar de investirla con la falsa identidad de una prostituta. Se ha minimizado su importancia,  al  negársele su condición de haber recibido el legado  de paz, amor y servicio esencia de las doctrinas cristianas.

Jesús quien ha sido reconocido por sus cualidades como el líder auténtico, quien guía a sus seguidores, para encaminarlos por las rutas del bienestar, unión terrenal y la gloria  eterna en el reino de su Padre, se le debe señalar también, como el primer líder que reconoció la dignidad y los derechos de la mujer,  no sólo en el ámbito del hogar sino del grupo social.

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