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Arturo Molina: Desprecio a los trabajadores y a Venezuela

 

Las luchas de los trabajadores por conquistas sociales y económicas a través de los años se han visto desvanecidas cuando el régimen decide imponer la llamada reconversión económica en suelo venezolano, con la única finalidad de hacer pobres a los ciudadanos, negando los derechos adquiridos, acrecentando la zozobra reinante desde que se implanto en el poder la llamada revolución socialista siglo XXI.

No cesa el régimen en su estrategia de humillar a los ciudadanos, actúan con cizaña y se burlan de quienes ante noticias de cambio reciben luego baldes de agua helada, tal vez para decirles que se pellizquen y despierten, o simplemente para recordarles que dejaron de ser ciudadanos de una república y pasaron a ser esclavos del tirano y su comuna.

Los dirigentes gremiales han llamado al oficialismo a la revisión de ese abuso y en consecuencia exigen tabuladores salariales que se ajusten a la realidad del contexto nacional. Los trabajadores han protestado en sus lugares de trabajo llamando a la reflexión al régimen, sin ser escuchados. Todos sufren la precariedad y resisten ante el empuje de la inflación y la escasez. Es una guerra disfrazada, silenciosa, malvada, despreciable, impuesta por fascistas, dictadores, para avasallar al soberano.

Los años de servicio que obtenían su recompensa con la jubilación pasaron a ser tortura con solo oír la palabra. Tanto trabajadores activos como jubilados se encuentran en angustia permanente. Ningún salario en tiempos de revolución del socialismo siglo XXI es suficiente. El desprecio a los jubilados es de tal naturaleza que se mofan de su servicio y sus derechos. Las migajas que otorga el oficialismo las hacen ver a través de los medios de información y comunicación como grandes proezas del régimen a favor de los trabajadores, cuando en realidad son dádivas y arbitrariedades. Los contratos colectivos los desaparecieron, y con ello a gremios y sindicatos. Solo funciona el régimen y su partido único PSUV, desde allí deviene lo que debe ser aceptado por todos. Si se protesta le espera la cárcel con imputaciones de delitos salidos del despacho del tirano.

Busca el régimen amputar cualquier derecho de los ciudadanos. Han conseguido fórmulas para ello. El anuncio de la reconversión económica hizo que muchos trabajadores se sintieran a gusto. Sacaron cuentas y comenzaron a decir que ahora si se venía el cambio y el reconocimiento de los trabajadores por actual gobernante. Se había terminado la calamidad. Llego la hora del triunfo del socialismo siglo XXI contra la guerra económica establecida por los que en la cuarta república obligaban a las personas a comer perrarina. Se visualizaba el comienzo de la producción y la reducción de los precios. Ya un cartón de huevos no tendría precio porque lo llevarían gratis a su casa, al igual que la carne, medicinas y demás alimentos, ni hablar del turismo y sus inmensos regalos. Todo un alarde emocional tanto al inicio como al final. De alegría se paso al llanto. Así son los socialistas del siglo XXI, articulan el desprecio haciéndolo ver como reconocimiento.

Algunos gobernantes demócratas que representan espacios regionales han realizado esfuerzos por mantener niveles de ingresos económicos equilibrados para sus trabajadores (caso Táchira), pero igual han sido destrozados por la vorágine de la inflación, y el no reconocimiento del régimen a las conquistas económicas realizadas a través de los acuerdos patrono-sindicatos. Lamentable que pretendan culpar de la catástrofe a quienes precisamente hacen esfuerzo por minimizar el impacto de la brutalidad ejercida por el socialismo siglo XXI. Se pierde el norte y con ello la sinceridad del reclamo. Los trabajadores activos y jubilados son hoy la burla del régimen. Razón tenía el ex presidente Carlos Andrés Pérez (quien ayer 27 octubre estaría cumpliendo años de estar vivo), al destacar en su momento y bajo el odio contra él y el sistema democrático sembrado por arribistas y viudos del poder, que se estaba entregando el mismo al odio y el desprecio, cito: “Mi pasión, mi interés, el incansable quehacer me ha caracterizado y el coraje que he demostrado en los momentos más disímiles siempre han estado al servicio de Venezuela. A lo largo de toda mi vida, desde que era apenas un adolescente, he consagrado mi existencia a los grandes intereses de nuestro pueblo. A ustedes he consagrado mi destino. Quiera Dios que quienes han creado este conflicto absurdo no tengan motivos para arrepentirse”. Hoy, ese es el resultado.

@jarturoms1

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