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Enrique Meléndez: Maduro metido en honduras

 

Si de verdad el gobierno venezolano, como lo han denunciado los voceros del oficialismo de EEUU, financia la emigración de miles de hondureños; que marchan con la ilusión de mejorar su situación económica, consiguiendo algún trabajo, en dicho país; estamos ante uno de los gestos, que caracteriza la conducta tira piedras de este gobierno. En efecto, tiene mucho de picaresca cubana; si tomamos en cuenta que ya Fidel Castro lo hizo una vez: recogió todos los malandros de la isla; gente que sacó de las cárceles; a las jineteras; maleantes, en su conjunto, y se ls mandó a los gringos, en un momento en que se abrió un corredor de puerta franca entre la isla y tierra firme, bajo el gobierno de Jimmy Carter; de modo que todo el que se quisiera ir, lo hiciera, y así que la gran travesura de Fidel Castro; un tanto despechado, porque unos cien mil cubanos abandonaban la Isla, fue la de mandarle a los gringos también ese detritus social.

Incluso, hasta parece esa gente de Honduras en el camino; derribando todo tipo de obstáculo, que se le interpone, una cruzada; pues en el fondo de la intención de la “caravana”, si es verdad que fue “armada con grupos con conexiones en Sudamérica”, como lo revela Juan Orlando Hernández, presidente de ese país, es buscar un impacto mediático y, según se ha dicho, contrarrestar, el que en estos momentos tiene el relativo a la diáspora venezolana por los países vecinos; además de dar a entender que el flujo de migrantes hacia otros países, en busca de mejoras socioeconómicas no sólo es un problema de Venezuela: he allí como se lava la cara esta gente; siendo un problema que afecta a la región, como lo han sostenido casi todos los presidentes de los países vecinos; circunstanciados por el tema de la avalancha de venezolanos, que les llega a su territorio hambrientos y, muchos de ellos, enfermos, y que por un problema humanitario tienen que atender.

Que fue la misma actitud que adoptó Fidel Castro, a propósito del éxodo, que propició su mal gobierno al comienzo de la década de 1960, y que lo llevó a cerrar las fronteras, y los poco cubanos, que lograban salir, lo hacían por influencia de algún personaje ligado al régimen; como en el caso de Gabriel García Márquez; quien confesó en una oportunidad, haber intercedido con el sátrapa caribeño (Betancourt lo llamaba “el bocazas del Caribe”), para la salida de algunos, sobre todo, intelectuales, perseguidos por el régimen; lo que le pareció a muchos de sus colegas de oficio, como de una de sus mayores expresiones de cinismo; el hecho es que quien carecía de esos padrinazgos, tenía que arriesgarse a atravesar el océano en una balsa, y con lo cual mucha gente perdió la vida en la travesía; lo que, además, era penado por el régimen, cuyo castigo podía ser el fusilamiento; pues Castro no dejó de ser un autócrata con mucho de primitivo; aun cuando siempre se ganó la idolatría de una gran parte de la intelectualidad de izquierda latinoamericana; que obviaba ese carácter suyo de tiranuelo; en la misma línea de la autocracia de la antigua Unión Soviética, y de cuyos servicios de inteligencia secreta se valió para sobrevivir por más de de medio siglo; apoyándose en acciones truculentas; como el de propinarse autoatentados, para provocar lástima y conmiseración alrededor de su persona; acusando a la Central de Inteligencia Americana (CIA) de estar metida en el complot: en un momento en que el espíritu del latinoamericano era de estirpe nacionalista y, por añadidura, antiimperialista; o ésa de movilizar a miles de hondureños, como en este caso: herencia que dejó en la estrategia de las salas situacionales de sus servicios secretos, camino hacia los EEUU, y de donde se dice que allí andan infiltrados miembros de los colectivos, sobre todo, caraqueños.

Que fue precisamente el argumento que sacó Diosdado Cabello esta semana, a propósito de la noticia relativa a la visita, que le hizo la actriz de cine Angelina Joli a la migración venezolana; acantonada en la frontera de los países vecinos, en calidad de representante de la ONU; que esta señora estaba comprada por la CIA; siendo un problema que ha tenido una gran repercusión en la comunidad internacional, como se observa a partir de aquí; tomando en cuenta que estamos ante un gobierno de gente muy feroz e implacable, y al que lo persiguen casos tan graves, como el del extraño informe del suicidio del concejal Fernando Albán, y por el cual hasta la comunidad internacional solicita una investigación imparcial.

Por supuesto, la turba de hondureños no ha dejado de despertar sentimientos de solidaridad en la comunidad latinoamericana; que, con independencia del propósito propagandístico, que persigue, se ha sentido identificada con aquel grupo de personas, que marcha a pie por la geografía de la América Central, en busca de un mejor destino, y que constituye una provocación para Donald Trump, a quien colocan en el papel de tener que detener esa avalancha de gente; que, asimismo, va a tener que ser atendida; ansiosa de alimentos por el hambre, y agotada por el esfuerzo físico, una vez que lleguen a territorio estadounidense, si es que lo logran. Incluso, ya se habla de que muchos de estos migrantes han decidido devolverse para Honduras desde el territorio mexicano, y el cual han ganado en su éxodo. El hecho es que de allí no pasan, y si de verdad, Nicolás Maduro está detrás de la movida, va a salir nuevamente con las tablas en la cabeza, y lo que amotinará más a la comunidad en contra suya.

Obsérvese como es de obsoleta la estrategia del G-2 cubano, y a la que la rebasa, sobre todo, la tecnología de la comunicación, y donde todo se sabe; porque ya llegamos un momento en que reprodujimos el mundo de la aldea global de Marshall Mcluhan, y no había terminado de decir el vocero estadounidense, de que Maduro financiaba la caravana hondureña, cuando ya se hablaba de los colectivos metidos en ese desplazamiento.

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