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José Ángel Borrego: Teodoro

 

“Venezuela perdió la oportunidad detener en Teodoro un Gran Presidente”Manuel Millán Zabala

En días pasados alguien nos preguntó por qué Teodoro Petkoff no fue Presidente de este país. Diríamos que hay dos razones evidentes. La primera, vivió en un país que no estaba preparado para modernizar el ejercicio de una Función Pública Decente que a su vez morigerara a la privada. Y la segunda deriva casi de la anterior: Teodoro se adelantó a su tiempo tal como lo hizo en el PCV a partir de los sucesos de Checoslovaquia calificados por él como la mayor atrocidad de la extinta URSS que sirvieron para crear aquella obra suya “La Primavera de Praga”, génesis espiritual de su decisión de crear al MAS, su obra máxima, que luego fue destruida por ambiciones de surtida gama. O para ser cónsonos con su visión intelectual, Venezuela se ha atrasado en el tiempo político como mínimo 20 años. (No es casual la coincidencia de lapsos con el régimen actual)

Teodoro, pese a ser un político honesto absolutamente como hemos conocido a muy pocos (caben en un puño), por su exultante carisma generó celos entre la claque política criolla. Su presencia era admirada en cualquier escenario. Son infinitas las ocasiones en que sin quererlo, porque ante todo era un hombre sencillo, opacó a patiquines insulsos que se afanaban en robar cámara. Dos de estos momentos, que nutrieron nuestro idealismo hacia este brillante intelectual fueron el endoso del cheque del premio Rómulo Gallegos en presencia del Presidente Raúl Leoni, lo cual disgustó a la imbecilidad local. Y el otro fue la invitación de Chávez para conversar que puso a temblar al consistorio político capitalino lo que a su vez impidió el primer intento de diálogo boicoteado por la oposición.

Hoy (31-10-2018) Teodoro se despidió silente luego de un tedioso padecimiento. No pudo ser estentóreo en ese adiós que dentro de su alma abraza al país venezolano al que con tan singular elocuencia amó Teodoro Petkoff. Pero ese silencio de sus últimos tiempos resulta a la vez la voz indómita del guerrero que jamás cedió en su empeño para construir un mejor país. Se marchó sin lograr ese objetivo, y más grave, sin que lo que pudo ser la escuela que legaba al país (el MAS) sea hoy el mejor ejemplo de la modernidad política ni de la herramienta institucional para adecentar la estructura gubernamental del país.

Teodoro fue un gran amigo nuestro y nos llena de mucho orgullo y honra esta deferencia que él nos obsequió por varias décadas.

“Habrase ido su cuerpo” como diría El Quijote, pero en el caso de Teodoro, su pensamiento jamás podrá ser inhumado. Alguna vez seremos un país de pensamientos de avanzada.

 

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