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Lacava, el gobernador irreverente

 

Si bien no ha dado solución real a ninguno de los graves problemas que encontró en Carabobo, seguidores y detractores de Lacava reconocen que al menos ha hecho intentos. Convertido en todo un suceso en redes, no pocos lo ven como un posible presidenciable

Rafael Lacava siempre fue un irreverente y bravucón, el líder del grupo y el alma de la fiesta. Nunca se dejó ni se deja llevar por la corriente, más bien él es la corriente que arrastra a quienes están a su alrededor.

El hombre que ya cumplió un año como gobernador de Carabobo y que se ha ido perfilando como el brazo diplomático del gobierno para hurgar las espinosas relaciones con Washington, creció en Puerto Cabello, donde cosechó amistades para toda la vida.

En su portuaria ciudad natal era llamado Rafito (diminutivo de Rafael), apodo que los profesores del colegio La Salle, donde estudió, también usaban cariñosamente. Le apreciaban por defender su posición a toda costa y enfrentarse intelectualmente con ellos en plena clase.

Quienes lo conocieron en esa época lo recuerdan como un estudiante sobresaliente, excelente deportista, entrañable amigo. De adolescente, las reuniones con sus compañeros de clases se hacían en su casa, que tenía canchas deportivas y piscina. Los que no, le pedían colitas en su moto (el único en la época que la poseía).

Es por ello que nunca prestó mayor atención cuando el diario español El Mundo publicó un reportaje describiendo los lujos que de su familia en Barcelona, a donde esposa y los hijos del matrimonio se mudaron cuando Matías, el primogénito, fue fichado por el Barcelona FC para su cantera de nóveles talentos.

Según el diario español, la familia Lacava vive en uno de los barrios más acomodados de la capital catalana, y sus hijos asisten al prestigioso St. Peter’s School, una escuela de élite, uno de los colegios más caros del país. Aunque no faltó quien acusara al alcalde de desviar fondos del ayuntamiento para su peculio, zanjó el tema afirmando que el ser rico de cuna le permitía esos lujos.

Pero los lujos no son algo nuevo para el gobernador. Sus vacaciones escolares fuera del país generalmente estaban ligadas a su educación y formación. En campamentos veraniegos en Estados Unidos aprendió a hablar inglés fluido

A pesar de su actitud alegre y faramallera, algunos amigos lo recuerdan reflexivo. En una ocasión, antes de irse a Caracas a estudiar en la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), de donde egresó como economista, recriminó a su familia porque, al tener tanto dinero, no hacía más por ayudar a las personas en difícil situación económica.

Ese es el único episodio que recuerdan sus conocidos de la época que lo acerca al ideario político y social de Hugo Chávez, pero nadie sabe con exactitud cuál fue el punto de quiebre que lo llevó a tomar el camino del socialismo del siglo XXI.

Es amante del fútbol y hasta pensó en lanzarse a presidir la Federación Venezolana de Fútbol (FVF). Pero el tenis, que hoy sigue practicando, es el que le quita un poco de esa energía que aflora en declaraciones, ruedas de prensa, eventos y en las redes sociales, donde usa un lenguaje políticamente incorrecto.

Preparando el camino 

Se equivocan quienes creen que su elección como alcalde de Puerto Cabello en 2008 se debió a la suerte y a contar con el portaaviones Hugo Chávez o del apoyo de Francisco Ameliach. Años antes, Rafael Alejandro Lacava Evangelista había desarrollado un trabajo social en el municipio a través de una oficina parlamentaria que instaló en el centro histórico de la localidad, siendo el diputado suplente de Francisco Ameliach, en ese entonces presidente de la Asamblea Nacional y su entrañable amigo. Luego fue asambleísta principal.

Desde esa oficina, siendo Osmel Ramos (Psuv) el alcalde en funciones, Lacava atendió demandas de los ciudadanos, con la ayuda de un equipo multidisciplinario.

Hay quienes aún defienden su gestión en Puerto Cabello, pero otros aseguran que el gobierno municipal anterior había sido tan malo que él pudo destacar. Su gobierno resaltó más por organizar carnavales en el malecón porteño con cantantes de fama mundial en conciertos gratuitos al aire libre.

Lo cierto es que cuatro años después, Lacava consiguió la reelección, al no lograr la nominación de su partido para la Gobernación de Carabobo negada por el líder máximo.

En febrero de 2016, dejó su cargo para tratarse el cáncer que finalmente superó, tras perder un riñón y asumir una dieta sana y baja en grasas. Aunque, hace pocos días comentó en un video que subió a Twitter que se comería una pizza tras pasar todo el día peleando.

Ciao Ameliach

A finales de marzo de 2017, cuando anunció que había superado la enfermedad, también agregó: “Y prepárense porque vengo duro”.

No eran palabras vacías. El 15 de agosto celebró como ningún otro su postulación a la Gobernación de Carabobo, truncada cinco años atrás por Hugo Chávez quien, a pesar de la aclamación de los asistentes a un mitin en Valencia, se negó a nombrarlo y escogió a Francisco Ameliach.

Las fotografías de aquel evento de hace más de un año inundaron las redes sociales: Lacava se quitó la franela de la selección vinotinto, levantado en hombros por sus fanáticos, sudado… parecía que acaba de meter el gol de su vida.

Y en cierta forma era así. Retomaba la senda que el líder de la revolución le había negado, por lo que había trabajado desde su oficina parlamentaria en el centro de Puerto Cabello

En uno de sus programas “Hablando de poder”, el exgobernador Ameliach relató que él le había sugerido a Chávez postular a Lacava para la Gobernación, después de descartar a Nicolás Maduro.

“Lacava, Lacava, Lacava” vociferaba la multitud en un acto presidido por Chávez el 5 de julio de 2012 quien, para desilusión de los presentes, anunció que el candidato sería Amelich. “Y ganamos con el 56%”, recordó el exgobernador en la edición número 116 de su programa, de octubre de 2017.

En esa misma transmisión, Ameliach se abrogó la figuración de Lacava en el PSUV, al recomendarlo para diputado, luego para alcalde e incluso para embajador en Italia, en donde estuvo entre 2007 y 2008.

Días después de la elección de Lacava, el 2 de noviembre de 2017, quedó al descubierto la ruptura de la amistad de los compadres, luego que Lacava ordenara investigar la gestión alimenticia de Ameliach y allanar galpones de su propiedad. Aunque la averiguación no llegó a nada, las pugnas dentro del PSUV Carabobo se mantienen entre los llamados “leales” (afiliados a Lacava) y “los peluches” (un grupo supuestamente liderado por Ameliach).

Leales y peluches

Se ha dicho que Lacava es uno de los hombres fuertes del presidente Nicolás Maduro, pero está claro que nunca fue del agrado de Hugo Chávez. La negación de la candidatura a la gobernación carabobeña dejó evidencia de esa animadversión.

Recientemente se ha mencionado el nombre de Rafael Lacava para que asuma la Cancillería de Venezuela, una maniobra con la que Maduro buscaría un acercamiento con Estados Unidos. También se le menciona como la bisagra que mueve los hilos de una posible nueva negociación entre factores del gobierno y la oposición, siempre con la anuencia de Washington.

Hablar con fluidez el inglés y conocer de cerca la cultura norteamericana, son aspectos a a su favor.

Otro punto a su favor es haber servido de mediador principal en la liberación, en mayo de este año, del estadounidense Joshua Hotl, detenido en 2016 por supuesto porte ilícito de armamento de guerra, terrorismo y espionaje, cargos que también enfrentaba su esposa Tamara Belén Caleño, ecuatoriana con nacionalidad venezolana.

Hotl volvió a Estados Unidos, con un regalo especial que le hizo Lacava: una camisa de la Vinotinto.

Fue este caso el que hizo crecer como una bola de nieve su posible postulación como Canciller de Maduro, un excanciller con quien compartió trabajo cuando fue embajador en Italia.

No obstante, en Carabobo algunas fuentes cercanas dudan que Lacava deje el Capitolio de Valencia para mudarse a la Casa Amarilla de Caracas. Aseguran que su proyecto político y personal aún no perfila hacia allá; primero buscará tener una destacada gestión regional para luego buscar “algo más grande”.

Vampiro político

Desde que llegó a la Gobernación, Lacava ha creado polémica, más allá del ataque frontal a su predecesor Ameliach. El afán por nombrar sus programas sociales “Drácula” generan curiosidad y risas dentro y fuera de Carabobo.

Primero fue el carro de Drácula, para referirse a operativos policiales nocturnos de profilaxia; luego compró sin un proceso claro de licitaciones autobuses escolares en desuso en Estados Unidos para ponerlos en las rutas del transporte público como los TransDrácula; y lo último son los camiones cisterna, antiguos contenedores de combustible que sirven agua potable gratuita.

Esta estrategia y su lenguaje incendiario han hecho de la de Rafael Lacava una gestión escandalosa pero sin soluciones sostenibles ni profundas.

A pesar de su enfrentamiento con Hidrocentro para mitigar la escasez de agua, el nombramiento de uno de su equipo al frente del ente, y a las declaraciones de funcionarios en las que explican sus esfuerzos, todavía las zonas altas de Valencia no gozan del servicio, y dependen de los cisterna drácula o de pagar uno privado.

El transporte público tampoco mejoró con los cacareados TransDrácula, que se sumaron a una deficiente red de TransCarabobo y a la tradicional y privada, prácticamente desarticulada

Lejos de infundir temor con su actitud y forma de gobernar, Lacava es visto como un populista punitivo. “Está violando múltiples leyes cuando excede sus competencias: él no es juez ni fiscal ni policía, pero encarcela arbitrariamente a gente, los hacina en centros de detención donde ocurren horrores que a nadie le importan, muestra compras de patrullas, autobuses o camiones sin mostrar licitaciones, es una autoridad que no rinde cuentas, y sin embargo hay gente que cree que eso está bien por ‘al menos es hacer algo’”, dice uno de su excercanos.

Trasgresor en las redes

Así como ha despuntado como un hábil diplomático, dentro y fuera del chavismo hay quienes ven en Rafael Lacava un posible presidenciable.

Sea esta o no su meta, lo cierto es que el gobernador carabobeño se ha hecho notar y ha encontrado en las redes sociales el medio perfecto para estar en boca de detractores y seguidores por igual, y sin ocultar su identidad como sí lo hacía el oscuro superhéroe al que emula, utiliza indistintamente los canales digitales pasa responder quejas de sus gobernados o para dar picantes consejos sentimentales.

Al respecto, el comunicador experto en redes Luis Carlos Díaz, asegura que la estrategia de Lacava de hacer escándalo y generar prurito en la sociedad carabobeño le ha servido.

“Ha demostrado una y otra vez que la gente es fácil de manipular con disparadores muy sencillos como el horror, el rechazo y el ‘miren qué locura hizo ahora’. Eso no habla ni bien ni mal de Lacava, habla muy mal de la gente opositora que se ha encargado de viralizar sus publicaciones una y otra vez porque caen como moscas”, asegura Díaz, quien señala que no es cierto que Lacava use un personaje para las redes sociales.

De cualquier manera, el gobernador se ha convertido en todo un suceso mediático, y aunque algunos desaprueban su actuar en las redes, son más los seguidores (y no pocos detractores) que aplauden su picante verborrea. De hecho, es común que se vuelva tendencia en twitter, mientras que las extravagancias de sus publicaciones en Instagram nunca pasan desapercibidas.

El muchacho bravucón de La Salle de Puerto Cabello creció. Ahora es Gobernador. Su actitud y su forma de enfrentar los problemas no ha cambiado, más bien se ha endurecido, por factores que ni sus amigos cercanos pueden asegurar. Está allí insultando a los críticos en las redes sociales, enfrentando a rivales políticos en panaderías, riendo con sus seguidores, jugando tenis en las canchas de La Granja, en Naguanagua, o trotando un rato por uno de los barrios del sur de Valencia.

 

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