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Luis Fuenmayor Toro: De nuevo sobre las elecciones municipales

 

Sé perfectamente que no existe ambiente electoral en el país, como no existe en Venezuela ambiente para hacer nada. La desesperanza cunde, la tristeza nos arropa y la incertidumbre nos mata. De producir este estado de ánimo se ha ido encargando el gobierno chaveco paulatinamente desde hace 2 décadas. Es parte importante de la base en que se apoyan para tratar de perpetuarse. Sin embargo, es necesario sacar fuerzas de donde sea y sobre ponerse; rendirse es perder por lo menos 210 años de luchas y trabajo de nuestra nación, así como abandonar la posibilidad de dejarles un mejor y promisorio futuro a nuestros hijos y nietos. Hoy, la única oposición que está claramente en las calles es la de la gente luchando contra el deterioro de sus condiciones de vida y las arbitrariedades gubernamentales, pues si no lo hace la situación empeorará y la mafia delincuente que se ha apropiado del país terminará por entronizarse en el poder.

Transitamos lo que las sociedades humanas han transitado desde que existen. La lucha por la obtención permanente de mejores condiciones de vida ha sido su norte y en esa tarea ha obtenido importantes victorias, que se consolidan luego como derechos sociales, económicos, políticos y ciudadanos, a través de las leyes y de otros instrumentos normativos. Del mantenimiento de estos derechos depende que las sociedades sigan avanzando y no den marcha atrás. Y por ello su defensa no es sólo importante y necesaria sino vital para todo conglomerado humano. Y no existe mejor defensa de los derechos que el ejercicio intransigente de los mismos, cualesquiera que sean las condiciones existentes para su desempeño. Se manifiesta en las calles y se protesta a pesar de la represión ejercida por los cuerpos de seguridad del Estado. Se defiende a los presos políticos sin importar que los tribunales estén controlados por el régimen, ni que los jueces estén mediatizados y sean corruptos.

El ejercicio de un derecho nunca convalida a ningún gobierno, muy por el contrario, lo expone ante la opinión nacional e internacional y lo obliga a regresar a la aplicación de normas y leyes, que garanticen el disfrute del derecho afectado por su conducta equívoca. Si todos los derechos de la ciudadanía fueran cumplidos no habría necesidad de exigir su cumplimiento. Si tuviéramos sueldos y salarios dignos, adecuados a las tareas realizadas y a la formación de los trabajadores, con los cuales satisfacer plenamente todas las necesidades personales y de nuestras familias, no habría necesidad de manifestar permanentemente en las calles en reclamo del incremento de los mismos. En igual situación estaríamos en relación con la existencia de servicios públicos suficientes: agua potable, electricidad, comunicaciones, sanitario asistenciales y de prevención, educativos y de seguridad personal, para sólo mencionar algunos.

No exigiríamos condiciones electorales adecuadas y transparentes, que garantizaran la participación equitativa de todos los competidores, sin ventajismos gubernamentales de ningún tipo, si las mismas existieran. Exigirle a un gobierno, que se denuncia como una dictadura, que dé condiciones electorales justas, pues si no las da no se participa, parece un contrasentido de marca mayor. La conducta correcta sería la participación de todo el electorado en forma masiva contra el ventajismo, las ilegalidades y las trampas del Consejo Nacional Electoral. La defensa del voto no puede ser no votar, abstenerse, dejar hacer sin resistir y permitir de esa forma que el régimen se salga con la suya de la manera más fácil. Y hacerlo precisamente en el momento que el gobierno atraviesa las mayores dificultades de todo tipo, cuando es rechazado por una amplia mayoría de la gente y sus alianzas se han resquebrajado tanto que va dividido, es una solemne tontería por decir lo menos, aunque realmente significa prestarle la mayor colaboración que se le pueda dar en este momento.

El 9 de diciembre hay que propinarle al gobierno de Nicolás Maduro una contundente derrota, que servirá como referendo político que les demuestre sin lugar a dudas que carecen de apoyo. Derrota que lo debilitará más, tanto a lo interno de su partido y del gobierno como en la población en general e internacionalmente. Todos se darían cuenta entonces que sí es posible sacarlo electoralmente, que no son todopoderosos y que no requerimos que nadie venga a hacer el trabajo que sólo nosotros sabemos y debemos hacer. Pero esta posibilidad depende primero de que los venezolanos electores se den cuenta de ello, recapaciten y salgan a votar.

 

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