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Thays Peñalver: Escenarios 2019 (electoral)

 

Como este es mi penúltimo artículo -solo publicaré ocasionalmente- les adelanto los escenarios que usualmente presento en diciembre. El primero de esos escenarios es el electoral y ante todo explicaré mis opiniones sobre lo que está sucediendo en el seno de la oposición, para que se entienda mejor el escenario que está por presentarse.

La lección del affaire Zapatero, es que ha dejado de nuevo en evidencia la clara división opositora, pero además, una desagradable sensación de desorden y absoluta falta de entendimiento entre ellos para lograr un objetivo en común. Venezuela no los une, eso ya nos lo han dejado muy claro. A pesar de los múltiples zarpazos recibidos, nos siguen demostrando su falta de claridad con relación al enemigo al que se enfrentan y muy especialmente en lo que se refiere a no estar a la altura de los acontecimientos históricos, aunque luego traten de repararlo con otro acuerdo de la Asamblea Nacional.

Ante semejante hecho muchos nos preguntamos: ¿Cómo es posible que el liderazgo no se planteara nuevamente como quedarían de cara a sus electores y de cara a la comunidad internacional en esa votación?, ¿Cómo es posible que en ningún momento esa parte del liderazgo se planteara el impacto que tendría semejantes decisiones. Fueron, votaron, se presentaron una vez más divididos y luego para colmo se indignaron porque en las redes sociales los condenaron e insultaron. La chifladura es de tal magnitud, que a quienes acusan de dividir es a los que se indignaron con el espectáculo que dieron los que se tomaron la foto de la división.

No amigos, es cierto que en las redes existe un bando de polemistas (y odiadores de turno) que culpan al otro bando permanentemente, pero la realidad es que fue nuestro liderazgo el que ha sido víctima una y otra vez de una emboscada muy antigua: divide y vencerás. Por eso mientras los polemistas de bando y bando se culpan unos a otros de estar dividiendo a la oposición, el adversario sonríe y celebra sus logros, porque su objetivo estratégico no ha sido otro que sembrar la división en nuestro seno, una división entre “radicales” y “sensatos” impuesta por el aparato comunicacional del régimen y que ya en la practica, es una realidad confesada en votos que para más señas, significan 43 votos para los “sensatos”, 53 votos para los “radicales” y una abstención.  Pero no es culpa de las redes sociales, porque quienes votaron divididos fueron los líderes, nadie en las redes sociales los obligó a votar en pro o en contra de Zapatero.

Pero el problema es que en la división está precisamente nuestro destino. Lo que nos lleva al primer escenario posible de 2019, el dialogo y las negociaciones con fines electorales. Como lo he mencionado, este venidero año (a menos que ocurra un milagro) será el de la proclamación de Venezuela como “República Socialista” y la imposición de una nueva Constitución de corte comunista o hibrida (como lo que vivimos hoy). Lo que más suena en las camarillas políticas es que el sector de “sensatos” comenzará pronto a vender la teoría de que el gobierno “se quiere marchar a disfrutar sus realitos” y por eso van a dar las garantías para unas elecciones generales a finales del próximo año. Para ello van a ofrecer posiblemente desde excarcelaciones, hasta un nuevo CNE que pasará de controlado a “semi-controlado”, es decir dos miembros de nosotros, dos de ellos y uno “imparcial” del que buena parte de la oposición sospechará, muy probablemente porque militó en la causa socialista o simpatizó en su momento con el régimen.

La petición principal será como es lógico darle legitimidad al nuevo mandato presidencial, originado de una elección fraudulenta como la del 20 de mayo, porque esta es una de las condiciones vitales para que “se pueda alcanzar el socialismo por la vía democrática”  y así acudir a refrendar o negar la nueva Constitución socialista, en la que en sus disposiciones transitorias, estará naturalmente renovar los poderes públicos de acuerdo a la nueva estructura impuesta. Es decir, los ayudarán a prender el trapiche.

Esto será sin lugar a dudas muy tentador para muchos y sobre todo para el bando de los “sensatos”. Por lo tanto veremos nuevamente la división porque ese sector de la oposición creerá en esa posibilidad y la otra, es decir los “radicales” lógicamente sospecharán que no es cierto que se quieran (y mucho menos puedan) marchar del poder a disfrutar absolutamente nada y que no se trata de un asunto de composición o sumar a un miembro más en el CNE, sino de condiciones objetivas para esa primera votación, de la que de hecho dependerá la segunda.

Quiero decir con esto, que la segunda elección no es realmente una concesión del régimen en una eventual negociación, sino que en la nueva Constitución estarán las condiciones para la “renovación de poderes”, en la que probablemente nos encontremos con un sistema electoral igual al utilizado para convocar y elegir a la constituyente, donde la oposición nunca más tenga posibilidades de alcanzar electoralmente el poder, es decir una mixtura de lo ya existente. Una constituyente elegida por empleados públicos y comunas para la cámara baja con todo el poder, y una cámara alta sin poder real que garantice espacios decorativos a sectores de oposición “sensata”. Un modelo de poder regional determinado por las comunas y unos representantes regionales decorativos en los que tendrá cabida algún partido opositor.

Por lo tanto los “radicales” sostendrán que no hay tal cosa como que tendremos unas segundas elecciones, pues como siempre si la oposición pierde la primera, perderá automáticamente la segunda. Y lo que importa no es paradójicamente que den miles de garantías a esa hipotética elección de renovación de poderes en diciembre, sino que no existan las garantías reales en la primera y mas determinante de las elecciones de nuestra historia, en la que se juega el destino de toda una nación, donde el ganador no solo se llevará todo, sino que además habrá impuesto el socialismo por la vía del voto, convirtiéndose en la segunda Cuba de Latinoamérica.

Por eso, el  segundo punto de la división opositora se centrará en las sospechas de los “radicales” de que precisamente todo será de forma relámpago, como nos tienen acostumbrados. Una Constitución desconocida, presentada a ultima hora y que no se pueda debatir al amparo de un cierre total de los medios de comunicación y portales (probablemente se incluyan también a las redes sociales) con una abusiva campaña masiva por parte del régimen sobre miles de nuevos regalos establecidos constitucionalmente, un nuevo CNE semi-controlado pero sobre todo sin tiempo a desmantelar el oscuro y poco transparente sistema electoral, controlado por empresas propiedad del régimen y militantes profesionales en sus centros.

Posiblemente veamos a los “sensatos” esgrimir que vale la pena legitimar al régimen, aunque contraríen nada menos que el actual acuerdo parlamentario, explicando que el 85% de la nación va a votar en contra de la Constitución, como expondrán los influenciadores contratados con las mismas encuestas que también explicaban que barreríamos en las elecciones de gobernadores y que eso será el final de todo en el que se verán obligados a renovar los poderes, mientras los “radicales” sospecharan que en algo huele a podrido en esa Dinamarca de los “sensatos”.

Básicamente éstos últimos pensaran que bien vale la pena correr semejante riesgo, mientras los “radicales” volverán a protestaran al ver un sueldo mínimo nunca antes visto, previo a la elección constitucional y bonos increíbles de toda naturaleza, ordenados en millones de carnet de la patria antes y durante la votación, que aseguraron 6,2 millones de votos en las elecciones pasadas y que aseguraran unos 7-8 millones en las próximas.

Pero el problema que tenemos vuelve a ser el mismo, que ninguno entienda la foto de la real-política, pues no importa quien gane la discusión sobre legitimar o no, acudir o no a votar, sino de nuevo en que no entienden que el problema es la división. Los “sensatos” tienen un gravísimo escollo, que no es otro que superar en votos a esos 7 u 8 millones de votantes alineados y ordenados en su tarjeta socialista (donde ya el socialismo es un hecho practico), bombardeados de propaganda, dependientes de los subsidios directos para sobrevivir frente a una catástrofe económica sin precedentes, mientras que tiene que descontar al menos a tres millones de votos opositores duros que se marcharon y millones posiblemente están hoy haciendo sus maletas.  Pero su problema más grande es que tampoco cuentan con la otra mitad de los votantes “radicales”, a los que no tienen argumentos para convencer, para poder estructurar alguna estrategia ganadora.

En números objetivos si los “radicales” se abstienen, los “sensatos” contaran con apenas un par de millones de votos duros, aumentados con otros dos o tres millones si votan los representados por esos 43 diputados, que a su vez no están seguros ya que se encuentran divididos por la visión de sus votantes. “Venezuela no es Twitter” reclamaran algunos dirigentes que no se dan cuenta que sus votantes duros si están allí, no quieren entender que Venezuela tampoco es Petare, ni La Dolorita, ni Caucaguita donde no tienen ni la menor idea de quienes son los diputados opositores, ni estos tienen forma alguna de llegarles. Es cierto que Venezuela no es Twitter, pero las redes sociales son todo lo demás y especialmente es donde hacen vida los millones de opositores. Gracias en parte a las redes ganaron Obama o Bolsonaro, al parecer gracias a las redes llegó al poder Trump o se modificó la votación del Brexit.

Por eso incluso muchos desmeritaran el debate en las redes sociales e insultaran a quienes cohabitan allí, es la segunda visión más suicida que ha tenido la oposición en todos estos años.

En otras palabras los “sensatos” no tienen el número de votos ni forma de ganar alguna elección y por lo que luce, de acuerdo a la posición abierta de algunos cuadros políticos, para los “radicales” es preferible que impongan a la fuerza un socialismo ilegitimo, en el medio de una debacle económica, que correr el innecesario riesgo de darle legitimidad a una elección que podría hipotéticamente definir una República Socialista, por la vía del voto, en la que una vez votada todos tendríamos que acatar el nuevo contrato social.

En este caso “los radicales” son los que menos tienen que perder, pues en la práctica significaría seguir iguales, con una Asamblea legitima hasta el 2021 y otra elección no reconocida, por lo que los “radicales” estarían en poder de la Asamblea convertida en el único ente legítimo a nivel internacional y la única ficha de negociación posible, ante esto el régimen podría optar por patear la mesa ya a un nivel superior y peligrosísimo, porque lo haría en el medio de una crisis económica como nunca antes ha vivido nación alguna.

¿Veremos el debate?, ¿Quién sacará mejor ventaja del pulso entre sensatos y radicales? ¿Los sensatos tratarán de dar un golpe a los radicales y hacerse del control de la Asamblea?, ¿Será capaz la comunidad internacional de presionar a los grupos para no hacer el papelazo del siglo?. Este año que viene es sencillamente decisivo para todos, porque el que siga en pie al final del año, sencillamente habrá ganado.

¿Será nuestro liderazgo capaz de entender el momento histórico? ¿O una parte de la oposición quedará como los enterradores de la república? Todo indica que nos enfrentaremos económica y políticamente al año decisivo de nuestras vidas.  Un año en el que todo, absolutamente todo, puede pasar.

 

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