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Antonio Sánchez García: México y Brasil en el escenario internacional

 

El primero de diciembre México le entrega la presidencia a Andrés Manuel López Obrador, AMLO. Exactamente un mes después, el primero de enero de 2019, Brasil se la entrega a Jair Bolsonaro. Dos políticos con perfiles absoluta y diametralmente opuestos, ambos con un sólido respaldo electoral como para sentirse suficientemente apoyados en las políticas que decidan seguir. Uno, desde la izquierda. La más radical que se haya hecho con el poder en la historia mexicana. Otro, desde la derecha, la más radical de la democracia brasileña. Si se exceptúa la del gobierno militar que derrocara al presidente Joao Goulart en 1964 y ejerciera el poder hasta 1985. [1]

No sabemos ni tenemos plenas certezas del rumbo que ambas naciones asuman, de las relaciones que establezcan entre ellas y del papel que jueguen en el tablero regional. Si bien cabe distinguir, en lo que respecta a su política exterior, las dos referencias excluyentes de sus mandatos: Cuba y Estados Unidos. Se trata de referencias cruzadas: Bolsonaro ha expresado su plena y absoluta identidad con el gobierno de Donald Trump, un acercamiento visceral con los valores occidentales y un rechazo frontal al régimen cubano y a todo lo que él representa. AMLO, por su parte, mantiene distantes relaciones con el gobierno norteamericano y no puede negar sus simpatías por el régimen cubano. ¿Qué cabe esperar de este conflictivo entrecruzamiento transversal?

El nombramiento de Ernesto Araújo como canciller del futuro gobierno de Bolsonaro no puede ser más elocuente del cambio de 180 grados que se avizora en la política internacional del Brasil. Un cambio duro y sin ambages, como no suele ser habitual sobre las mullidas alfombras de los despachos diplomáticos. En 2017 publicó un ensayo de 36 páginas en el que adelanta una ardorosa defensa de la política internacional de Donald Trump, al que considera un cruzado y a quien se pliega, en defensa de Occidente: “Cuando el diplomático Ernesto Araújo fue anunciado por el presidente electo de Brasil Jair Bolsonaro como futuro canciller del país sudamericano, volvió a circular en las redes sociales el texto que le hizo conocido en el Ministerio de Relaciones Exteriores. El texto se llama Trump y el Occidente. En sus 36 páginas, Araújo, de 51 años, hace elogios al presidente de Estados Unidos, a quien ve como un caballero cruzado que pelea para rescatar la identidad del Occidente en el mundo moderno. Para el diplomático, Donald Trump no es el jefe de la principal potencia mundial que toma decisiones desacertadas, arbitrarias o caóticas. Todo lo contrario: Araújo lo ve como alguien que representa ‘la recuperación del pasado simbólico, de la historia y de la cultura de las naciones occidentales”. (El País, 15 de noviembre, 2018). Estamos ante un integrismo anticomunista latinoamericano de nuevo cuño y más propio de la Guerra Fría. Frente al cual Roberto Ampuero, el canciller de Sebastián Piñera, y los cancilleres de Argentina y Colombia tendrán que revisar sus frágiles y tímidas certidumbres. Luis Almagro, en cambio, ha de sentirse cómodo ante quienes osan expresarse en completa concordancia con sus orientaciones políticas.

En lo que a la dictadura venezolana respecta, dos políticas absolutamente contrapuestas: Bolsonaro no reconocerá al régimen de Nicolás Maduro y enfriará las relaciones con la dictadura tanto como le sea posible. Contribuyendo muy posiblemente a concertar una intervención humanitaria con el gobierno colombiano y el presidente Iván Duque. Posiblemente no invite ni a Díaz Canel ni a Nicolás Maduro a su transmisión de mando. Y puede que rompa relaciones con ambos países. AMLO, en cambio, continuará con su política de buena vecindad con Cuba y Venezuela. Enfriándose recíprocamente las relaciones internacionales entre México y Brasil.

Surge así, en la región, una polarización con Jair Bolsanaro y López Obrador como referencias antagónicas, cuyas consecuencias desconocemos. Y respecto de Estados Unidos, una franca identificación del gobierno brasileño con Donald Trump y una respetuosa, distante y diplomática relación de AMLO con el polémico presidente de Estados Unidos. El tratado comercial y la asociación con Canadá parecen asegurados. Ni la corriente migratoria ni la construcción del muro parecen atentar contra ese entendimiento crucial para todas las partes. Hasta ahora, se ha impuesto la racionalidad política.

Para la supervivencia de Cuba, en cambio, el retiro de sus 11.400 médicos de territorio brasileño supone una pérdida considerable de ingresos económicos, visto que cada uno de esos médicos le reporta directamente al Estado cubano 4.500 dólares mensuales. El trabajo de esa mano de obra esclava especializada constituye la fuente principal de obtención de divisas de la tiranía, dado que esa forma de esclavitud y trata de blancas de última generación la practica el régimen cubano en 67 países. Ninguno de los cuales seguirá el ejemplo de Brasil, dado el chantaje que “la civilización soviética” impone sobre ellos. Alimentar y mantener al gánster de la familia.

De la futura política exterior mexicana no cabe esperar más que difíciles relaciones con Estados Unidos y tolerancia, complacencia y respaldo hacia la tiranía cubana y los movimientos influidos por ella, como las FARC y el ELN. De la de Brasil, un compromiso inédito hacia el gobierno Trump, vista la identidad de propósitos no solo de Bolsonaro hacia Trump, sino del futuro canciller respecto del Departamento de Estado. Ernesto Araújo, el joven diplomático que asumirá la política exterior brasileña, es un acérrimo defensor de la tradición cultural liberal y democrática de Occidente, un auténtico cruzado. No cederá al chantaje liberal progresista y habrá que considerarlo un fiel aliado de Luis Almagro en su lucha por obtener la intervención humanitaria en Venezuela. Cuba, Nicaragua y la satrapía venezolana han encontrado la horma de sus zapatos. No la tendrán tan fácil como la han tenido con los gobiernos de centro-derecha que a la hora de la verdad han demostrado ser no más que agua de borrajas.

Brasil es la primera nación latinoamericana que ha decidido dar un paso al frente en la lucha contra el castrocomunismo, Cuba, el Foro de Sao Paulo y sus fuerzas aliadas. Es una buena noticia. La rosa de los vientos podría estar cambiando para bien de nuestra libertad, para bien de nuestras democracias.

@Sangarccs


[1] Se suele emplear los términos dictadura militar en BrasilQuinta República Brasileña o simplemente dictadura militar (en portuguésDitadura militar) para referirse al período histórico iniciado en Brasil con el golpe de estado del 31 de marzo de 1964 que derrocó al gobierno democrático del presidente João Goulart e instauró una dictadura militar encabezada por Humberto de Alencar Castelo Branco, y finalizado con la victoria electoral del Movimiento Democrático Brasileño, asumiendo José Sarney como primer presidente civil el 15 de marzo de 1985.

 

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