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Enrique Contreras Ramírez: La globalización y su pobreza inocultable

 

Nueve de cada diez viviendas de América Latina y El Caribe son de baja calidad.

Venezuela tiene la tasa de hambre más alta de América Latina.

La ONU ha determinado a la pobreza como “la condición caracterizada por una privación severa de necesidades humanas básicas, incluyendo alimentos, agua potable, instalaciones sanitarias, salud, vivienda, educación e información”.

En términos económicos la pobreza representa la falta de ingresos suficientes con respecto al umbral de entrada absoluto, o perfil de pobreza, “que corresponde al costo de una canasta de consumo básico”.

Según las últimas evaluaciones (Septiembre/2018) del Índice de Pobreza Multidimensional Global de (IPM) anunciado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa sobre Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford (OPHI, por sus siglas en inglés). La mitad de los seres humanos que viven en la pobreza son menores de 18 años.

Tal información señala también que “en 104 países, predominantemente de ingresos medios y bajos, 662 millones de niños y niñas son considerados multidimensionalmente pobres.  En 35 de estos países, la mitad de todos sus niños son pobres”.

El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) del 2018 va más allá de la entrada monetaria y donde se especifica  cómo la miseria es el modo de vida que confronta las insuficiencias múltiples y simultáneas y donde las condiciones materiales de existencia se agudizan producto de la injusticia social. El IPM examina e indica “cómo las personas están quedando rezagadas en el ámbito de la salud, la educación y el nivel de vida, con carencias tales como la falta de acceso al agua potable, a saneamiento, a una nutrición adecuada o a la educación primaria. Aquellos que se ven privados de al menos un tercio de los componentes del IPM se clasifican como multidimensionalmente pobres. Las cifras de 2018, que ahora están estrechamente alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cubren casi tres cuartas partes de la población mundial”.

El grupo de los ocho

En contra de la posición de la pobreza asentada solamente en los niveles de ingreso se presentaron los países más desarrollados en la cumbre de los ocho (G-8: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia), celebrada en Okinawa este año (2018). Allí se señaló que la pobreza “va más allá de la carencia de ingresos”, pues esta es de perfil multidimensional y tiene que ver con lo económico, lo social y lo gubernamental. “Económicamente los pobres están privados no solo de ingreso y recursos, sino también de oportunidades. Los mercados y los empleos a menudo son de difícil acceso debido a las bajas capacidades y a la exclusión social y geográfica. La poca educación afecta las posibilidades de conseguir empleo y de acceder a información que podría contribuir a mejorar la calidad de sus vidas. La asistencia sanitaria y los servicios de salud insuficientes, más la inadecuada nutrición, limitan las posibilidades de trabajar y realizar su potencial físico y mental”. Este escenario se enmaraña aún más “debido a la estructura de sociedades e instituciones que tienden a excluir a los pobres de su participación en la toma de decisiones sobre los direccionamientos del desarrollo económico y social”.

Lo que no señaló el G-8, es que ellos son los responsables de tanta miseria y explotación de los pueblos, cabe destacar que en ese mismo ambiente de aprovechamiento, sobre todo en materia extractivista hay que incorporar las grandes corporaciones chinas –entre otros-.

Toda esa hambre y toda esa miseria que padecen nuestros pueblos, es producto de ese nuevo paradigma llamado globalización, donde las grandes corporaciones de los países más desarrollados del planeta, se unen para conformar el llamado Estado Mundo y donde es el gran capital quien dictamina, orienta e impone las reglas del juego, tanto en los países capitalistas como en los llamados socialistas, bajo el silencio cómplice de gobiernos apátridas, condenando a sus pueblos a una dolorosa existencia, ejemplo de este escenario es Venezuela, donde fue entregado cerca del 12.5% del territorio nacional  a las grandes corporaciones de los distintos países que conforman el G-8 y donde hay que agregar a China que tiene una participación muy importante dentro del llamado Arco Minero.

Es de hacer notar, que la globalización, como nuevo paradigma de los grandes capitales rompe con la hegemonía individual, para asociarse y manifestarse como imperialismo del gran capital: “La asociación (…) de los países capitalistas desarrollados, implica reemplazar el liderazgo individual que ejercía Estados Unidos por un liderazgo compartido de los principales centros del mundo capitalista.” (RICO, Carlos y otros. “Interdependencia y Trilateralismo”. Revista CIDE: Cuadernos Semestrales, No. 2-3. México. 1978. PP. 57).

Casas de cartón

Ya la pobreza en el planeta tierra es inocultable a pesar de la existencia de países donde los gobiernos esconden sus indicadores de miseria, ya que la misma se refleja en los propios cerros de las grandes y pequeñas urbes y en nuestros campos, donde hace falta de todo, allí se sufre y se muere y los que quedan les toca sonreír  encima del dolor.  Hoy día a los propios organismos internacionales como el Banco Interamericano del Desarrollo (BID) nos indica que de cada diez viviendas en América Latina y el Caribe nueve son de baja calidad de acuerdo al estudio realizad y que fuera presentado en Washington durante el foro celebrado el pasado mes de octubre del 2018.

En el encuentro para valorar la falta de vivienda en la región y sus secuelas, Tatiana Gallego, jefa del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano del BID, expuso que hay un 6% de falta de vivienda en áreas urbanas en América Latina y el Caribe en discordancia con un 94% que no tiene una vivienda digna.

Una gran parte de los latinoamericanos y caribeños necesitan de servicios básicos de agua (9%), saneamiento, (15%), y electricidad (4%); viven hacinados (6%), sobre suelos de tierra (6%) o con paredes y techos pobres (5%).

En su informe Tatiana Gallego manifestó “que un factor determinante en la calidad de la vivienda está vinculado a la dificultad para acceder a fuentes de crédito. La mitad de la población en la región trabaja de manera informal y en muchos países los préstamos de vivienda son en dólares y no en la moneda nacional”.

Venezuela: Un caso injustificable

A veces uno piensa de como un país como Venezuela, sus habitantes caen en tanta pobreza como  la que estamos viviendo, con recursos naturales que nos ubica como uno de los países más ricos del planeta, donde el Arco Minero es una muestra de lo que realmente poseemos. Tenemos la mina de oro más grande que se pueda ubicar en la superficie de la tierra, igualmente pasa con el thorium, el coltan, el gas, el petróleo, el carbón, el diamante –entre otros- recursos naturales que es propiedad de todos los venezolanos y que en la actualidad explotan los grandes conglomerados que en términos concretos tomaron posesión del 12,5 % del territorio nacional y donde nuestros originarios son desplazados e incluso asesinados en sus propios territorios y para completar con daños ecológicos irreversibles que hieren nuestro espacio geográfico de manera mortal. Todo eso se está ejecutando en nombre de la democracia, del desarrollo y del propio capitalismo de estado, llamado por el gobierno como socialismo del siglo XXI.

Como justificar en Venezuela, con los recursos que poseemos que el 48% de nuestros hogares registren un nivel de pobreza elevado en el 2014 y para el año 2015 sube al 73%, según encuesta de ENCOVI, donde las universidades como la  UCV, UCAB y USB participaron.

La analogía entre miseria extrema y no extrema también intranquiliza. La primera suele ser mucho menor a la segunda por cuanto la carencia extrema indica una situación en la que amenaza la misma subsistencia, la dificultad de alimentarse con los ingresos que se perciben. Según los datos de ENCOVI “la medición de 2014 la pobreza extrema alcanza el 23,6% quedando la no extrema en 24,8% (casi iguales). Pero aún peor, para este 2015 la pobreza extrema se ubicó en 49,9% de los hogares y la no extrema en 21,1% (que suman el 73% antes comentado), es decir que, en términos de ingresos, casi 1 de cada 2 hogares venezolanos no puede dar por segura su alimentación y, lamentablemente, se afianza la condición de pobreza de los mismos”.

Pero la situación, no se quedó ahí. El 7 de noviembre del 2018, desde Santiago de Chile la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, ONUAA o más conocida como FAO (por sus siglas en inglés), afirma que Venezuela tiene la tasa de hambre más alta de Latinoamérica, al respecto señala: “El hambre en América Latina y el Caribe aumentó en 2017 por tercer año consecutivo y se convirtió en un problema que afecta a 39,3 millones de personas, el 6,1 % de la población de la región, advirtió  la FAO”.

El país en el que más aumentó el hambre es Venezuela –informó la FAO-  donde la cifra de personas desnutridas se disparó en 600.000 entre los años 2014 y 2017. Las cifras forman parte del informe “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2018”, elaborado junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Unicef y el Programa Mundial de Alimentos (WFP).

El escrito destaca también que la obesidad se ha convertido en la mayor amenaza nutricional de Latinoamérica, donde cada año hay 3,6 millones de obesos más y el sobrepeso afecta a 250 millones de personas, el 60 % de la población de la región.

El informe, difundido en la sede regional de la FAO, en Santiago, destaca que el hambre ha tenido una tendencia al alza en los últimos años, con un incremento de 200.000 personas desnutridas entre 2015 y 2016 y de 400.000 entre 2016 y 2017, cifras que muestran que “la velocidad del deterioro está aumentando”.

En Argentina, Bolivia y Venezuela, además, el número de personas desnutridas ha subido año a año desde 2014. La situación es especialmente preocupante en Venezuela, donde hay 3,7 millones de habitantes subalimentados, el 11,7 % del total.

La cifra de desnutridos en ese país ha pasado de 1,1 millones en el bienio 2010-2012 a 3,7 millones en 2015-2017, con lo que Venezuela se acerca a la realidad que había a comienzos de este siglo y pierde los avances logrados en la década anterior, señaló la FAO”.

La información salida de Santiago de Chile el 7 de noviembre indica “El hambre en América Latina y el Caribe aumentó en 2017 por tercer año consecutivo y se convirtió en un problema que afecta a 39,3 millones de personas, el 6,1 % de la población de la región, advirtió hoy la FAO”.

El país en el que más aumentó el hambre es Venezuela, donde la cifra de personas desnutridas se disparó en 600.000 entre los años 2014 y 2017, precisó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Las cifras forman parte del informe “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2018”, elaborado junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Unicef y el Programa Mundial de Alimentos (WFP).

El documento destaca también que la obesidad se ha convertido en la mayor amenaza nutricional de Latinoamérica, donde cada año hay 3,6 millones de obesos más y el sobrepeso afecta a 250 millones de personas, el 60 % de la población de la región.

El informe, difundido este miércoles en la sede regional de la FAO, en Santiago, destaca que el hambre ha tenido una tendencia al alza en los últimos años, con un incremento de 200.000

En Argentina, Bolivia y Venezuela, además, el número de personas desnutridas ha subido año a año desde 2014. La situación es especialmente preocupante en Venezuela, donde hay 3,7 millones de habitantes subalimentados, el 11,7 % del total.

La cifra de desnutridos en ese país ha pasado de 1,1 millones en el bienio 2010-2012 a 3,7 millones en 2015-2017, con lo que Venezuela se acerca a la realidad que había a comienzos de este siglo y pierde los avances logrados en la década anterior, señaló la FAO.

Haití sigue siendo el país de la región con una mayor incidencia del hambre con 5 millones de personas, el 45,7 % de su población, seguido de México con 4,8 millones, equivalente al 3,8 % de los habitantes.

Pese a esto, Haití y México, junto a Colombia y República Dominicana, son los únicos cuatro países latinoamericanos en los que la desnutrición ha disminuido desde 2014.

En otros once países la cantidad de personas subalimentadas se mantuvo sin cambios en 2017: Chile, Costa Rica, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Perú.

 

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