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Enrique Meléndez: José Vicente hoy

 

La verdad es a mi me ha parecido muy sospechoso el hecho de que José Vicente Rangel, el ministro de Propaganda del régimen, por excelencia, haya revelado el episodio de la interceptación de la caravana presidencial, y que no había sido hecho público, excepto por comentarios marginales en los medios de comunicación, sobre todo, en las redes sociales. He allí una prenda que este sujeto no soltaría; salvo cuando estaba del otro lado, es decir, cuando no era gobierno, y entonces se calificaba como el antipoder, a propósito de un programa candente, llamado a desenmascarar al más pintado, o este mismo programa televisivo dominical, que ahora tiene, con una audiencia masiva, al punto de que se formaban peñas de amigos para verlo (Chávez y “sus muchachos”), por el género de denuncia, que allí trataba, y cuyo impacto llegó hasta destronar a un presidente de la República, si partimos del hecho de que, con motivo de una denuncia suya sobre una malversación de fondos por parte de Carlos Andrés Pérez, cuyos detalles todo el mundo conoce, fue procesado este señor y destituido de la presidencia.

Era lo que se conoce como un denunciante de oficio, y como todo sujeto de esta calaña también arrastraba su rabo de paja; a partir del capítulo acerca de lo que se decía de su tendencia a utilizar el chantaje, la extorsión como forma de enriquecimiento, y de modo que por esta vía o silenciaba o la hacía pública la denuncia; que era lo que explicaba en aquel momento el hecho de que algunos se preguntaran que de dónde obtenía recursos, para pagar un carro BMW, que estaba estacionado en el garaje de su casa; una casa, por lo demás, situada en la Alta Florida; el barrio, por excelencia, de la burguesía emergente caraqueña; un hombre al que no se le conocían propiedades empresariales; sin ejercicio de profesión, salvo el de periodista y, más que todo, periodista de una columna de opinión; además de ese programa televisivo; el cual era esperado de domingo en domingo, así como en el siglo XVIII eran esperados los famosos folletones, que escribían los grandes escritores del momento, y cuyos relatos se iban haciendo por entregas.

He allí la moral en la que cayó el venezolano de clase media; seducido aún más por el espíritu pudibundo de un grupo de eminencias, entre ellos Arturo Uslar Pietri, Ernesto Mayz Vallenilla, J. R. Núñez Tenorio, agreguemos aquí a Marcel Granier y a su famosa telenovela “Por estas calles”, que partían del hecho de que había que salir en lo inmediato de esa clase política codiciosa e iletrada, que nos gobernaba, para ser sustituida por otra clase política; que bien la podía conformar aquel grupo de militares; que habían intentado dar un golpe de Estado el famoso 4 de febrero de 1992; cuyos principios éticos habían dado, para que alguien escribiera un libro con el título de “La Rebelión de los Angeles”, y que se había organizado para tomar el poder; tomando en cuenta que se trataba de un grupo de militares, que habían sacrificado sus carreras, en función del honor de la patria; cuando no, que estaban equivocados de carrera, y que más que militares eran políticos; como lo reconoció Rafael Caldera, cuando le dio el indulto a Chávez, sin esperar a que los tribunales judiciales le dictaran sentencia firme, como se lo merecía a partir de su felonía.

Fue lo que el venezolano de clase media no vio. ¿Qué se podía esperar de un hombre que viola el juramento militar? Ahora, que están saliendo a relucir los casos de corrupción, a propósito de lo que trasciende de las oficinas de las autoridades estadounidenses, sobre lo que está revelando el ex Tesorero Nacional, Alejandro Andrade, Raúl Gorrín; además de otros sujetos, que han venido cayendo en otros lugares del mundo, y soltando la lengua en estos días; el venezolano se ha venido a dar cuenta de que esa clase política codiciosa e iletrada de la República civil, era una simple ratera, frente a ésta que llegó con Chávez y “sus muchachos”, pues nos encontramos con el desfalco más grande, que se le ha hecho a una nación en la historia de la humanidad.

Lo que explica la circunstancia de que más de un venezolano diga ahora: éramos felices, y no lo sabíamos. Por supuesto, no hay peor ciego que el que no quiere ver: se trataba de un país que vivía en una locura; producto de una distorsión ética, que provenía de programas enajenantes como el de Jotave Rangel, y el resultado fue que esa clase media, luego de consignar su voto por Chávez, se percató que había actuado de una forma irracional, como me lo confesaron días después, de que este señor había quedado electo presidente, dos amigos míos, profesionales universitarios. He allí dos victorias, que se había anotado Rangel: la caída de Pérez y el triunfo electoral de Chávez, y que es lo que le va a dar la oportunidad de transformarse en el vocero por excelencia este régimen.

Porque hay que partir del hecho, de que a quien menos le interesaría que ese suceso de interceptación de la caravana presidencial, trascendiera sería a Nicolás Maduro; toda vez que aquí demuestra que hay una fisura demasiado grave en el régimen, y que, por lo demás, su seguridad es vulnerable; que, al parecer, fue lo que motivó que González López saliera de la dirección del Sebin, y desapareciera por unos días; mientras en los medios de comunicación se manejaba la tesis, de que a partir de aquí la inteligencia cubana se hacía cargo del famoso cuerpo policial, y al que hasta entonces pertenecía a Diosdado Cabello. ¿A qué intereses responde Jotavé en este pulso entre Cabello y Maduro, para saber quién es el que manda?

No se pase por alto que estamos ante un hombre que no da puntadas sin dedal, y sobre todo, tratándose de un tema, que estaría considerado como secreto de Estado.

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