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José Martínez Olmos: Medios de comunicación y calidad de la democracia

 

Aunque siempre es imprescindible una democracia fuerte y de calidad, creo que este momento de la historia hace más necesario que nunca una democracia así.

Los desafíos a los que nos enfrentamos como consecuencia de la evolución demográfica, los avances tecnológicos (que nos llevan a una nueva revolución que afectará al sistema productivo y a la organización de las empresas y de la sociedad), la irrupción de las redes sociales, la globalización de la economía y otros elementos, amenazan con afectar gravemente a la igualdad y abren un escenario de incertidumbre que requiere redefinir muchos aspectos de la vida pública.

En este contexto, la sociedad debe afrontar estos desafíos armando de contenidos intelectualmente sólidos todas las respuestas que sea necesario articular desde los poderes públicos y desde las organizaciones sociales.

Las ideologías deben redefinir sus análisis de situación y sus respuestas en un mundo nuevo en el que la economía estará condicionada por los nuevos avances científicos y tecnológicos. Avances que, en el campo de la salud van a ofrecer potenciales mejoras en la calidad de vida y en la esperanza de vida y, en el campo de las relaciones laborales, abrirán escenarios inéditos (o no tan inéditos), de sustitución de la mano de obra por máquinas.

Todo ello tendrá repercusiones en el diseño y sostenibilidad del Estado del Bienestar, en la manera de organizar las relaciones laborales o en la forma de hacer organizaciones y empresas más eficientes, productivas, competitivas y útiles para la sociedad.

De esta forma, los partidos, los sindicatos y otras organizaciones sociales con capacidad de influencia (sea desde las instituciones, sea con las instituciones o sea frente a las instituciones), podrán estar adecuadamente cualificados para ser útiles a la sociedad y a sus intereses generales.

Las consecuencias potenciales en los anhelos de más libertad, más igualdad o más seguridad para el conjunto de la sociedad son muy relevantes. Por eso, es imprescindible una sociedad empoderada, lo que implica una sociedad organizada y una sociedad formada e informada.

Dicho empoderamiento solo es viable desde la base de la formación y la información; por lo tanto, desde la base de hacer posible el acceso a la información y al conocimiento.

Lo que sucede es que, aunque vivimos en un mundo que puede acceder fácilmente a la información y al conocimiento a través de internet, (desde luego más en los países desarrollados), la complejidad de los fenómenos que nos afectan dificulta la comprensión de los mismos si no se hace una operación de análisis intelectual que traslade al conjunto de la sociedad las claves para hacer comprensibles dichos fenómenos.

Vivimos así la paradoja de estar en un contexto en el que es más fácil que nunca el acceso a la información y, sin embargo, para los desafíos reales de la sociedad actual, circula una llamativa situación de “analfabetismo” sobre esos asuntos.

Se echa en falta la solvencia de los debates y las informaciones en los medios de comunicación relativos a los asuntos de interés público en el ámbito de la política, ya que resulta llamativa la cantidad de propuestas, escándalos, críticas o prioridades que se forma artificial e interesada se promueven, se generan y se abordan desde la simplicidad y la manipulación, aun siendo asuntos irrelevantes.

Muchas de las ofertas informativas que influyen en la sociedad en nuestros días trabajan en muchas ocasiones sin ser capaces de denunciar y repudiar las falsas noticias o ponen a circular verdades a medias; ofrecen noticias y espacio de debate y tertulias donde prevalecen los análisis y discusiones sesgados por los intereses económicos, la manipulación, la ausencia generalizada de garantías de neutralidad y pluralidad o la usurpación de papeles por parte de algunos “periodistas estrella” e influyentes, que juegan en el mismo espacio a ser periodistas y a ser políticos.

En definitiva, abunda la ausencia de argumentos y de solvencia intelectual y ello hace un daño enorme a la calidad y la fortaleza de la democracia. Este déficit de calidad en uno de los poderes necesarios para la democracia debe ser corregido.

La calidad de la democracia depende en buena medida de la calidad de sus medios de comunicación. Los profesionales del periodismo y sus organizaciones profesionales deben tener todo nuestro apoyo para conseguir enderezar el rumbo perdido. Es una cuestión en la que nos jugamos mucho: nos jugamos la calidad y la fortaleza de nuestra democracia.

 

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