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Vladimir Villegas: La inquisición virtual

 

Los tribunales virtuales son un sub producto del surgimiento de las redes sociales. La repetición de datos, informaciones, rumores, chismes, medias verdades, verdades relativas, absolutas e incluso fabricadas está a la orden del día.

Las acusaciones, con o sin pruebas, salen de fuentes identificadas o no identificadas, tras las cuales puede haber una industria especializada en la destrucción de reputaciones con la idea de abrirle caminos a propuestas aliñadas con odio y supuesta supremacía moral.

Esa industria, además de poderosa, es oportunista. Calcula cada letra, cada frase, cada párrafo. Sabe captar incautos que repiten sus “sentencias” sin verificar nada. No le importa que en sus generalizaciones cause un irreparable daño a inocentes.

Para ese trabajo se valen de la multiplicación de cuentas en tuiter, Instagram u otras redes sociales, que cuando uno se detiene a revisarlas puede verle las patas a ese caballo. Esos robots, vaya locura, hacen las veces de tribunales de inquisición.

Y cientos o incluso miles de usuarios repiten tan mecánicamente como esos robots, lo que no les consta. Lo que no ha sido comprobado. Entonces, ante esa avalancha de “información”, donde se mezcla agua de manantial con agua de cloaca, las opciones son pocas y mucho el riesgo.

Pero son básicamente dos: callar y aceptar como bueno lo que digan con o sin pruebas, o atreverse a saltar a ese Guaire comunicacional para lavar una reputación destruida con o sin argumentos.

La otra es convertirse en lo mismo. En productores y diseminadores de excremento para engrosar el caldo en el cual quieren cocinar a todo aquel que no le rinda culto a la raza aria de estos tiempos.

No me someto ni me someteré a ese “tribunal” que sesiona en el albañal de la canallada, al final la verdad se defenderá sola. Sin tener necesidad de alimentarle el ego a las teclas pre pagadas que pretenden erigirse en certificadoras o descertificadoras de la honestidad.

 

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